
En pleno este de la Ciudad de México, dentro de los ocho barrios originarios de la alcaldía Iztapalapa, se recrea cada Semana Santa una de las expresiones más emblemáticas y multitudinarias de la fe popular en el país. La escenificación de la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa es un tesoro. Esta manifestación —que atrae a millones de espectadores— da un paso clave hacia el reconocimiento internacional, ya que ha sido propuesta para integrarse a la lista representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, consolidando así su valor como práctica viva de la cultura mexicana.
La tradición nació en 1843, cuando habitantes de Iztapalapa prometieron realizar una procesión anual al Señor de la Cuevita tras la epidemia de cólera que azotó a la región. Con el tiempo dicha peregrinación evolucionó hacia la representación escénica de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. A lo largo de los años, la puesta en escena se ha convertido en un símbolo de identidad local de los Ocho Barrios de Iztapalapa.
En marzo de 2023, la escenificación fue registrada formalmente en el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México gracias a la solicitud del Comité Organizador de la Semana Santa en Iztapalapa A.C. (COSSIAC) en coordinación con la Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Comisión Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial (CNPCI), lo cual representa un paso clave para su eventual postulación ante la UNESCO.
En paralelo, el portal de la UNESCO ya registra la candidatura bajo el título “Representation of the Passion, Death and Resurrection of Christ in Iztapalapa” . Esto como elemento en proceso para la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Se estima que más de dos millones de personas participan o asisten cada año a esta representación. Esto moviliza a cientos de actores de la comunidad, voluntarios, autoridades locales y espectadores nacionales e internacionales.
Forman parte activa los residentes de los ocho barrios originarios: San Lucas, San Pedro, San Miguel, San Pablo, San Ignacio, San José, La Asunción y Santa Bárbara.
Esta vinculación comunitaria es parte esencial del valor cultural: la tradición no es impuesta desde fuera, sino generada y sostenida por los propios vecinos.
Aunque el reconocimiento nacional es un logro importante, el siguiente reto es la elaboración de un plan de salvaguardia. Se busca que garantice la continuidad, transmisión y fortalecimiento del elemento cultural en el mediano y largo plazo.
Asimismo, el proceso ante la UNESCO exige cumplir con requisitos técnicos, la participación comunitaria y visibilidad internacional. En abril de 2025, medios reportaron que el expediente figura en la lista de candidatos de la UNESCO.
Más allá del evento religioso, esta puesta en escena representa un punto de cohesión social, identidad local y dinamización de la economía en la alcaldía de Iztapalapa. La alcaldesa reconoció que la inscripción nacional abre la vía para activar la riqueza simbólica e histórica de la comunidad y su protagonismo en la construcción de la tradición.
Además, el reconocimiento internacional fortalecería el turismo cultural y visibilidad del territorio, con lo cual el impulso económico y simbólico conviven.
