
Científicos coinciden en algo que no vimos venir: el reguetón estimula algunas regiones del cerebro más que cualquier otra música, incluída la clásica. Es decir, las canciones de Bad Bunny, Karol G, J Balvin, Rosalía y todo el ‘latino gang’ son capaces de provocar mayor actividad cerebral que las finas melodías de Bach y Mozart. ¿Esto significa que ‘perrear’ te hace más inteligente? Sí, pero no. Te explicamos.
En 2021, un estudio publicado en la revista científica Neuroscience mostró que el reguetón produjo mayor actividad en las áreas auditivas, así como una respuesta importante en regiones relacionadas con el movimiento.
El hallazgo volvió a cobrar relevancia hace unas semanas. La neurocientífica Manuela del Caño Espinel retomó la investigación durante su conferencia ‘La magia de la música en el cerebro’, impartida en la Universidad de Burgos.
El reguetón es la música que más partes del cerebro activa”, señaló la especialista ante una audiencia de jóvenes que soltaron tanto risas como expresiones de asombro. También aclaró que hablaba “de la música, no de las letras”.
La experta explicó que la estructura rítmica del reguetón podría favorecer la anticipación cerebral, una función relacionada con la capacidad de la mente para predecir qué ocurrirá después.
Entonces surge una pregunta importante: ¿que un género active más el cerebro significa que es “mejor”? o ¿acaso vuelve más inteligente a quien lo escucha? La respuesta, tal como la música urbana, no es tan simple como parece.
Los científicos utilizaron resonancia magnética funcional para observar qué ocurría en el cerebro durante la escucha musical. El experimento se centró en cuatro géneros: clásica, electrónica, folk y reguetón.
La investigación analizó a 28 personas mientras escuchaban fragmentos de música puramente instrumental. Al eliminar las voces, el estudio buscó concentrarse en las características musicales y no en el significado de las letras.
Enfocarse solo en la música es en especial relevante para el ‘perreo’. Desde hace más de dos décadas las canciones de este género son foco de polémica, pues suelen incluir palabras, referencias y frases demasiado explícitas. Para muchos resultan vulgares y hasta ofensivas, para otros simplemente es el soundtrack de la fiesta… o de su vida.
El estudio identificó actividad en zonas auditivas del lóbulo temporal, regiones premotoras y estructuras de los ganglios basales. Estas últimas participan, entre otras funciones, en el control del movimiento y en procesos relacionados con la recompensa.
Por eso, el resultado no fue simplemente que el reguetón “enciende más el cerebro”: conecta la percepción auditiva con el movimiento y la gratificación. Y eso explica muchas cosas…
Una de las claves está en el ritmo. Los investigadores encontraron que el reguetón y la música electrónica tienen un pulso más claro que la música clásica y el folk. Ese patrón puede facilitar que el cerebro detecte y anticipe el siguiente golpe.
Un estudio de diciembre de 2025 publicado en Brain Sciences analizó mediante la misma técnica la conectividad entre redes auditivas, motoras y de recompensa en diferentes condiciones de escucha musical.
Los resultados mostraron que el reguetón produjo la mayor activación frente a otros géneros. También menciona que la respuesta cambia si la persona está concentrada en la melodía o realizando otra tarea, y que la música groove puede tener un efecto similar.
En otras palabras, el cerebro no solamente está procesando sonidos, también puede anticipar el ritmo y preparar sistemas relacionados con el movimiento. Esto ocurre incluso cuando la persona permanece físicamente quieta.
Manuela del Caño retomó los hallazgos y explicó que el cerebro ha evolucionado para anticipar lo que puede ocurrir después y prepararnos para lo que viene. Así, un ritmo predecible puede darle al cerebro un patrón relativamente fácil de prever y de seguir.
La doctora en Neurociencias explicó que las canciones de Don Omar, Ivy Queen y Daddy Yankee mantienen una estructura rítmica que permite adelantar el siguiente golpe fácilmente. En cambio, la música de Bach, Mozart, Vivaldi y otros genios musicales puede cambiar de tonalidad, ritmo y estructura, así que es menos predecible y el cerebro debe dedicar más recursos a seguir esos cambios.
La comparación con la música clásica también revive otro concepto muy conocido: el llamado ‘Efecto Mozart’, la creencia de que escuchar música clásica hace a las personas más inteligentes.
Durante décadas se popularizó la idea de que escuchar al compositor austriaco podía aumentar la inteligencia, especialmente en niños. El origen del mito está en investigaciones que observaron mejoras temporales en determinadas tareas después de escuchar música de Mozart.
Con el tiempo, esas observaciones fueron convertidas en una afirmación mucho más amplia: que la música clásica te puede hacer más inteligente. Sin embargo, las revisiones posteriores no han encontrado evidencia sólida para respaldar esa conclusión.
El estudio no permite concluir que el reguetón sea superior a la música clásica, ni que el ‘perreo’ ejercite el cerebro. La investigación midió la actividad cerebral durante una tarea concreta, no cambios permanentes en las capacidades cognitivas.
Tampoco permite afirmar que cualquier canción de reguetón provoque la misma respuesta. Los experimentos se realizaron con fragmentos específicos y analizaron a grupos muy reducidos. Por eso, sus resultados no permiten ordenar todos los géneros musicales de “mejor” a “peor” para el cerebro.
La investigación midió diferencias de actividad cerebral frente a determinados estímulos musicales, no inteligencia, aprendizaje o salud cerebral a largo plazo. Esta distinción es importante porque “más actividad cerebral” no equivale automáticamente a “mayor beneficio cerebral”.
Así que Bach no perdió ninguna batalla cerebral contra el reguetón. El hallazgo muestra algo más interesante: el cerebro no juzga la música por su prestigio, sino que responde a sus patrones, ritmos y cambios.

