
Hay una frase que Kirill Klinberg menciona durante la conversación que explica mejor que cualquier pitch de inversionistas por qué decidió fundar NewSchool.
“En la banca siempre sientes que eres parte de la historia de alguien más”.
Lo dice después de haber pasado 12 años en instituciones como J.P. Morgan y Bank of America, participando en inversiones, salidas a bolsa y operaciones que cualquier ejecutivo financiero consideraría exitosas. Pero también lo dice como alguien que, después de observar durante años cómo otras empresas crecían, decidió que era momento de construir la propia.
Esa decisión terminó llevándolo a México, un país donde más de 60 millones de personas permanecen subatendidas por el sistema financiero tradicional y donde la falta de acceso al crédito sigue siendo una barrera para adquirir desde un teléfono celular hasta herramientas de trabajo. Ahí nació NewSchool, una fintech que busca convertirse en la infraestructura invisible que conecta comercios físicos con instituciones financieras para ampliar el acceso al crédito.
Durante años, Klinberg trabajó en algunas de las instituciones financieras más importantes del mundo. Sin embargo, lo que más recuerda no son las cifras ni las operaciones multimillonarias.
“Estás ayudando a construir la historia de alguien más”, explica. “La parte emocionante nunca es realmente tuya”.
Esa inquietud terminó llevándolo al emprendimiento. Originario de Letonia, había observado cómo varios emprendedores fintech europeos construían compañías capaces de transformar mercados completos. También participó en ofertas públicas iniciales de empresas financieras en mercados emergentes y vio de cerca cómo la tecnología podía ampliar el acceso a servicios financieros.
La pregunta era dónde hacerlo.
La respuesta fue México.
“México es un mercado muy grande”, explica Klinberg. “Hay muchos productos de crédito, pero todavía no son tan avanzados como en otras partes del mundo”.
El diagnóstico coincide con diversas investigaciones sobre el ecosistema financiero nacional. México es hoy uno de los mercados fintech más importantes de América Latina, con cerca de 800 empresas activas y un ecosistema que ha entrado en una etapa de consolidación.
Sin embargo, el acceso al crédito continúa siendo uno de los grandes pendientes.
NewSchool estima que más de 60 millones de mexicanos tienen acceso limitado al crédito formal y que buena parte de ellos queda atrapada entre el rechazo bancario y opciones informales de financiamiento.
“Queremos que las personas tengan alguna solución de crédito”, afirma Klinberg. “No debería pasar que nueve de cada diez sean rechazadas”.
La propuesta de NewSchool es relativamente sencilla de explicar, aunque compleja de construir.
La empresa no presta dinero directamente. En cambio, conecta comercios físicos con una red de entidades financieras especializadas en atender a consumidores subbancarizados. Cuando una persona solicita financiamiento en una tienda, la plataforma dirige la solicitud a distintos prestamistas hasta encontrar la opción con mayores probabilidades de aprobación.
La compañía se define como “el Stripe del crédito”, una comparación que Klinberg utiliza para explicar que la infraestructura debe ser casi invisible para el comercio y para el cliente final.
Hoy la startup trabaja con cadenas como MacStore y Efectimundo, y busca expandirse a sectores como salud, mejoras del hogar y bienes duraderos.
Por qué importa: para millones de familias, el acceso a un teléfono, una motocicleta o herramientas de trabajo puede representar la diferencia entre generar ingresos o permanecer excluidos de oportunidades económicas.
Cuando le pregunto qué tendencia definirá la próxima década fintech, Klinberg no menciona inteligencia artificial, blockchain ni criptomonedas.
Habla de personas.
“Proporcionar soluciones bancarias y de crédito adecuadas a quienes hoy no las tienen”, responde.
La visión coincide con una tendencia cada vez más visible en el ecosistema financiero global. Mientras gran parte de la innovación inicial se enfocó en digitalizar servicios existentes, la nueva generación de fintechs busca ampliar el acceso a segmentos históricamente excluidos.
En México, donde millones de personas trabajan en la informalidad o tienen historiales financieros limitados, el desafío sigue siendo enorme.
Pero también representa una oportunidad gigantesca.
El mercado BNPL (Buy Now, Pay Later) podría alcanzar los 26,900 millones de dólares hacia 2030, impulsado por una tasa de crecimiento anual compuesta cercana al 35%.
Quizá la parte más interesante de la conversación llega cuando dejamos de hablar de fintech y comenzamos a hablar de liderazgo.
Le pregunto cuál ha sido su mayor aprendizaje como fundador.
Su respuesta no gira alrededor del financiamiento ni del crecimiento.
“El tiempo es el recurso más caro que tenemos”, dice.
Recuerda haber insistido demasiado tiempo en una idea que ya no estaba funcionando y haber tardado más de lo necesario en ajustar el product-market fit.
También habla de persistencia.
“No hay milagros en los negocios”, asegura. “Simplemente haces el trabajo todos los días”.
Su filosofía parece construida más sobre disciplina que sobre genialidad. Cinco correos hoy. Cinco mañana. Un pequeño avance diario que termina acumulándose con el tiempo.
Es la historia de un fundador que dejó una carrera exitosa en la banca global para resolver un problema que afecta a millones de personas fuera de los grandes centros financieros. Es también una muestra de cómo la próxima gran ola fintech podría no venir de usuarios sofisticados o inversionistas experimentados, sino de quienes siguen esperando su primera oportunidad de acceso al crédito.
Y quizá por eso la respuesta más poderosa de Kirill Klinberg llega al final de la entrevista. Cuando le pregunto cómo cambiaría la vida de millones de personas si NewSchool tiene éxito, no habla de valuaciones, rondas de inversión ni expansión internacional.
Habla de algo mucho más simple.
De entrar a una tienda en un pueblo pequeño y saber que, esta vez, sí podrán comprar lo que necesitan.

