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10 muestras de condescendencia que debes evitar

En tus interacciones diarias hay actitudes que la gente puede tomar como demostraciones de condescendencia y que debes evitar.

© depositphotos.com

En las interacciones sociales de la vida cotidiana, se pueden observar todo tipo de comportamientos. Desde aquellos que te pueden hacer sentir mal porque se percibe a las personas como agresivas o negativas en algún sentido, hasta aquellos que te hacen sentir cómodo porque las personas son amables, positivas. Pero dentro de los matices entre lo agresivo o lo amable, puede haber actitudes que si bien parecen positivas, pueden hacer sentir incomodidad.

Tal es el caso de la condescendencia, que la RAE define como la acción de acomodarse por bondad o conveniencia al gusto y voluntad de alguien. Y en el sentido más negativo, y al que hacemos referencia aquí, la RAE lo define como aceptar o tolerar algo o alguien con suficiencia y desdén.

Y es que pensemos en las interacciones con las personas de tu entorno: ¿no suena extraño o incómodo que alguien te diga que sí a todo o que aparente darte la razón en todo? Queda la sensación de que la persona no tiene criterio propio, de que algún interés doble tiene al decirte que sí a todo o que, como se dice popularmente en México, “te están dando el avión”, es decir, que te están ignorando.

Aunado a estas sensaciones negativas descritas, y atendiendo a la segunda definición de la RAE, la condescendencia puede mostrarse en actitudes que percibidas como soberbias, paternalistas, como si la persona condescendiente quisiera dar la impresión de ser superior a sus interlocutores. Y desde luego que esa sensación no hace sentir cómodo a nadie, a nadie nos gusta que nos hagan sentir como si no tuviéramos idea de las cosas o como si nuestra opinión o criterios no tuvieran validez. 

Incluso aunque el lenguaje verbal no demuestre condescendencia, el lenguaje no verbal o lenguaje corporal expresa más, y es en este donde se pueden detectar los indicios de condescendencia. 

Tanto en tus interacciones diarias y, más aún, en tus conversaciones orientadas a negocios, hay actitudes que la gente puede tomar como demostraciones de condescendencia y que debes evitar en aras de mantener una comunicación más cómoda para tu interlocutor y que además te permita llegar a los mejores acuerdos para ambas partes. 

1. Explicar cosas que tu interlocutor posiblemente ya sepa

Hay conceptos que son comunes a todos, se puede decir que hasta básicos. Pero en ocasiones, las personas condescendientes pueden tomar una conversación como un monólogo en el que se dan a la tarea de explicar a su interlocutor cosas que posiblemente sí conozcan. Es decir, dan por hecho que ellos saben más que su interlocutor, lo que no será cómodo para nadie. 

Este tipo de comportamientos llegan a ser más agresivos contra las mujeres, cuando se da el caso de que sus colegas hombres asumen que ellas desconocen del tema y, por lo tanto, “deben tomarse la molestia de explicar a sus compañeras cada concepto”. Se conoce como mansplaining

¿Cómo evitarlo? Así como tampoco es recomendable dar por hecho que tu interlocutor sabe todo, no caer en la condescendencia es un equilibrio entre esto y no asumir que la persona con que conversas es como un párvulo al que debes explicar detalladamente cada cosa que dices. 

En vez de estas asunciones, además de escuchar lo que tu interlocutor dice, lee su lenguaje corporal. Si notas algún gesto de extrañeza o ves que en algún punto se empieza a perder la atención, puedes preguntar cosas como: ¿hasta aquí tienes alguna duda?, ¿te suena conocido?, ¿has escuchado antes de esto? Así te aseguras que ambos están en el mismo canal y no das por hecho que la persona con quien hablas sabe todo sobre el tema o que no tiene idea de nada. 

2. Corregir en público la pronunciación de quien habla

Si de por sí no es cómodo para quien habla, ser interrumpido, menos lo será cuando se le interrumpe para corregirle frente a todos porque pronunció algo mal. Es una de las formas más crueles de hacer sentir inseguridad a alguien, de coartar su libre expresión. Además, quienes presencien este hecho te podrían percibir como un sabiondo al que no le importa exhibir a los demás. 

Cuando se trata de una conversación casual, es aún menos recomendable corregir a alguien. Piensa en esto: no es el fin del mundo.

¿Cómo evitarlo? Si se trata de un discurso corporativo o una junta de negocios o de trabajo y el error de pronunciación de alguna palabra fue muy evidente, espera a que termine no solo su participación, sino mejor el evento. 

En este caso aplica la máxima: felicita en público, corrige en privado. Ya que estén en un lugar más privado, haz la observación sobre su error. Si la persona tiene sentido de autocrítica, estará dispuesta a corregir su error y a buscar más información para prepararse mejor antes de hablar la próxima vez. Si te encuentras con alguien para quien es muy difícil aceptar sus errores y, por lo tanto, corregirlos, deja pasar la situación, no te empeñes en corregirle. 

3. Demostrar excesiva sorpresa ante el acierto de alguien

Mostrar auténtico gusto por el progreso de alguien dista mucho de la actitud de mostrar sorpresa exagerada ante los aciertos de otros, pues se puede interpretar como una baja expectativa sobre las habilidades de las otras personas. O bien, mencionar un acierto después de un listado de señalamientos de errores puede ser contraproducente, pues se puede interpretar como: “hasta que haces algo bien entre tantos errores”.

¿Cómo evitarlo? Solo menciona que los aciertos de alguien más te han gustado y ya. Reconoce los éxitos de otras personas en su justa medida, es decir, sin demeritar su esfuerzo pero tampoco mostrando tanta sorpresa, como si la persona no fuera capaz de realizar bien las cosas.

 4. Apodos 

Es natural que en los vínculos de amistad, de pareja o con la familia, haya tanta cercanía y confianza que se utilicen apodos para identificarse y llamarse de forma afectuosa. Pero esto no se percibe igual en los vínculos entre jefes y empleados, entre compañeros de trabajo o con personas de las que recibes algún servicio, por más confianza que pueda haber. 

El hecho de llamar jefe, corazón, primor o con algún otro apodo a tus subordinados o alguien que trabaja para ti puede percibirse como una muestra de condescendencia, de falsa sumisión, como algo forzado e incluso incómodo. En el caso de llamar así las mujeres puede incluso sonar como acoso o cosificación. 

¿Cómo evitarlo? Llama a tus empleados o a la gente que te brinda algún servicio por sus nombres. Aún cuando haya un sentido de confianza de ambas partes, es mejor no arriesgarte a sonar condescendiente o paternalista. 

5. Querer fingir que eres influyente

Si bien es cierto que los contactos que has construido pueden ser muy útiles para solicitar su ayuda o asesoría al resolver un problema, también es cierto que hacer alarde todo el tiempo y en todos lugares de que conoces a personas importantes o influyentes, puede hacer que quienes te escuchan te perciban como alguien que cree que la gente famosa o influyente es más importante que el resto.

Puedes dar la impresión de que te sientes más importante que los demás por tener contactos famosos o influyentes. Además de dejar la sensación de que solo te acercas a las personas en función del poder que crees que te pueden ofrecer o los favores que te pueden hacer. E incluso de alguien incapaz de resolver sus problemas por sí mismo. 

¿Cómo evitarlo? Aunque así tengas contactos muy influyentes o famosos, no hagas alarde de ellos. A nadie le importa con quién te codeas o qué podrían hacer por ti esas personas, pues el hecho de que sean tus contactos no garantiza que deban decirte que sí a cada petición de favores.

6. Generalizar

El comportamiento de las personas es cambiante, no siempre hacen algo o no es que nunca hagan ciertas cosas. Hacer señalamientos como “tu siempre entregas tarde las cosas” o “nunca me pones atención” puede hacer sentir juzgado a quien te escucha, lo que muy seguramente provocará que la otra persona se cierre a tu retroalimentación y no escuche lo que le quieras decir. 

¿Cómo evitarlo? Para una comunicación efectiva en la que tus observaciones sean escuchadas y la otra persona no se sienta agredida o juzgada y se ponga a la defensiva, evita las generalizaciones. En vez de usar los nunca o los siempre, puedes decir: “últimamente percibo que tardas en cumplir tus plazos de entrega” o “me parece que en ocasiones no me escuchas”. Igualmente puede haber comportamientos defensivos, pues no es grato que nos hagan ver nuestros errores, pero habrá más apertura y no se percibirá prejuicio en tus palabras. 

7. Pretender calmar a las personas

Aunque la intención pueda ser buena, el hecho de decir a alguien cálmate, tranquilo, tranquilízate o relájate en una situación tensa, produce exactamente el efecto contrario, e incluso puede tomarse como burla o reto. Esto se debe a que se está invalidando el sentimiento de la otra persona, se le hace sentir como si su molestia ante una situación estresante fuera excesiva, exagerada o fuera de lugar. 

Y desafortunadamente esto es más común hacia las mujeres, pues por los patrones de pensamiento permeados por el machismo, cuando las mujeres expresan una inconformidad, aunque no lo hagan gritando o de forma agresiva, se les percibe como dramáticas, exageradas o emocionales

¿Cómo evitarlo? Si bien no proponemos dar rienda suelta a la violencia en ninguna forma, tampoco se trata de reprimir a quien expresa su inconformidad ante una situación tensa o injusta en alguna forma. En lugar de eso es mejor permitirle que se exprese, escucharle y tratar de llegar a algún acuerdo. Eso sí, poniendo límites claros y asertivos si las cosas se salen de control y la expresión de inconformidad llega a algún tipo de violencia, cosa que es poco probable que ocurra si se escucha genuinamente a las personas. 

8. Dar palmadas en el hombro

El contacto físico en las interacciones con familiares y amigos suele ser bien percibido, es una muestra de cercanía y simpatía. Pero posiblemente no tenga el mismo efecto en la oficina o en una junta de negocios. 

Quizá pueda ser bien recibido como muestra de aprobación, al felicitar a alguien por un logro. Pero no así cuando alguien está pasando un mal momento o cometió un error, pues como otras muestras de condescendencia, puede interpretarse como un gesto de superioridad sobre la persona. 

¿Cómo evitarlo? Aunque por naturaleza somos seres sociales y que requieren del contacto físico en su comunicación no verbal, es de suma importancia saber cuándo usarlo y cuándo abstenerse. 

9. Regalar flores con macetazo

Esta frase hace alusión al hecho de que algunos jefes hacen un halago a sus empleados para luego descargar una serie de críticas o señalamientos de errores. Es una forma de condescendencia que puede interpretar como una forma para demeritar un logro o incluso como una burla, como un: “a veces haces bien las cosas pero casi siempre tienes muchos errores”. 

No estamos diciendo que no señales los desaciertos, pues es necesario decir a tus empleados en qué están fallando y ofrecerles opciones para que puedan mejorar.

¿Cómo evitarlo? Si vas a señalar un acierto, hazlo sin más, incluso puedes hacerlo en público. Si vas a señalar un área de oportunidad, hazlo en otro momento, si puedes en privado, pues se trata de brindar retroalimentación a tus empleados, no de corregirlos en público para exhibir sus errores, no es algo cómodo para quien recibe la crítica ni para quienes lo presencian.

10. Fingir sorpresa ante el desacuerdo

Esta es otra muestra de condescendencia que suele darse en debates, discusiones y además de hacer sentir inferiores a las personas, puede ser una forma de manipulación. 

Frases como: me sorprende que alguien con tu inteligencia piense así, o me sorprende esta opinión de alguien como tú, no solo invalida la opinión o el criterio de tu interlocutor al hacerlo sentir tonto, que no tiene razón o que su punto es infantil, sino que además puede percibirse como una forma de manipular al otro para pretender que piense como tú. 

¿Cómo evitarlo? Comprende que las personas somos diferentes, no todos debemos pensar igual. Si bien siempre hay diferencias y desacuerdos, eso no quiere decir que por pensar diferente a ti la gente sea inferior o que tú siempre tengas la razón. Todos los puntos son válidos y pueden aportar algo nuevo. 

TIP EXTRA

Aunque suene a cliché, piensa que a las personas les importa y recordarán más la forma en que las hiciste sentir. Si estás en conversaciones de negocios, de ventas o de trabajo, evitar la condescendencia es una forma de respetar a las personas con las que hablas, de fomentar vínculos más auténticos, más naturales en los que se da a cada quien la importancia y el reconocimiento que merecen, sin caer en falsedades o exageraciones que puedan causar incomodidad. 

La clave de todo es la transparencia, la honestidad, lo genuino, sin afán de demostrar nada ante nadie o de pretender ser alguien que no se es, pues la falta de autenticidad es percibida de inmediato y además de incomodidad, genera desconfianza. 

¿Qué piensas de estas muestras de condescendencia, cuáles has detectado en tus interacciones? Si quieres conocer más al respecto, te compartimos 10 pasos para mejorar tus habilidades de comunicación.

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autor Comunicóloga especializada en periodismo de ciencia y marketing digital. La curiosidad lleva a este ser con personalidad de gato a encontrar vínculos donde aparentemente no los hay. Siempre que puedo, me gusta aportar aunque sea un granito de lo que he aprendido. Fan del mundo del emprendimiento y de las MMA.