
En la era digital, las pantallas se han convertido en compañeros omnipresentes para los niños, desde la primera infancia hasta la vida adulta. Aunque la tecnología ofrece múltiples beneficios educativos y de conectividad, estudios recientes advierten que el uso excesivo de dispositivos y sus pantallas puede estar asociado con riesgos significativos para el desarrollo cognitivo, lingüístico y socioemocional, especialmente en niños y adolescentes. Esta doble cara de la tecnología pone en el centro del debate público y académico la necesidad de un uso consciente y equilibrado de las herramientas digitales.
Diversas investigaciones han evaluado el impacto del uso de pantallas en el desarrollo cognitivo de niñas, niños y adolescentes.
Un estudio transcultural publicado en la Gaceta UNAM analizó a casi 1,900 infantes de 12 a 48 meses en 19 países latinoamericanos y encontró que el uso excesivo de dispositivos se asocia negativamente con el desarrollo del lenguaje y habilidades motoras en etapas tempranas de la vida.
Los efectos observados incluyen dificultades para mantener la atención, disminución en la capacidad de concentración sostenida y alteraciones en mecanismos básicos de aprendizaje, como la retención de información y comprensión de conceptos complejos.
El estudio, publicado también en la revista PLOS ONE, señala que este tipo de alteraciones puede repercutir más allá del rendimiento académico, afectando habilidades cognitivas esenciales a largo plazo.
El lenguaje y la comunicación son procesos interactivos profundamente dependientes de experiencias reales y de calidad con otras personas. El tiempo elevado frente a las pantallas limita las oportunidades de interacción verbal espontánea y de retroalimentación emocional que los menores necesitan para desarrollar un vocabulario amplio, una pronunciación clara y competencias pragmáticas del lenguaje.
La evidencia sugiere que, mientras las pantallas pueden ofrecer contenido educativo, su uso indiscriminado sin acompañamiento adulto reduce la exposición a interacciones cara a cara, que son cruciales para las etapas críticas del desarrollo lingüístico y socioemocional.
Más allá de los aspectos cognitivos y lingüísticos, el uso excesivo de pantallas también está vinculado con dificultades en el desarrollo socioemocional. El tiempo prolongado frente a dispositivos puede llevar a una menor participación en actividades sociales directas, reduciendo la empatía, habilidades conversacionales y estrategias para resolver conflictos interpersonales.
Investigaciones en el ámbito psicológico destacan que la ausencia de interacciones cara a cara limita la adquisición de competencias emocionales fundamentales, tales como la lectura de expresiones, la regulación emocional y la comprensión de normas sociales complejas.
Especialistas coinciden en que la tecnología no es intrínsecamente perjudicial, pero su impacto depende del uso que se le dé y de la presencia de interacciones humanas de calidad. La recomendación general es fomentar sesiones digitales con acompañamiento adulto, contenido apropiado y límites de tiempo ajustados a la edad y las necesidades del menor.
Las guías de salud infantiles, incluidas las de la Organización Mundial de la Salud, aconsejan límites estrictos de exposición para menores de tres años, y estrategias conscientes de uso en edades posteriores para maximizar beneficios y minimizar riesgos.
