
Hay una frase que Andrés Fontao dice casi al final de la conversación que se me queda dando vueltas durante horas: “es como si el no no existiera en el vocabulario de los emprendedores latinoamericanos”. No lo dice como un eslogan motivacional. Lo dice después de más de una década observando startups quebrar, levantar rondas imposibles, sobrevivir a inviernos de capital, regulaciones inciertas y mercados que cambian de dirección a una velocidad brutal.
Quizá por eso, cuando el CEO de Finnosummit habla del futuro fintech de América Latina, no lo hace desde el entusiasmo ingenuo de quien ve una moda pasajera. Habla desde la perspectiva de alguien que lleva años observando cómo una industria que antes operaba en la periferia financiera hoy comienza a convertirse en parte del núcleo económico de la región.
Durante años, los retailers vendían productos y las fintech ofrecían servicios financieros. Hoy esa frontera empieza a desaparecer.
Fontao identifica dos activos fundamentales detrás de esta transformación: distribución y confianza.
“La banca tradicional no llega al 100% de la población, pero empresas como Walmart, Oxxo o Elektra sí tienen esa distribución”, explica.
La lógica es poderosa. Si millones de personas ya compran, pagan servicios o interactúan diariamente con estas marcas, integrar productos financieros dentro de esos ecosistemas se vuelve un paso natural.
No es casualidad que gigantes como Mercado Libre hayan acelerado su apuesta financiera. La compañía ha expresado públicamente su ambición de construir el banco digital más grande de América Latina.
En paralelo, Reuters reportó que Mercado Libre invertirá 3,400 millones de dólares en México durante 2025, una parte importante destinada a tecnología y servicios financieros.
“Antes fintech operaba alrededor del sistema financiero; hoy ya es parte del núcleo”, resume Fontao.
Y los números parecen respaldarlo.
De acuerdo con el más reciente informe elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Finnovista, el ecosistema fintech latinoamericano creció más de 340% entre 2017 y 2023, pasando de 703 startups a 3,069 empresas activas en la región.
Brasil lidera el mercado, seguido por México y Colombia, pero el fenómeno ya no pertenece exclusivamente a esos países. Perú, Ecuador, Guatemala y otros mercados han mostrado algunos de los crecimientos más acelerados.
Por qué importa: durante años se pensó que la fintech era una categoría temporal o complementaria. Hoy empieza a comportarse como una industria propia con infraestructura, regulación, inversión especializada y cadenas de valor completas.
Uno de los puntos más interesantes de la conversación aparece cuando Fontao habla sobre hábitos de consumo.
“Las nuevas generaciones esperan que la banca funcione más como Spotify, TikTok o Instagram”, explica.
La observación parece simple, pero ayuda a entender gran parte de la transformación financiera actual.
México sigue siendo un país con importantes retos de inclusión financiera, particularmente entre sectores jóvenes, trabajadores informales y pequeñas empresas. Sin embargo, esos mismos segmentos ya viven conectados digitalmente.
En otras palabras: muchas personas llegaron antes al smartphone que al banco.
Eso explica por qué neobancos como Nubank, Plata, Klar, Ualá o Revolut han encontrado terreno fértil en la región.
Si el primer capítulo fintech estuvo marcado por pagos digitales y banca móvil, Fontao cree que el siguiente gran salto vendrá impulsado por inteligencia artificial.
“El 77% de las fintech mexicanas ya han desplegado alguna forma de IA”, señala durante la entrevista.
Los datos coinciden con análisis recientes de Finnovista y Galileo, que muestran que la adopción de IA en fintech mexicanas pasó de 60% en 2025 a 77% en 2026.
La tecnología ya está reduciendo tiempos de respuesta, costos operativos y niveles de fraude. Pero Fontao cree que lo más interesante aún no llega.
“Vamos hacia una etapa de agentes de inteligencia artificial capaces de asesorar decisiones financieras”, explica.
En perspectiva: si el comercio ya experimenta con agentes autónomos de compra, las finanzas podrían seguir una ruta similar mediante asistentes financieros personalizados impulsados por IA.
Después del boom fintech y del posterior ajuste global de inversión, la gran pregunta es si el sector está entrando en una etapa más lenta.
La respuesta de Fontao es matizada.
“No veremos necesariamente crecimientos exponenciales, pero sí una consolidación más madura”, afirma.
Eso no significa estancamiento. Al contrario.
Fintech sigue siendo el sector que más capital atrae dentro del venture capital latinoamericano. Según reportes recientes, captó más del 60% del financiamiento regional durante 2025.
Además, nuevos segmentos comienzan a emerger: infraestructura financiera basada en IA, embedded finance, Open Finance y servicios especializados para fintechs.
Cuando le pregunto qué es lo que más le sigue sorprendiendo del ecosistema después de tantos años, Fontao no menciona valuaciones, unicornios ni inteligencia artificial.
Habla de resiliencia.
“Los emprendedores siguen tocando puertas, siguen empujando y siguen obsesionados con resolver problemas”, dice.
Y quizá ahí está la explicación más simple detrás del crecimiento fintech regional.
América Latina sigue teniendo millones de personas subbancarizadas o completamente excluidas del sistema financiero formal.
Mientras ese problema exista, seguirán apareciendo emprendedores intentando resolverlo.
El ecosistema fintech latinoamericano ya dejó atrás la etapa donde necesitaba demostrar que podía existir. Ahora enfrenta un reto más complejo: demostrar que puede escalar, consolidarse y convertirse en infraestructura crítica para la economía regional.
Andrés Fontao parece convencido de que la historia apenas comienza. No porque ignore los desafíos regulatorios, económicos o tecnológicos, sino porque ve algo más profundo detrás de las cifras: una generación completa de emprendedores, corporativos y empresas tecnológicas decididos a rediseñar la relación que América Latina tiene con el dinero.
Y si tiene razón, entonces el futuro fintech de la región no será solamente una historia de startups. Será una historia sobre cómo se transforma toda una economía.
