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06-04-2026, 9:03:02 AM

La reputación ya no perdona: por qué tu comportamiento puede hundir tu empresa

COLUMNA

De los esquites de 230 pesos a los golpes en un gimnasio: así se destruyen negocios hoy.

La reputación hoy depende del comportamiento, no solo del producto.
La reputación hoy depende del comportamiento, no solo del producto. © Redes Sociales

Se puede matar un negocio con un berrinche. No es metáfora. Es literal. Hoy basta un video de unos minutos, una actitud arrogante o una incongruencia captada en redes sociales para destruir en horas lo que tomó años construir. La reputación dejó de ser un activo controlable desde la oficina: ahora vive en la calle, en el gimnasio, en un comentario y en cualquier celular encendido. Y aunque durante años nos dijeron lo contrario, la realidad es contundente: la mala publicidad sí existe… y puede ser el principio del fin.

La reputación se rompe en tiempo real

Lo que vimos recientemente con el caso de Roke Toke Shop en el gimnasio Sports World Altavista no es un hecho aislado: es la nueva normalidad.

Un altercado dentro del gimnasio —que comenzó por un reclamo sobre el consumo de sustancias— escaló a amenazas y agresión física. El momento fue grabado, difundido y en cuestión de horas acumuló millones de vistas.

@fercho11prime pelon agresivo en gym sports world Altavista parte 2 roke toke #pelonagresivo ♬ sonido original – ToySoldier01

Pero lo más relevante vino después: usuarios en redes identificaron a los agresores, vincularon sus perfiles y descubrieron que estaban detrás de un negocio relacionado con productos cannábicos. A partir de ahí, ocurrió lo inevitable: la conversación dejó de ser sobre el pleito… y se convirtió en una cancelación pública de su marca.

De desconocidos a “funados” en horas

El patrón se repite: un negocio que nadie conocía se vuelve viral, pero no por su propuesta de valor, sino por el comportamiento de sus dueños.

En el caso de Roke Toke Shop, la reacción digital fue inmediata: usuarios invadieron sus redes sociales, cuestionaron su ética y comenzaron a construir una narrativa colectiva negativa alrededor de la marca.

No hubo tiempo para estrategia. No hubo control de daños.

La reputación ya estaba rota.

El clasismo también vende… pero para mal

Algo similar ocurrió con el caso de los esquites de 230 pesos.

El chef Javier García intentó promocionar su restaurante Mesa Criolla comparándo esquites callejeros, a los que calificó como “gachos” y “con mal olor” con su propia versión gourmet.

Lo que buscaba ser marketing aspiracional terminó convertido en una crisis de reputación. La conversación se volvió emocional: usuarios defendieron la comida callejera, acusaron clasismo y llevaron el ataque directamente a las redes del restaurante.

El resultado: el chef tuvo que borrar el video y salir a disculparse públicamente.

El producto no era el problema. El mensaje —y lo que representaba— .

Cuando el negocio se vuelve el enemigo

Este fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más frecuente.

Casos como el del Taller de Ostiones by FISM — donde se vio a empleados con actitudes soberbias— muestran un patrón claro: cuando el consumidor percibe abuso, burla o desconexión con la realidad, la reacción no es indiferencia, es castigo.

Y ese castigo ya no es silencioso: es público, viral y colectivo.

La gente ya no separa a la persona del negocio

Antes podías decir: “eso fue personal, no tiene que ver con la empresa”.

Hoy eso ya no existe.

El caso de Sports World lo deja claro: el comportamiento de una persona fuera de su negocio fue suficiente para impactar directamente en la percepción de su marca.

Porque hoy el consumidor no compra solo productos; compra valores, posturas y congruencia.

El verdadero problema: ser malas personas sí cuesta dinero

Aquí es donde muchos emprendedores se equivocan.

Creen que el riesgo está en el producto, en el marketing o en la competencia. Pero no: el mayor riesgo hoy está en la incongruencia.

Puedes tener la mejor estrategia, el mejor branding y el mejor pitch, pero si el comportamiento que respalda tu marca es negativo, todo se derrumba.

Y no hay campaña que lo arregle.

Cómo evitar destruir tu negocio

La lección es incómoda, pero clara: La reputación ya no se construye en PowerPoint.
Se construye en cada interacción.

¿Qué implica esto para un emprendedor?

  • Primero, entender que todos representan la marca, siempre.
  • Segundo, construir una cultura real, no solo discursiva.
  • Tercero, asumir que cualquier error puede hacerse público.
  • Y cuarto, actuar con coherencia incluso cuando nadie está mirando.

Porque probablemente alguien sí está grabando.

Un berrinche puede destruir tu negocio

Hoy no necesitas una mala estrategia para fracasar. Ni siquiera necesitas un mal producto.

Basta un mal momento.
Un berrinche.
Una mala decisión.

Porque en la era digital, la reputación no se pierde poco a poco: se destruye de golpe.

Y sí: la mala publicidad existe.
Y cada vez, cobra más caro.

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autor Periodista web amante de los negocios y los cómics. Martha Violante es maestra por la Universidad Panamericana. Cuenta con una carrera de 17 años en estrategía editorial digital y creación de contenido sobre negocios, innovación y cultura digital en México. Ha entrevistado a figuras de la talla de Randi Zuckerberg, Daniele Lamarre, Zoe Saldana, entre otros. Ha trabajado en medios como Entrepreneur en Español e Inglés, Alto Nivel, Cine PREMIERE, México Desconocido, entre otros.