
Durante los días más duros de la pandemia, una oficina de microfinanzas en Colombia se encontró rodeada de papeles, pero sin clientes que atender en persona. María Camila Quiñones recuerda aquel momento crítico: la institución soñaba con convertirse en un “neobanco” para sobrevivir al confinamiento, pero primero tuvo que reinventar sus procesos internos de arriba abajo. La transformación implicó digitalizar expedientes, asegurar datos sensibles y reimaginar la atención al cliente en canales digitales.
“Tuvieron que repensar muchísimo sus procesos internos… revisar cómo tienes tus datos y cómo vas a gestionar la seguridad de los datos en un entorno digital”, relata Quiñones sobre aquella reconversión forzada. Esa experiencia, forjada en la emergencia, le dejó una lección perdurable: la tecnología solo aporta valor si se integra con la estrategia y la gente adecuada. Hoy, desde su cargo como Delivery Director en Slalom, aplica esa visión combinando innovación y enfoque humano en cada proyecto.
Slalom es una consultora global de tecnología y negocios que, tras consolidarse en mercados como Estados Unidos y Europa, en años recientes fijó su mirada en América Latina. En 2024 inauguró un Centro Global de Tecnología en México (oficinas en Guadalajara y Monterrey) y anunció otro en Colombia (Bogotá y Medellín).
El objetivo: aprovechar el talento tecnológico latinoamericano en proyectos globales.
“La compañía planea contratar a más de 500 profesionales en Latinoamérica para finales de 2025”, informó Slalom al anunciar su llegada a Colombia, resaltando el atractivo de la región.
En un mercado crecientemente digital, países como México y Colombia ofrecen una cantera de ingenieros, desarrolladores y especialistas en datos y nube que Slalom busca integrar a su modelo de servicio.
Lejos del outsourcing tradicional basado únicamente en costos, Slalom impulsa en Latinoamérica un enfoque propio de trabajo distribuido que denomina Allshore. Este modelo híbrido “combina talento local, nacional y global con herramientas digitales avanzadas como la inteligencia artificial” para armar equipos óptimos sin barreras geográficas.
En la práctica, un proyecto para un cliente mexicano puede involucrar arquitectos en Seattle, desarrolladores en Bogotá y analistas en Chicago. La integración es total: los consultores de México y Colombia trabajan codo a codo con sus contrapartes estadounidenses y europeas como un solo equipo, asegurando que el cliente reciba el mejor talento sin importar dónde se encuentre. El resultado: un nearshore de nueva generación que aporta eficiencia sin sacrificar la calidad a escala global.
La incursión de Slalom en América Latina no busca mano de obra barata, sino potenciar el talento excepcional de la región.
“Nuestro objetivo con los centros de delivery en Latinoamérica no fue el arbitraje de costos, sino el acceso a profesionales sobresalientes. En lugar de aislar equipos locales, los integramos plenamente en proyectos globales” –explica José María Rancano, director general de Slalom para la región.
Esta filosofía ha dado frutos rápidamente. Slalom destaca que sus equipos regionales aportan una mentalidad estratégica e innovadora que desafía los supuestos del cliente, en lugar de limitarse a ejecutar órdenes. Al darles un escenario global, la empresa eleva el perfil de estos expertos locales y demuestra que desde América Latina se pueden liderar iniciativas tecnológicas de punta.
Como Delivery Director, María Camila Quiñones ocupa un rol neurálgico dentro de esta operación allshore. Su responsabilidad es asegurar que las grandiosas promesas de transformación se traduzcan en proyectos concretos entregados con excelencia.
“El área de delivery, que es en la que estoy yo, básicamente agrupa toda la gestión de proyectos… la gerencia de proyectos, de programas y portafolios de varios proyectos, desde lo más sencillo hasta lo más complejo”, explica Camila a Emprendedor.com sobre su cargo.
En otras palabras, ella y su equipo orquestan múltiples frentes de trabajo para que las soluciones tecnológicas –desde migraciones a la nube hasta implementaciones de plataformas empresariales o iniciativas de inteligencia artificial– lleguen a buen puerto. Cada iniciativa requiere coordinar cronogramas, alinear expectativas del cliente y sortear obstáculos técnicos u organizacionales. Gracias a su experiencia participando en transformaciones digitales pioneras (como la de un gran banco colombiano años atrás), Quiñones tiene un ojo clínico para anticipar riesgos y mantener el rumbo incluso en entornos complejos.
Uno de los rasgos distintivos de Camila Quiñones es su estilo de liderazgo enfocado en las personas (lo que la firma llama “fiercely human”). En la práctica, esto se traduce en poner a las personas en el centro de cada decisión.
“Siempre buscamos que la gente esté en un lugar en el que le guste trabajar”, afirma, convencida de que un equipo motivado y cuidado genera mejores resultados.
Quiñones valora la comunicación cercana y predicar con el ejemplo. Sus superiores en Slalom “inspiran muchísimo y buscan tener una comunicación muy cercana con las personas de su estructura”, señala, destacando la transparencia y la confianza como pilares de la cultura interna. Los resultados de esta aproximación humana son tangibles: Slalom ha sido reiteradamente reconocida por Fortune, Glassdoor y Forbes como una de las mejores empresas para trabajar, y mantiene índices de retención de talento envidiables en la industria.
Aunque opera con equipos dispersos por distintas zonas horarias, Slalom mantiene un principio fundamental: estar cerca del cliente. La empresa prefiere instalarse localmente en los mercados donde presta servicio, en lugar de manejar todo de forma remota.
“Tiene un desarrollo de relaciones muy íntimo con sus clientes” describe Quiñones.
En México y Colombia, ese enfoque hiperlocal se combina con el modelo Allshore para brindar lo mejor de dos mundos: atención personalizada y capacidad de escalar.
“Buscamos conectar con los clientes en un mercado específico… un enfoque hiperlocal, pero que también escalas con estos modelos nearshore como el que implementamos en Latinoamérica” detalla Camila.
Gracias a esa cercanía, el equipo de Quiñones puede alinear las soluciones tecnológicas con la realidad de cada empresa. La estrategia es pensar global y actuar local, adaptándose al idioma y particularidades de cada cliente, pero con el respaldo de una red global de expertos detrás.
Esa proximidad conlleva una responsabilidad que Camila asume con seriedad: hacer siempre lo correcto para el cliente. Más allá de contratos o entregables, Slalom busca forjar relaciones de confianza a largo plazo.
“Siempre veo que hacemos lo correcto para el cliente, muy enfocados en entregar el valor que hemos prometido… con comunicación transparente”, enfatiza Quiñones, alineándose con uno de los valores clave de la empresa.
En la práctica, el equipo administra riesgos de forma proactiva y evita prometer soluciones milagrosas para no crear falsas expectativas. “Mientras se maneje una comunicación transparente y se asuman las responsabilidades… eso posiciona a Slalom con una muy alta satisfacción de sus clientes”, comenta, orgullosa del historial de la firma.
No es casual que los clientes confíen a Slalom sus programas de transformación más críticos. La consultora suele convertirse en socio estratégico de empresas que le encargan proyectos prioritarios –aquellos donde no hay margen para fallar– gracias a un historial de entregas de muy alta calidad.
Para Quiñones, toda iniciativa tecnológica debe partir de una pregunta esencial: ¿qué objetivo de negocio persigue? Con más de 15 años en proyectos de transformación digital, Camila ha visto la evolución del concepto.
“Antes se veía [la transformación] como cosa del área de tecnología… Hoy día es un componente altamente estratégico de las organizaciones”, reflexiona.
Aún hay empresas que inician proyectos digitales sin alinear estos esfuerzos con su estrategia corporativa, lo cual considera un error de base. Ella insiste en que la tecnología es un medio para habilitar la estrategia de negocio, no un fin en sí mismo. Por eso, cuando Slalom asume un proyecto, su equipo primero dedica tiempo a comprender la visión y las metas del cliente. Si una compañía quiere “ser digital” de cara a sus usuarios, Quiñones comienza por evaluar qué tan preparada está internamente para sostener ese modelo.
La transformación digital tiene un componente interno (capacidades) y externo (servicio al cliente). Solo tras ese análisis conjunto de estrategia y preparación se definen las soluciones: sea implementar una nueva plataforma, migrar sistemas legados a la nube o aplicar inteligencia artificial en sus procesos. Lo crucial es que cada tecnología adoptada responda a un ¿para qué? claro dentro de la organización.
En su experiencia, uno de los tropiezos más comunes de las organizaciones es lanzarse a transformaciones digitales por moda o presión, sin tomarse el tiempo de trazar una hoja de ruta realista.
“La ambición sin estrategia… puede generar que el programa de transformación no logre los objetivos” advierte Camila.
Ha visto empresas que invierten en tecnologías de última generación sin capacitar a su personal ni ajustar procesos, solo para tropezar después. Por eso, Quiñones aconseja no precipitarse: tener claro el propósito, preparar a la gente y entonces ejecutar con paso firme.
“Si no preparas ni la estructura ni la capacidad de tu fuerza de trabajo para adaptarte a eso, vas a tener unas crisis muy grandes”, señala, enfatizando el rol crítico de la gestión del cambio.
Cada pieza –tecnología, procesos, personas, datos– debe encajar en su lugar para lograr el cambio. En otras palabras, no hay que correr tras cada nueva tendencia tecnológica sin antes asegurar que se cuentan con los fundamentos organizacionales en orden.
A lo largo de su carrera, Quiñones ha visto cómo distintas olas tecnológicas redefinen las prioridades empresariales. Primero fue la migración masiva a la nube, que aún hoy supone retos enormes para muchas organizaciones; ahora la inteligencia artificial generativa plantea nuevas preguntas y oportunidades. Lejos de dejarse abrumar, Camila promueve una cultura de aprendizaje continuo en su equipo. Considera que la IA “va a potenciar, no reemplazar” la toma de decisiones estratégicas, y trabaja para que tanto sus consultores como sus clientes adopten estas innovaciones de forma responsable y alineada al negocio.
La estrategia regional de Slalom toma forma concreta en sus centros tecnológicos de México y Colombia. Desde Guadalajara y Monterrey, en el caso mexicano, hasta Bogotá y Medellín, en Colombia, la consultora ha establecido hubs de innovación que sirven de puente entre Latinoamérica y el mundo. Estos hubs locales permiten a Slalom reclutar y capacitar talento en sus propios entornos, reteniendo a profesionales que de otro modo emigrarían.
La presencia física facilita alianzas con universidades, comunidades tecnológicas y clientes, y cada ciudad aporta fortalezas únicas. De hecho, Colombia será el centro regional para soluciones Salesforce de Slalom, muestra de la confianza en el nivel de especialización local. Estas ciudades se han vuelto nodos que conectan Latinoamérica con el mundo en proyectos de transformación digital.
Más allá de las metas de negocio, Camila Quiñones lleva en el corazón un propósito más amplio: que la tecnología sirva para mejorar vidas. A lo largo de su trayectoria no ha dudado en involucrarse en proyectos de impacto social, como iniciativas para integrar a jóvenes desconectados del estudio y el trabajo (los llamados “ninis”) al mercado laboral. Descubrió que estas transformaciones solo ocurren si empresa, academia y gobierno trabajan integrados, lección que aplica en su rol actual.
“Es algo muy aspiracional en mi carrera seguir trabajando para que las empresas de tecnología sigan desarrollando talento e integrando a las personas jóvenes”, confiesa Quiñones.
La historia profesional de María Camila Quiñones es un testimonio de cómo combinar la visión de negocio con un enfoque humano. Desde Slalom, Quiñones aplica las lecciones aprendidas en Colombia a escala internacional: desde la importancia de planificar cada paso de la transformación digital hasta el valor de confiar en el talento local.
Su labor como Delivery Director demuestra que la consultoría tecnológica puede ser cercana, ética y orientada a las personas sin dejar de ofrecer resultados sobresalientes.
Ella encarna a una nueva generación de líderes latinoamericanos en tecnología, aquellos que combinan visión global con raíces locales. La experiencia de Camila nos recuerda que, con la estrategia correcta, un equipo motivado y la convicción de hacer lo correcto, las empresas de la región pueden soñar en grande y avanzar hacia un futuro mejor.
