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03-02-2022, 1:35:29 PM

La importancia de equivocarse (y cambiar de opinión)

¿Te equivocaste? Tranquilo. Piénsalo dos veces, revisa tu rumbo y eleva tu juego. Deja atrás el peso de ser el héroe constante.

¿Es tan malo equivocarse?
¿Es tan malo equivocarse? © Depositphotos.com

En el mundo en que vivimos, la inteligencia se mide a través de exámenes estandarizados en un sistema de educación que favorece la memoria sobre los procesos de pensamiento. Celebramos y premiamos a los estudiantes que sacan mejores notas y esto significa, en la mayoría de las veces, aquél que tiene más respuestas correctas en un examen.

Los profesores nos premian por dar la respuesta “correcta”: la única respuesta posible. Incluso si llegamos a la respuesta por otros métodos, como intuición o exploración, exigirán que también el proceso sea correcto, tal como lo hemos aprendido. En la educación, existen solo dos respuestas posibles: la CORRECTA y todas las demás.

Esto, a la larga, causa estragos en nuestro sistema de pensamiento, de diálogo social, de debate y de aprendizaje porque, precisamente, en nuestro afán de no equivocarnos dejamos de aprender, explorar, preguntar o corregir. Solo nos interesa estar bien: tener la razón.

Los alumnos que dan la respuesta sacan mejores calificaciones. Pero estudio tras estudio confirma que los alumnos “de 10” no son los que obtienen mayor éxito ni mayor felicidad más tarde en la vida real. ¿Qué estamos haciendo mal?

El peso de tener siempre la razón

En el mundo de las empresas, la mentalidad de “una respuesta correcta” elimina los incentivos para la investigación, la exploración y la creatividad. Igual que el maestro en el salón de clases, el jefe cree tener la respuesta correcta a todas las preguntas del universo, y espera que los empleados se alineen con esa visión. Los empleados, por tanto, dejan de buscar respuestas o soluciones, y se empeñan en decir lo que el jefe quiere escuchar.

En su brillante libro Think Again, el autor Adam Grant desarrolla este tema explorando los mecanismos que nos evitan pensar: los bloqueos que ponemos a nuestra propia mente. Y de entre estos mecanismos, éste parece ser el más prevalente: la falta de humildad intelectual, o la capacidad de admitir que, algunas veces, podemos equivocarnos.

En este problema juegan en nuestra contra distintos sesgos cognitivos, tales como el efecto Dunning-Kruger (en que creemos saber sobre temas que no sabemos), el sesgo de confirmación (en que buscamos solo aquello que confirma lo que ya sabemos), o la falacia de costo perdido (en la que nos mantenemos en un curso incorrecto por una percepción en el costo de la corrección).  Conocer los sesgos cognitivos y cómo operan en nosotros nos obliga a reconocer que sí, que muchas veces podemos estar equivocados, y seguramente lo estamos.

Y acaso ¿es tan malo estar equivocado? La cultura dice: sí. La ciencia dice: no.

El mito del héroe constante

Se dice que Thomas Alva Edison –nacido, por cierto, en Zacatecas– inventó el bombillo eléctrico después de fallar más de cinco mil veces. “Solo he descubierto cuatro mil novecientas noventa y nueve formas que no funcionan”, contestó cuando le preguntaron cómo lo había logrado.

En la historia de los negocios no faltan historias de constancia y paciencia, muchas de las cuales son muy inspiradoras. En nuestra mente vive el mito del héroe constante, aquél que sigue adelante a pesar de todo, aun cuando nadie cree en él y en contra de la opinión de sus amigos y familiares.

Las historias que no escuchamos son las de los otros millones de personas que, por no saber escuchar consejos o ver la realidad, se dieron de rostro en la pared de enfrente o, sencillamente, caminaron seguros hacia su propio abismo.

La realidad, como siempre, es más compleja. Es verdad que hay veces en que tenemos que seguir adelante a pesar de las adversidades. Personas como Ray Kroc (de McDonalds), Reed Hastings (de Netflix), Elon Musk y Jeff Bezos (ya sabes quiénes son) lograron el éxito tras perseverar después de que muchos les dijeron que sus negocios, sencillamente, eran imposibles o inviables.

Pero igual que en el caso de Edison, estamos leyendo la historia al revés; estamos aprendiendo la moraleja equivocada.

El error como escalón

La verdad es que el bombillo de Edison sí era inviable. Por lo menos al principio. Y se lo dijeron. Y escuchó. El genio de Edison no consiste solo en perseverar intentando lo mismo una y otra vez, sino en la capacidad de generar ciclos de pensamiento creativo que le ayudaron a cambiar su diseño hasta encontrar uno mejor. Edison era perseverante en la evolución; no en la parálisis.

El negocio de McDonald’s no tenía proyección de crecimiento cuando Ray Croc lo tomó. Tuvo que pensar y repensar muchas veces, y cambiar su opinión en puntos clave, y cambiar muchas veces su sistema hasta que logró diseñar el sistema de distribución que lo convirtió en magnate.

El negocio de Netflix se volvió obsoleto al mismo tiempo que el de Blockbuster. Netflix, en sus inicios, también rentaba discos físicos. Fue solamente tras repensar, cambiar de opinión y de rumbo, que Netflix pudo renacer. Si hubieran solo “perseverado”, estarían hoy en el cementerio de las empresas muertas.

Amazon, Space X, Apple y muchas muchas empresas más están en donde están no solamente por una idea desazonada de “perseverancia” (que es más bien terquedad y ceguera), sino sobre todo, por su capacidad de reconocer y aprender de sus propios errores, generando iteraciones de pensamiento que les permiten reinventarse constantemente.

Muchas veces también nos aferramos a nuestros sueños o nuestras decisiones, simplemente porque son nuestras, sin escuchar consejos ni ver la realidad. Si vas rumbo a un callejón cerrado, cuanto antes cambies de opinión y de derrotero, tendrás mayor oportunidad de rediseñar tu éxito.

El placer de estar equivocado

A todos nos gusta pensar que somos personas de “principios”, de mente clara, con mucho sentido común; y a nadie agrada pensar que puede, sencillamente estar equivocado.

Repensar las cosas no siempre significa cambiarlas; sino dar tiempo a la mente para admitir nuevas evidencias, intuiciones y opiniones dentro de la matriz decisoria. Muchas veces son necesarios cambios grandes (por ejemplo: un cambio de carrera, o de giro del negocio; un cambio de ciudad, de socios; un cambio de proyecto de vida) que sencillamente nos negamos a ver porque estamos demasiado concentrados en el camino que ya elegimos.

Una revisión periódica de nuestro proyecto es sana y necesaria. Es válido preguntarse “¿Es momento de cambiar de opinión?” ante las cosas pequeñas y, con mayor razón, ante las grandes.

Que puedes equivocarte no es una posibilidad, sino una certeza. Puedes cerrar las puertas al crecimiento o, en cambio, puedes descubrir el placer de estar equivocado, que llega con la realización de que saberte en el error es el primer paso de un nuevo aprendizaje.

¿Quieres triunfar? Aprende a cuestionarte a ti mismo, buscar buenas fuentes, generar ciclos de pensamiento y escuchar con atención otras opiniones. Estarás parado en hombros de gigantes.

Actitud Fracaso Inspiración
autor Dircom en Universidad Panamericana Aguascalientes. Oratoria, comunicación estratégica, storytelling. Creador de @Dibujomentarios. Socio en DiezLetras Comunicación. Autor de la saga de El Delegado Francés y algunos otros títulos, como Todos Hablan, Pocos Conectan y Como Pez en el Agua. Abogado y Doctorando en Comunicación. Sigue su podcast "Todos Hablan, Pocos Conectan" en Spotify y consigue sus libros en Amazon.