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Vendió su empresa de nube y volvió a empezar porque vio un problema que la IA hizo más grande

La inteligencia artificial está convirtiendo a los datos y la infraestructura en decisiones de dirección general. Esteban Rey explica por qué Shadow AI, FinOps y soberanía digital deberían preocupar también a las pymes.

Esteban Rey fundó Ignia Cloud después de crear y vender OnCloud, una empresa mexicana de infraestructura como servicio.
Esteban Rey fundó Ignia Cloud después de crear y vender OnCloud, una empresa mexicana de infraestructura como servicio. © Cortesía

El próximo gran problema de ciberseguridad de una empresa podría no comenzar con un ransomware, una contraseña robada o alguien vestido con sudadera negra intentando entrar a un servidor. El shadow AI puede comenzar con Ctrl+C y Ctrl+V.

Un empleado tiene prisa. Necesita resumir un contrato, analizar una base de clientes o corregir código. Abre una herramienta pública de inteligencia artificial, pega la información y consigue en segundos el resultado que habría tardado una hora en producir.

El trabajo salió.

Los datos también.

“En los próximos años vamos a ver compañías que pierdan ventajas competitivas no por un hackeo, sino por un copy-paste”, advierte Esteban Rey, fundador y CEO de Ignia Cloud, en entrevista con Emprendedor.com.

Rey conoce la infraestructura desde mucho antes de que hablar con una máquina se convirtiera en algo cotidiano. Comenzó configurando firewalls a los 16 años, fundó OnCloud y posteriormente vendió esa compañía. Su trayectoria como fundador y posterior CTO de la empresa está documentada desde 2022 por LACNIC.

Podría haberse alejado de la nube, pero terminó regresando.

Porque la inteligencia artificial hizo que una pregunta aparentemente técnica volviera a ser una discusión de dirección general: ¿quién controla realmente la infraestructura sobre la que funciona tu empresa?

El Shadow AI no nace de empleados malintencionados

El problema tiene nombre: Shadow AI.

Es la utilización de herramientas de inteligencia artificial fuera de los controles y políticas formales de una organización. Puede ocurrir cuando alguien crea una cuenta personal en una plataforma, instala una aplicación no autorizada o introduce información corporativa en un modelo público para acelerar una tarea.

“El Shadow AI no nace de la mala fe; nace de la prisa”, dice Rey.

La afirmación no es únicamente una preocupación comercial de una empresa que vende infraestructura.

El Cost of a Data Breach Report 2025 de IBM encontró que una de cada cinco organizaciones estudiadas había sufrido una brecha relacionada con shadow AI. Las compañías con alta presencia de herramientas de IA no autorizadas registraron alrededor de US$670,000 adicionales en el costo promedio de una brecha frente a organizaciones con niveles bajos o inexistentes. La investigación, realizada con Ponemon Institute, analizó 600 organizaciones que habían sufrido filtraciones.

IBM también encontró que 63% de las organizaciones estudiadas no tenía una política de gobernanza de IA terminada.

La reacción fácil sería prohibir, pero Rey cree que no funcionará.

“La gente va a usar IA porque le hace la vida más fácil, y tiene razón”, sostiene. Su propuesta consiste en ofrecer alternativas autorizadas, definir qué información puede utilizarse y ejecutar determinados modelos dentro de infraestructuras controladas.

Es una lección aplicable también a una pyme.

Si una herramienta reduce dos horas de trabajo a veinte minutos, pedirle al empleado que simplemente deje de utilizarla probablemente no resuelva el incentivo.

La gobernanza debería empezar por entender por qué la está utilizando.

La nube no es cara; usarla mal sí puede serlo

La inteligencia artificial también está reviviendo otro fantasma empresarial: la factura tecnológica que nadie termina de entender.

Durante años, una de las grandes promesas del cloud computing fue pagar únicamente por los recursos utilizados.

Eso sigue siendo posible. No significa que ocurra automáticamente.

“La nube no es cara; lo caro es usarla mal”, dice Rey.

El patrón es conocido: una empresa toma servidores diseñados para su infraestructura anterior y simplemente los traslada a la nube. Mantiene instancias sobredimensionadas, ambientes de prueba prendidos todo el día, almacenamiento olvidado y servicios que nadie recuerda haber contratado.

Después llega la factura.

Flexera encontró en su State of the Cloud Report 2026 que las organizaciones estiman desperdiciar alrededor de 29% de su gasto en IaaS y PaaS. Es la primera subida del indicador después de cinco años de descenso, en un contexto donde las cargas de IA añaden complejidad a los costos. El estudio reunió a 753 profesionales y tomadores de decisión de cloud en distintos países.

Ahí entra FinOps, una disciplina que busca sentar a tecnología y finanzas en la misma mesa para entender qué recursos se consumen, quién los utiliza y qué valor generan.

Para un emprendedor, la traducción es menos elegante:

Cada servidor debería tener una razón para estar prendido y alguien que responda por la factura.

¿Qué significa realmente tener una “nube soberana”?

Ignia Cloud intenta diferenciarse utilizando otro concepto que está ganando peso con la IA: soberanía digital.

Rey lo explica con una analogía.

Guardar los datos en infraestructura que no controlas es como dejar el inventario en la bodega de otra persona: todo funciona hasta que cambian las condiciones.

“La soberanía digital es tener las llaves de tu propia bodega”, dice.

Hay que colocar aquí un matiz importante.

“Nube soberana” no significa automáticamente que cualquier servicio se encuentre físicamente en México ni constituye por sí solo una categoría jurídica uniforme. Los datos pueden quedar sujetos a distintos contratos, leyes, obligaciones regulatorias y jurisdicciones dependiendo del proveedor, la empresa contratante y el lugar desde donde se presta el servicio.

La propia Ignia se presenta como una compañía mexicana con nube propia, infraestructura para nube pública y privada y costos predecibles. En su sitio identifica centros de datos en Estado de México y Estados Unidos, además de centros operativos en República Dominicana y Argentina.

Para una empresa, por tanto, la pregunta correcta no debería ser solamente “¿es soberana?”.

Debería preguntar:

¿Dónde estarán mis datos? ¿Quién puede acceder a ellos? ¿Qué legislación aplica? ¿Puedo elegir la ubicación de la carga? ¿Cómo recupero mi información? ¿Qué ocurre si quiero cambiar de proveedor?

El marketing termina donde empieza el contrato.

México tiene infraestructura para crecer, pero la IA quiere mucha electricidad

El momento es particularmente importante porque México está acelerando su infraestructura digital.

En 2023, el sector de centros de datos tenía alrededor de 115 MW de capacidad instalada. Para 2026, la cifra llegó a 279 MW, mientras que otros 205 MW estaban en construcción, de acuerdo con estimaciones de la Asociación Mexicana de Data Centers reportadas tras su coordinación con la CFE.

La misma proyección calcula una demanda cercana a 1.73 GW hacia 2031.

Eso cambia la discusión.

México tenía 279 MW de capacidad instalada en centros de datos durante 2026 y otros 205 MW se encontraban en construcción | Imagen: Cortesía
México tenía 279 MW de capacidad instalada en centros de datos durante 2026 y otros 205 MW se encontraban en construcción | Imagen: Cortesía

Un centro de datos no vive solamente de fibra óptica y servidores. Necesita energía, transmisión eléctrica, agua para determinados sistemas de enfriamiento, permisos, suelo y certeza suficiente para inversiones que pueden tardar años en recuperarse.

“Tenemos muchas piezas, pero todavía no el rompecabezas completo”, dice Esteban Rey.

México posee ventajas difíciles de ignorar: cercanía con Estados Unidos, nearshoring, un mercado grande y talento técnico. Sin embargo, si la demanda de IA crece más rápido que la capacidad energética y digital local, existe un riesgo: que las empresas mexicanas consuman inteligencia artificial mientras la mayor parte del cómputo necesario para producirla ocurre en otros países.

Ser usuario no es lo mismo que construir industria.

No necesitas competir con Amazon para encontrar un negocio

¿Cómo puede una startup mexicana competir contra Amazon Web Services, Microsoft Azure o Google Cloud?

Rey tiene una respuesta poco heroica: no competir.

“Si quisiéramos ser un Amazon pequeño, perderíamos”.

Ignia intenta diferenciarse mediante soporte cercano, personalización, facturación en pesos y conocimiento del entorno local. Al mismo tiempo, reconoce que muchas organizaciones terminarán utilizando arquitecturas híbridas o multinube.

Ese punto es útil para cualquier emprendimiento que entra a un mercado dominado por gigantes.

Una startup rara vez gana intentando ofrecer lo mismo con menos dinero. Puede ganar resolviendo algo que la escala del incumbente vuelve incómodo, pequeño o poco rentable.

Amazon no necesita desaparecer para que exista un negocio de infraestructura mexicana. De hecho, puede ser precisamente lo contrario.

Un exit lo hizo más atrevido y más cauteloso al mismo tiempo

La historia de Ignia también contiene una segunda conversación sobre emprendimiento.

Rey ya había creado y vendido una compañía.

Según su propia cronología profesional, OnCloud fue vendida en 2022 y él permaneció durante una transición como CTO.

¿Qué pasa con la tolerancia al riesgo después de conseguir un exit? “Me volví más atrevido en la visión y más cauteloso en la ejecución”, responde.

Ya no necesita comprobarse que puede fundar una empresa, pero ahora sabe cuánto puede salir mal: flujo de caja, contrataciones apresuradas, crecer más rápido de lo que la operación soporta y mucho más.

Su filosofía actual tiene tres palabras: People, Process, Product.

Y la que más trabajo le ha costado no es tecnología.

Es People.

“La tecnología se aprende y los procesos se documentan, pero las personas son lo más complejo y lo más importante de una empresa”, dice. También reconoce una enfermedad frecuente entre fundadores técnicos: creer que ellos mismos pueden resolverlo todo.

Aprender a delegar, contratar gente mejor y permitir que el equipo se equivoque terminó siendo más complicado que configurar servidores.

“Una mala contratación cuesta mucho más que un mal servidor”.

El siguiente hub tecnológico mexicano no tiene que estar en CDMX

Esa preocupación por el talento explica otro proyecto de Rey.

En abril de 2026 impulsó la primera edición de Yucatech Festival en Mérida, un encuentro enfocado en IA, ciberseguridad, nube, emprendimiento y tecnología. Fuentes del evento y medios locales documentan la participación de más de 500 asistentes y perfiles como Uri Levine, cofundador de Waze.

Su tesis es sencilla: el talento ya está distribuido. Las oportunidades no.

Para desarrollar polos tecnológicos fuera de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se necesita conectividad, universidades trabajando con empresas, capital dispuesto a mirar hacia otras regiones y compañías que no exijan que todo el talento se mude a las mismas tres ciudades.

Hay una conexión con la nube soberana que va más allá del discurso. Una economía digital más distribuida necesita infraestructura más distribuida.

Y la IA está haciendo que esa necesidad sea mucho más urgente.

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autor Periodista web amante de los negocios y los cómics. Martha Violante es maestra por la Universidad Panamericana. Cuenta con una carrera de 17 años en estrategía editorial digital y creación de contenido sobre negocios, innovación y cultura digital en México. Ha entrevistado a figuras de la talla de Randi Zuckerberg, Daniele Lamarre, Zoe Saldana, entre otros. Ha trabajado en medios como Entrepreneur en Español e Inglés, Alto Nivel, Cine PREMIERE, México Desconocido, entre otros.