
Durante décadas, la pizza fue más que un alimento: fue un símbolo de conveniencia, sociabilidad y cultura pop en Estados Unidos (EU). Sin embargo, recientes datos del sector restaurantero y del mercado muestran que América parece estar perdiendo su pasión por la pizza tradicional, un fenómeno que no solo afecta a las cadenas clásicas, sino que refleja cambios profundos en los hábitos de consumo, la competencia culinaria y las preferencias de los comensales. ¿Qué está ocurriendo con aquel platillo que alguna vez dominó las calles y las mesas del país?
En el apogeo de las cadenas restauranteras de comida rápida, la pizza ocupaba un lugar privilegiado: en la década de 1990 fue la segunda categoría más común de restaurante en Estados Unidos, superada solo por otras comidas rápidas tradicionales. Sin embargo, datos recientes reportados por The Wall Street Journal muestran que ese dominio se ha erosionado considerablemente: para 2024, la pizza ocupó el sexto lugar entre las categorías de comida en términos de ventas dentro de las cadenas, siendo superada por tendencias como el café y la comida mexicana.
El descenso de su posición no significa que EU haya dejado de comer pizza, pues alrededor de uno de cada diez estadounidenses consume una porción cada día, pero sí indica que su crecimiento no ha acompañado al ritmo general del mercado gastronómico.
Las pizzerías tradicionales enfrentan una tormenta perfecta: precios que suben por la inflación, competencia intensa entre sí y opciones más variadas ofrecidas por aplicaciones de entrega de comida que ponen al alcance de los consumidores una gama interminable de cocinas globales con sólo tocar una pantalla.
Para muchas familias estadounidenses, un extra de $20 por una pizza para llevar puede sentirse costoso comparado con ofertas de comida rápida, opciones de supermercados o preparar alimentos en casa, lo que presiona aún más a una categoría que depende en gran medida de la percepción de valor.
El impacto en el sector no es meramente anecdótico: algunas cadenas importantes enfrentan desafíos graves. Por ejemplo, la empresa matriz de Pieology Pizzeria se acogió al capítulo 11 de bancarrota, mientras que otras marcas medianas han tenido que cerrar locales o replantear su modelo de negocio.
Gigantes como Papa John’s y Pizza Hut están reconsiderando su estrategia comercial, desde cambios en la franquicia hasta revisiones del menú y ofertas de valor para reconectar con clientes que se han vuelto más exigentes y versátiles en sus elecciones culinarias.
Los cambios en las preferencias alimentarias no se deben únicamente a factores económicos: las generaciones más jóvenes, como los millennials y la Gen Z, muestran predilecciones más amplias por experiencias culinarias diversas, integrando sushi, comida asiática o mexicana con la misma facilidad con la que antes pedían pizza.
Además, la proliferación de dietas saludables, conciencia nutricional y opciones más auténticas o “artesanales” ha influido en que la pizza tradicional —especialmente la de cadenas clásicas— compita con propuestas gastronómicas percibidas como más frescas o innovadoras.
A pesar de estos desafíos, la pizza sigue siendo un elemento cultural relevante: desde opciones artesanales de horno de leña hasta versiones gourmet y productos congelados con ingredientes premium en supermercados. La categoría no está desapareciendo, pero su papel como icono dominante de comida rápida está siendo cuestionado frente a un mercado que valora la experiencia, la autenticidad y la variedad.
En México, la pizza goza de gran popularidad y un consumo significativo, ubicándose como uno de los alimentos favoritos de la población:
Los mexicanos consumen más de 120 millones de pizzas al año, lo que se traduce en un promedio de aproximadamente una pizza por persona al año. Esta cifra sitúa a México como uno de los principales países consumidores de pizza en el mundo, sólo detrás de Estados Unidos.
De acuerdo con diversos informes, México es el segundo país con mayor consumo de pizza a nivel global, superado únicamente por Estados Unidos, donde la cifra anual es mucho más alta pero también con una población mucho mayor. Kuali
Tras los tacos, la pizza se ubica como el segundo alimento favorito de la mayoría de los mexicanos, reflejando no sólo consumo frecuente, sino también arraigo cultural en el mercado de comida informal y rápida.
El mercado mexicano muestra un crecimiento continuo, impulsado por tendencias como el aumento de consumo a domicilio, la expansión de plataformas de delivery y la proliferación de pizzerías con ofertas tradicionales, artesanales y gourmet. Además, el sector se está diversificando con pizzas congeladas y formatos nuevos que atraen a distintos segmentos de consumidores.
Mientras que en Estados Unidos el consumo de pizza está siendo cuestionado por algunos cambios en preferencias gastronómicas y competencia con otros segmentos (como cafés o alimentos globales), en México la pizza sigue siendo fuerte y relevante dentro del consumo alimentario, con crecimiento sólido y hábitos de consumo bien arraigados. Esto sugiere que —aunque globalmente hay tendencias disruptivas— el gusto por la pizza en México permanece robusto, impulsado tanto por tradición como por expansión del mercado.
