
Madrid se vistió de colores con una obra que une dos símbolos culturales de gran importancia. En la Puerta del Sol, corazón de la capital española, se develó una creación que hermana a ambos destinos. La icónica escultura del Oso y el Madroño ahora tiene un ‘gemelo’: una réplica intervenida totalmente con arte wixárika de Nayarit que ha dejado fascinados a locales y turistas por igual.
El Oso y el Madroño, una escultura que probablemente ya conoces, es el alma de Madrid. Esta pieza de bronce fue inaugurada en 1967 y representa el escudo de armas de la villa. Simboliza la unión histórica entre la tierra (el oso) y el cielo o los frutos (el madroño). Es el punto de reunión por excelencia y el símbolo de identidad más querido por los madrileños; por ello, que hoy la reconocida figura tenga una réplica luciendo los colores y la simbología sagrada de Nayarit representa un diálogo de respeto y hermandad sin precedentes entre España y México.
Esta obra es un ejercicio de hermanamiento. Frente a la estatua original, la pieza nayarita resplandece con miles de chaquiras que dibujan la cosmovisión de nuestros pueblos originarios. Esta muestra artística también es un diálogo entre la historia de Madrid y la espiritualidad de Nayarit, el lugar donde, según la tradición wixárika, comenzó la vida en Tatei Haramara.
La develación contó con la presencia de las artesanas y artesanos que, con paciencia y maestría, transformaron este emblema en una narrativa sobre los orígenes y los caminos sagrados.
El gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero compartió que Nayarit fue a España a compartir su alma. Al colocar esta pieza en uno de los puntos más transitados de Europa, el arte originario se convierte en un lenguaje universal. La presencia de elementos wixárikas en un escenario tan moderno como Madrid fue el equilibrio perfecto entre lo contemporáneo y lo eterno. A través de sus diseños, Nayarit recordó a los asistentes que el turismo más valioso es aquel que respeta y enaltece sus raíces.
En la base de la obra se lee con orgullo la marca Nayarit, recordándole al mundo que nuestra identidad es nuestra mejor carta de presentación. Para los wixárikas, este camino simbólico conecta con Wirikuta (Patrimonio Mundial de la UNESCO), llevando un pedacito de su ruta sagrada hasta el centro de España.
Ver el arte wixárika en Madrid es confirmar que la cultura no tiene fronteras. Esta intervención convierte un espacio urbano en un punto de encuentro entre la historia, la fe y la belleza contemporánea. Hoy, quien camina por la capital española verá en esta pieza el reflejo de un México lleno de luz y color que invita a todos a conocer sus raíces.



