
La Secretaría de Salud confirmó que avanzará en la eliminación del colorante Rojo 3 en diversos alimentos procesados comercializados en el país. La decisión ocurre después de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) anunciara medidas similares respecto al uso de la eritrosina en ciertos productos alimenticios.
El Rojo 3 es un colorante sintético derivado del petróleo que se utiliza desde hace décadas para dar tonos rojos brillantes, rosas y fucsias a alimentos industrializados.
La medida forma parte de una tendencia global donde reguladores revisan constantemente ingredientes utilizados históricamente por la industria alimentaria.
La eritrosina, conocida comercialmente como Rojo 3 o FD&C Red No. 3, es un aditivo utilizado principalmente por razones estéticas. Su función no es mejorar sabor, textura o valor nutricional; únicamente modifica la apariencia del producto.
Durante años fue ampliamente utilizado en caramelos, glaseados, gelatinas, bebidas saborizadas, cereales y postres procesados debido a su intensidad cromática y bajo costo de producción.
Fuente: National Library of Medicine
La discusión sobre su permanencia ha estado presente desde hace décadas debido a investigaciones relacionadas con efectos observados en estudios de laboratorio con animales.
Aunque las listas definitivas dependen de las regulaciones específicas y de los procesos de reformulación de cada empresa, los principales productos donde históricamente se utiliza el Rojo 3 incluyen:
Caramelos y dulces masticables, gomitas, paletas, cereales azucarados, gelatinas, malvaviscos, coberturas para pasteles, glaseados industriales, bebidas saborizadas, polvos para preparar bebidas, yogures saborizados, postres instantáneos, helados procesados, productos de repostería industrial y algunos snacks dulces.
La organización Center for Science in the Public Interest (CSPI) ha documentado durante años el uso del colorante en múltiples categorías de alimentos de consumo masivo.
Esto significa que la transición podría impactar a una amplia parte del mercado de alimentos procesados.
La Cofepris recomendó revisar las etiquetas, ya que el aditivo puede aparecer con distintos nombres como “eritrosina”, “Rojo 3” o “E127”.
La eliminación de un ingrediente aparentemente simple puede representar un desafío complejo para las compañías alimentarias.
Sustituir un colorante implica realizar pruebas de estabilidad, sabor, apariencia, costos de producción, compatibilidad con otros ingredientes y aceptación del consumidor.
Empresas internacionales ya enfrentan procesos similares en distintos mercados. Algunas han comenzado a utilizar alternativas derivadas de betabel, zanahoria morada, antocianinas o extractos vegetales para mantener colores atractivos sin recurrir a ciertos aditivos sintéticos.
La transición también puede elevar costos de producción debido al precio de algunos colorantes naturales.
La eliminación del Rojo 3 coincide con una tendencia global conocida como “clean label”, donde los consumidores buscan productos con listas de ingredientes más cortas, comprensibles y percibidas como naturales.
De acuerdo con diversos estudios de mercado de agendas como NielsenIQ, especialmente entre generaciones jóvenes, existe una creciente preferencia por alimentos que reduzcan conservadores, saborizantes y colorantes artificiales.
La discusión sobre colorantes artificiales no es exclusiva de México.
La Unión Europea mantiene regulaciones estrictas sobre diversos aditivos y exige etiquetados específicos para ciertos colorantes asociados a posibles efectos conductuales en niños.
Esto demuestra cómo la regulación alimentaria se está convirtiendo en un factor estratégico para la innovación dentro de la industria.
La eliminación del Rojo 3 no solo afecta a marcas visibles para el consumidor.
También impacta a fabricantes de ingredientes, laboratorios, proveedores de materias primas y cadenas de producción que deberán adaptarse a nuevas formulaciones.
Especialistas en alimentos señalan que estos cambios suelen detonar nuevas oportunidades de negocio para empresas dedicadas a ingredientes alternativos, biotecnología alimentaria y soluciones naturales para la industria.
En otras palabras, una regulación sanitaria puede convertirse también en un motor de innovación empresarial.

