
En un mundo donde el burnout laboral —el agotamiento extremo por estrés profesional— se ha convertido en una epidemia silenciosa entre ejecutivos y emprendedores, una mujer china ejecutiva decidió dar un paso radical que ha capturado la atención global: dejar un trabajo corporativo de alto nivel para vivir en una isla deshabitada y adoptar una vida completamente fuera de la red (off-grid). Su historia no solo ha generado debate sobre las prioridades personales y la salud mental contemporánea, sino que también ha despertado en muchos el deseo de repensar el sentido del trabajo y el bienestar.
Según recoge el diario local South China Morning Post, después de 20 años trabajando en Beijing en un puesto directivo, una mujer identificada como Yue Li decidió dar un giro radical a su vida profesional y personal. Renunció a un alto cargo en una empresa de la ciudad para mudarse a Dongzhai Island, una isla deshabitada en el mar de China Oriental, donde ahora trabaja como inspectora de calidad en una base de alimentación de peces.
Este cambio no solo implicó dejar atrás la jungla urbana, sino también aceptar una remuneración relativamente modesta —alrededor de 3,000 yuanes (aproximadamente US$430) al mes— por una vida marcada por la soledad y la autosuficiencia.
La historia de Yue resuena especialmente en un momento en que el agotamiento profesional o burnout ha sido catalogado por la Organización Mundial de la Salud como un problema ocupacional que afecta la salud física y mental de millones.
Tras décadas de presión constante, exigencias prolongadas y un ritmo de vida estresante en la capital china, ella eligió un camino opuesto: un entorno remoto, sin tráfico, sin jerarquías corporativas y con un ritmo de vida dictado por la naturaleza. Su experiencia refleja una creciente tendencia — aunque extrema — de profesionales que buscan alternativas para recuperar el equilibrio emocional lejos de la cultura del éxito tradicional.
Aunque la vida en Dongzhai Island ofrece tranquilidad y conexión con la naturaleza, también implica desafíos considerables. El aislamiento es intenso: la isla carece de residentes permanentes, y la más cercana, Daishan Island, se encuentra a unos 40 kilómetros de distancia.
Li ha documentado parte de su experiencia en redes sociales, mostrando tanto los momentos de contemplación del mar y la fauna como las exigencias de su trabajo, que incluye asegurar la alimentación y bienestar de peces criados en la base. Para algunos, esta rutina combina satisfacción personal con un propósito claro; para otros, subraya el costo emocional de dejar atrás la vida comunitaria urbana.
La decisión de Yue se volvió viral en plataformas sociales, donde ha generado una mezcla de admiración, envidia e interrogantes. Algunas personas han expresado que desearían una vida similar, lejos del ruido y la presión de sus empleos tradicionales, mientras que otras han cuestionado si la isla realmente ofrece una solución sostenible al estrés y la ansiedad cotidiana.
La conversación también ha puesto el foco en cómo la sociedad moderna valora el rendimiento profesional por encima del bienestar integral, y en qué momento una decisión tan radical deja de ser un acto de valentía para convertirse en una señal de alarma sobre las consecuencias del agotamiento prolongado.

