
México podría contar con una nueva herramienta tecnológica para mejorar la seguridad de sus edificaciones. El investigador Ramsés Rodríguez Rocha, profesor de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), desarrolló un algoritmo capaz de identificar daños estructurales ocultos en edificios, puentes y otras obras civiles.
El método, denominado “Rigideces Base”, permite localizar elementos que han perdido capacidad estructural incluso cuando los daños no son visibles durante una inspección convencional.
La tecnología utiliza acelerómetros colocados en diferentes puntos de una construcción para registrar información sobre su comportamiento dinámico.
Posteriormente, los datos son procesados mediante Matlab para reconstruir el estado original de la estructura y compararlo con su condición actual. De esta forma, el sistema identifica qué columnas, vigas o componentes presentan afectaciones y calcula la magnitud de los daños detectados.
Según el IPN, la herramienta puede generar diagnósticos más precisos y objetivos que complementen las evaluaciones tradicionales.
El objetivo principal del desarrollo es facilitar decisiones oportunas sobre reforzamientos estructurales, mantenimiento preventivo o, en casos extremos, demoliciones necesarias para evitar accidentes.
Rodríguez Rocha explicó que la herramienta podría reducir significativamente los riesgos para las personas y disminuir las pérdidas económicas derivadas de fallas estructurales no detectadas.
En países altamente sísmicos, la capacidad de identificar daños ocultos representa una ventaja estratégica para la gestión de infraestructura.
La relevancia de este desarrollo cobra especial importancia en México, considerado uno de los países con mayor actividad sísmica del planeta debido a la interacción de las placas tectónicas de Cocos, Rivera, Norteamérica, Pacífico y Caribe.
De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, durante 2025 se registraron más de 40.000 movimientos telúricos en territorio mexicano.
Aunque la mayoría son de baja magnitud, los grandes terremotos han provocado pérdidas humanas y económicas de enorme impacto.
Según datos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), los terremotos de septiembre de 2017 dejaron 481 personas fallecidas y pérdidas estimadas en más de 81.000 millones de pesos.
Además de viviendas afectadas, los daños alcanzaron escuelas, hospitales, carreteras, sistemas hidráulicos y edificios históricos.
Ante este escenario, tecnologías como “Rigideces Base” podrían contribuir a fortalecer las estrategias de prevención y resiliencia urbana.
El investigador recomendó utilizar el algoritmo especialmente en inmuebles con más de 15 años de antigüedad, edificios que hayan experimentado sismos importantes o construcciones que hayan cambiado de uso con el paso del tiempo.
También ofreció la tecnología al Gobierno de la Ciudad de México como una contribución social orientada a fortalecer la seguridad estructural de la capital.
El desarrollo ya fue inscrito en el Registro Público del Derecho de Autor, un paso que abre la puerta a futuras aplicaciones institucionales y comerciales.
Más allá del ámbito académico, el proyecto demuestra cómo la investigación desarrollada en universidades y centros públicos mexicanos puede transformarse en soluciones concretas para problemas reales.
La combinación de ingeniería, análisis de datos y monitoreo estructural representa una tendencia creciente en el desarrollo de ciudades inteligentes y sistemas de infraestructura resiliente.
