
Durante años, junio parecía pintar de arcoíris la comunicación de las marcas. Logos intervenidos, campañas con mensajes de orgullo, patrocinios, playeras, anuncios y publicaciones que convertían la diversidad en parte del calendario corporativo. Pero esa presencia empieza a volverse más silenciosa, más breve y más calculada. Un informe de LLYC llama a este fenómeno Rainbow Ghosting: la retirada gradual del apoyo público a la diversidad LGBTIQ+ por parte de marcas, medios, instituciones y plataformas.
De acuerdo con el documento, la conversación global en X sobre la comunidad LGBTIQ+ cayó a la mitad, la cobertura mediática descendió 10% trimestral en los últimos tres años y el discurso de odio digital aumentó 38%.
El reporte, titulado Orgullo en visto, fue presentado en el marco del 28 de junio y se basa, según LLYC, en el análisis de 15.1 millones de noticias, 202 millones de mensajes en X y 627 imágenes generadas por IA.
La paradoja es incómoda para las áreas de marketing, comunicación y recursos humanos: el Mes del Orgullo no necesariamente gana visibilidad real; más bien concentra una porción mayor de una conversación anual que se está haciendo más pequeña.
LLYC señala que la cobertura en prensa escrita y digital sobre diversidad cae 2.5% por trimestre desde 2021, con una contracción que se aceleró hasta rozar 10% trimestral durante los últimos tres años. Al mismo tiempo, el segundo trimestre pasó de reunir 28.5% de las publicaciones anuales en 2023 a superar 32% en los años posteriores.
Para las empresas, esto cambia el significado de participar en Pride. Ya no se trata solo de publicar una campaña en junio, sino de sostener políticas, beneficios, procesos de contratación, seguridad laboral y representación durante todo el año.
La conversación pública está más vigilada, más polarizada y también más expuesta a acusaciones de oportunismo.
La tendencia no ocurre aislada. En 2025, varias marcas redujeron o modificaron sus acciones públicas del Mes del Orgullo ante el avance del rechazo político y cultural contra iniciativas de diversidad, equidad e inclusión. Business Insider documentó casos de compañías que disminuyeron patrocinios, llevaron sus acciones a formatos internos o evitaron campañas visibles para reducir riesgos reputacionales.
El repliegue puede parecer una decisión prudente desde una sala de juntas: hablar menos para evitar polémicas. Pero el vacío también comunica.
El informe de LLYC advierte que las compañías Fortune 500 que mantienen políticas DEI activas y visibles representan hoy solo dos tercios de las registradas en 2023. En instituciones académicas analizadas, 85% de las modificaciones recientes en diversidad correspondieron a cierres, cancelaciones, debilitamientos o revisiones a la baja.
En redes sociales, la reducción del volumen no trajo calma. Según el estudio, la conversación global sobre el colectivo LGBTIQ+ en X pasó de 26.1 millones de mensajes en 2023 a 12.7 millones en el último periodo, mientras el discurso de odio aumentó en ocho de cada diez países analizados, con un crecimiento promedio de 38% frente a los cuatro años anteriores.
Esa lectura coincide con alertas de organizaciones especializadas. GLAAD reportó en su Social Media Safety Index 2025 que las principales plataformas evaluadas reprobaron en seguridad para usuarios LGBTQ, con X como la peor calificada y TikTok como la mejor evaluada, aunque también por debajo de niveles óptimos.
El hallazgo más relevante para empresas tecnológicas, equipos de innovación y áreas de comunicación no está solo en redes sociales. Está en la inteligencia artificial.
LLYC afirma que los sistemas generativos analizados asociaron la autonomía y el éxito profesional 140% más con perfiles cishetero que con perfiles LGBTIQ+. En contraste, los perfiles LGBTIQ+ recibieron más respuestas vinculadas con protección, miedo, respeto, dignidad, exclusión o rechazo.
El sesgo también apareció en imágenes: en 70% de las imágenes neutras generadas, los perfiles LGBTIQ+ fueron representados con símbolos explícitos de identidad, como banderas, mientras 97% de los perfiles solicitados sin contexto fueron representados por defecto como personas caucásicas.
Aquí el problema deja de ser únicamente reputacional. Si una empresa usa IA para reclutamiento, atención al cliente, campañas, diseño de productos, capacitación o análisis de audiencias, los sesgos pueden convertirse en decisiones automatizadas. GLAAD también advirtió este año que la IA puede profundizar sesgos y desinformación contra personas LGBTQ si las plataformas no corrigen datos, salidas discriminatorias, riesgos de privacidad y supresión de voces diversas desde el diseño.
Para el mercado mexicano, el tema toca una fibra empresarial concreta. Las compañías compiten por talento joven, reputación, confianza de consumidores y acceso a mercados globales donde las políticas de inclusión ya forman parte de evaluaciones laborales, ambientales, sociales y de gobernanza.
Además, no se trata de un grupo marginal. La Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género del INEGI identificó que más de 5 millones de personas adultas en México se reconocen como parte de la población LGBTI+, equivalente a 5.1% de la población de 15 años y más, de acuerdo con datos retomados por registros públicos sobre diversidad sexual en México.
Para una Pyme o una startup, la lectura es práctica: no hace falta tener una campaña gigante de Pride para construir inclusión. Pero sí hace falta coherencia. Políticas claras contra discriminación, procesos de contratación no excluyentes, capacitación, canales de denuncia, beneficios laborales incluyentes y revisión de herramientas tecnológicas pesan más que un logo arcoíris durante 30 días.
LLYC propone cinco dimensiones de compromiso permanente: continuidad, coherencia, complejidad, futuro y responsabilidad algorítmica. En particular, el documento pide auditar herramientas de IA usadas por las organizaciones para detectar y mitigar sesgos de representación.
La conversación sobre diversidad ya no se mide solo por quién se suma al Pride, sino por quién permanece cuando junio termina. Para las empresas, el riesgo no está únicamente en hablar o callar, sino en construir una cultura que no dependa del calendario. La IA, las redes y los consumidores ya están leyendo esas señales; la pregunta es si las marcas también lo están haciendo.

