
Una jornada laboral más corta y un salario digno: ese es el horizonte que propone el gobierno de Claudia Sheinbaum. Este miércoles 3 de diciembre de 2025 se dio a conocer que el Ejecutivo enviará al Congreso una iniciativa para reducir gradualmente la jornada laboral en México de 48 a 40 horas semanales, como parte de un paquete de reformas laborales que también incluye aumentos al ingreso mínimo. Si todo avanza, cientos de miles de trabajadores podrían gozar de más tiempo libre sin sacrificar su ingreso, algo que muchos ya anticipan como una transformación en la vida laboral del país.
El gobierno anunció que presentará ante el Congreso una iniciativa constitucional y de reforma a la Ley Federal del Trabajo para reducir de forma gradual la jornada laboral en México. Bajo la nueva propuesta, la semana laboral pasaría de 48 a 40 horas.
El ajuste será escalonado: la reducción comenzará en 2027, con una disminución de dos horas por año, hasta llegar a la meta de 40 horas semanales en enero de 2030. El año 2026 servirá como periodo de transición, para que empresas, sindicatos y trabajadores se preparen.
El gobierno aclaró que la reforma no implicará recortes en sueldos ni prestaciones, y también contempla regulaciones como la prohibición de horas extra para menores de edad.
Entre los argumentos expuestos por las autoridades está la mejora en la salud, bienestar y calidad de vida de los trabajadores. Con menos horas dedicadas al trabajo, las personas pueden disponer de más tiempo para descanso, familia, estudios o actividades personales.
El titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), Marath Baruch Bolaños López, aseguró que diversos estudios internacionales muestran que jornadas más cortas, combinadas con salarios dignos, pueden mejorar la productividad y contribuir a una mejor organización empresarial. Además, la medida busca contribuir a la cohesión social mediante una distribución más equitativa del tiempo y las responsabilidades, favoreciendo el bienestar general.
México —cuyas jornadas máximas han sido de 48 horas semanales durante décadas— se acercaría a estándares laborales más modernos, similares a los de economías con mayor grado de regulación del tiempo de trabajo. Con 40 horas semanales, el país se sumaría a prácticas laborales más contemporáneas.
Aunque la propuesta asegura que no habrá recortes, la transición debe garantizar que no se diluya el ingreso por aumentos de precio o pérdida de beneficios.
Pequeñas y medianas empresas tendrán que planear con anticipación el ajuste de horarios y productividad.
Será clave asegurar que la jornada de 40 horas se respete en la práctica, especialmente en sectores vulnerables.
Industrias que requieren turnos largos o trabajo por proyecto podrían enfrentar retos especiales — será necesario definir excepciones y criterios claros.
