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26-06-2026, 4:18:54 PM

La historia de Iser Rabinovitz demuestra que los negocios también pueden construirse desde los fracasos

Después de emprender más de 18 negocios y fracasar en la mayoría de ellos, Iser Rabinovitz encontró en el real estate una industria donde la disciplina pesa más que la velocidad.

Iser Rabinovitz ha participado en la creación de más de 18 empresas antes de consolidar su apuesta por el sector inmobiliario.
Iser Rabinovitz ha participado en la creación de más de 18 empresas antes de consolidar su apuesta por el sector inmobiliario. © Cortesía

Después de emprender más de 18 negocios entre México y Estados Unidos, Iser Rabinovitz no presume los que funcionaron primero. Habla de los que fracasaron.

Cinco prosperaron. El resto se quedó en el camino. Lejos de verlo como una estadística desalentadora, el fundador y presidente de Grupo Sheva lo considera la mejor escuela que pudo haber tenido para construir empresas con visión de largo plazo.

Esa perspectiva explica por qué hoy, mientras buena parte del mercado sigue debatiendo si el futuro pertenece a la inteligencia artificial, los activos digitales o las nuevas tecnologías financieras, él continúa apostando por una industria mucho más tradicional: el mercado inmobiliario.

“No importa cuánto evolucione la tecnología. Siempre necesitaremos lugares para vivir, producir, almacenar mercancías o trabajar”, explica durante la entrevista con Emprendedor.com.

No es una afirmación improvisada. Grupo Sheva opera hoy distintos negocios especializados en bienes raíces a ambos lados de la frontera, desde desarrollos industriales en México hasta inversiones multifamily y edificios de oficinas en Estados Unidos.

La apuesta tampoco ocurre en un vacío. Aunque el mercado inmobiliario mundial ha atravesado años de ajustes provocados por las altas tasas de interés y los cambios en la forma de trabajar después de la pandemia, segmentos como el industrial y la vivienda en renta siguen mostrando fundamentos sólidos, impulsados por fenómenos como el nearshoring, la movilidad laboral y la creciente demanda logística.

Cuando emprender deja de ser perseguir ideas y se convierte en construir procesos

Muchas historias de emprendimiento suelen centrarse en la inspiración. Rabinovitz habla mucho más de disciplina.

Para él, la diferencia entre una empresa pequeña y otra capaz de administrar activos por cientos o miles de millones de dólares no está en el talento individual, sino en la capacidad de repetir correctamente un mismo proceso una y otra vez.

“Si el proceso es correcto, el resultado termina llegando. No importa si tienes una empresa con una persona o con mil empleados”, afirma.

Ese principio se convirtió en la base de Gallium Capital, firma enfocada en adquirir activos inmobiliarios ya existentes en Estados Unidos. En lugar de buscar operaciones espectaculares o rendimientos extraordinarios, el equipo analiza más de mil oportunidades de inversión al año y únicamente concreta unas cuantas adquisiciones.

La lógica parece sencilla, pero exige paciencia.

Mientras algunos inversionistas buscan multiplicar rápidamente su capital, Gallium prioriza preservar el patrimonio antes de pensar en la rentabilidad.

“El inversionista que busca un home run probablemente no somos nosotros”, reconoce Rabinovitz. “Primero queremos proteger el capital; después buscamos generar rendimientos atractivos para el nivel de riesgo que asumimos”.

Emprender también significa aprender a decir “no”

Uno de los aprendizajes más interesantes de la conversación aparece cuando explica cómo evalúa una inversión.

Para muchos compradores, un inmueble atractivo puede resumirse en una buena ubicación o en una renta elevada.

Para un inversionista profesional, dice, esos datos son apenas el comienzo.

El precio por metro cuadrado, el valor de mercado, las rentas comparables, la duración de los contratos, la ocupación y el potencial de apreciación forman parte de una ecuación mucho más compleja.

Un activo que hoy parece altamente rentable puede convertirse en un problema si las rentas están artificialmente infladas o si el contrato del principal inquilino está por vencer. Ese enfoque explica por qué la empresa compra tan pocos activos pese a revisar cientos de oportunidades.

En un mercado donde la velocidad suele confundirse con éxito, Rabinovitz sostiene que muchas veces crecer consiste justamente en rechazar buenos negocios para esperar los realmente correctos.

El valor de fracasar antes de encontrar el negocio correcto

Aunque hoy dirige empresas en México y Estados Unidos, Rabinovitz recuerda que su historia comenzó muy lejos de los grandes fondos inmobiliarios.

A los 25 años estaba prácticamente quebrado. Junto con su esposa abrió un negocio de préstamos vía nómina para empleados del gobierno. En apenas seis años pasó de levantar una empresa desde cero a realizar una oferta pública inicial (IPO), una experiencia que transformó por completo su manera de entender el emprendimiento.

Pero si hay una idea que repite varias veces durante la conversación es que el éxito rara vez enseña tanto como el fracaso.

“He aprendido mucho más de los negocios que no funcionaron que de los que sí fueron exitosos”, asegura.

Uno de esos tropiezos fue una empresa dedicada a ofrecer reparación de computadoras a domicilio. La propuesta parecía lógica para su época, pero nació con un problema de origen: nunca definieron con precisión quién era el cliente.

“Queríamos venderle a todo el mundo y terminamos no resolviendo realmente el problema de nadie”, recuerda.

La lección sigue siendo vigente para cualquier emprendedor.

Diversos estudios sobre creación de empresas coinciden en que una de las principales causas de fracaso no es la falta de tecnología o de financiamiento, sino construir productos sin un mercado claramente definido. Validar el problema antes que la solución continúa siendo una de las recomendaciones más repetidas por inversionistas y aceleradoras alrededor del mundo.

Para el fundador de Grupo Sheva, construir empresas también implica crear entornos donde las personas quieran trabajar y crecer | Imagen: Cortesía
Para el fundador de Grupo Sheva, construir empresas también implica crear entornos donde las personas quieran trabajar y crecer | Imagen: Cortesía

El nearshoring sigue siendo una oportunidad, pese a la incertidumbre

Durante los últimos dos años, el mercado inmobiliario mexicano ha vivido una montaña rusa.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la renegociación de cadenas de suministro y la incertidumbre alrededor de la política comercial han provocado periodos de cautela entre inversionistas. Sin embargo, Rabinovitz considera que esas olas no cambian la tendencia de fondo.

“La integración económica entre México y Estados Unidos es estructural. Puede haber momentos de incertidumbre, pero la relación entre ambos países no va a desaparecer”, afirma.

Desde su perspectiva, esa integración explica por qué Grupo Sheva mantiene una fuerte apuesta por el desarrollo industrial en México.

Lejos de interpretar el contexto como un freno definitivo, sostiene que la demanda por infraestructura logística continuará creciendo conforme más empresas busquen producir cerca del mercado estadounidense.

“Hay oleaje, hay incertidumbre, pero si uno observa la marea de fondo, el crecimiento sigue ahí”, resume.

La misma lógica aplica para Estados Unidos, aunque con un matiz distinto.

Mientras muchos inversionistas continúan evitando los edificios de oficinas tras la pandemia, Rabinovitz ve una ventana poco común para adquirir activos con descuentos importantes y reposicionarlos conforme se recuperan determinados mercados urbanos. Al mismo tiempo, mantiene su confianza en el segmento multifamily, impulsado por un cambio generacional: cada vez más personas prefieren rentar antes que comprar una vivienda, privilegiando la flexibilidad laboral y geográfica.

Más que seguir modas, su estrategia consiste en identificar sectores donde el mercado todavía no refleja completamente el valor de largo plazo de los activos.

El equilibrio también puede ser una estrategia de negocios

En un entorno donde suele glorificarse trabajar jornadas interminables, Rabinovitz sostiene una idea distinta: el rendimiento de una empresa también depende del bienestar de quienes la construyen.

Para él, la vida profesional y la personal no compiten entre sí; forman parte del mismo sistema.

“En mi lista de pendientes aparecen igual una reunión del consejo que dedicar tiempo de calidad a mis hijos o salir con mi esposa. Si no lo agendas, simplemente no sucede”, explica.

La filosofía también se refleja en la cultura organizacional de sus empresas.

En lugar de medir únicamente indicadores financieros, procura construir espacios donde las personas quieran permanecer. Habla con orgullo de los reconocimientos obtenidos como lugar para trabajar, pero sobre todo de pequeños momentos cotidianos, como permitir que los colaboradores lleven a sus hijos a la oficina cuando es necesario.

“Cuando la gente está feliz, trabaja mejor. Si uno solo persigue el éxito económico, termina siendo un fracasado en la vida. El verdadero éxito incluye la familia, el trabajo, la parte personal y la espiritual”.

Cada vez más investigaciones respaldan esa visión. Organizaciones especializadas en cultura laboral han documentado que los equipos con mayores niveles de confianza y bienestar registran mejor retención de talento, mayor productividad y mejores resultados financieros sostenidos, especialmente en industrias intensivas en conocimiento y servicios.

La mejor inversión sigue siendo aprender a ejecutar

Después de crear más de 18 empresas, pasar por industrias tan distintas como servicios financieros, hospitalidad y bienes raíces, Rabinovitz no cree que exista una fórmula universal para emprender.

Sí identifica, en cambio, varios principios que se repiten.

  • Conocer profundamente al cliente.
  • Entender el mercado antes de lanzar un producto.
  • Ser disciplinado con los procesos.
  • Y, sobre todo, ejecutar.

Quizá por eso, cuando se le pregunta qué consejo le daría al Iser de hace dos décadas, no habla de inversiones, valuaciones ni estrategias financieras.

Habla del tiempo.

De aprender a disfrutar cada etapa, celebrar los logros antes de correr hacia el siguiente objetivo y recordar que tanto los éxitos como los problemas son pasajeros.

“Mucha gente sabe soñar. Lo realmente difícil es aterrizar las ideas. Ejecutar vale más que imaginar”, resume.

“Todo termina. Disfruta el momento. Disfruta a tu familia, a tus hijos, a tus papás. También los problemas terminan; muchas veces me he estresado por cosas que hoy ya ni siquiera recuerdo”.

En una industria donde suele hablarse de metros cuadrados, tasas de capitalización o rendimientos, quizá esa sea la lección más valiosa de toda la conversación.

Porque los edificios pueden apreciarse con el tiempo, los mercados subir o bajar y las oportunidades cambiar de país o de sector.

Pero la capacidad de aprender del fracaso, construir procesos sólidos y mantener la disciplina cuando nadie está mirando sigue siendo uno de los activos más difíciles de copiar para cualquier emprendedor.

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autor Periodista web amante de los negocios y los cómics. Martha Violante es maestra por la Universidad Panamericana. Cuenta con una carrera de 17 años en estrategía editorial digital y creación de contenido sobre negocios, innovación y cultura digital en México. Ha entrevistado a figuras de la talla de Randi Zuckerberg, Daniele Lamarre, Zoe Saldana, entre otros. Ha trabajado en medios como Entrepreneur en Español e Inglés, Alto Nivel, Cine PREMIERE, México Desconocido, entre otros.