
Japón registró en 2024 la mayor caída anual de población en su historia moderna, con una pérdida que supera los 900 mil habitantes, según datos oficiales recientes.
Además de la fuerte disminución demográfica, se observa un dramático retroceso en la natalidad, alcanzando niveles históricos bajos, lo que pone en alerta a economistas y gobiernos globales.
El Ministerio del Interior de Japón informó que la población disminuyó en 908,574 personas durante 2024, lo que representa una reducción de 0.75 %. Este es el descenso más pronunciado registrado desde que comenzaron los conteos en 1968, marcando el decimosexto año consecutivo de pérdida demográfica.
Los datos demográficos revelan una brecha alarmante: Japón registró casi un millón más de muertes que nacimientos en un solo año. La natalidad cayó a su nivel más bajo desde el siglo XIX, con apenas cerca de 686 000 nacimientos en 2024.
La tasa de fertilidad descendió hasta 1.15 hijos por mujer, cifra históricamente baja. Este descenso fue impulsado por cambios sociales como el retraso en el matrimonio, preocupaciones económicas y hábitos de vida que posponen o descartan formar familia.
Japón ya es la nación con mayor proporción de personas mayores, con más del 29% de su población superando los 65 años. El envejecimiento de la población agrava la presión sobre pensiones, salud pública y cuidados de largo plazo.
La contracción demográfica está erosionando la fuerza laboral, lo que podría frenar el crecimiento económico y debilitar la posición exportadora de Japón, un actor clave en la economía global. Empresas automotrices, tecnológicas y de manufactura ya enfrentan escasez de trabajadores calificados.
Especialistas y legisladores advierten que Japón debe abandonar estimaciones demográficas optimistas e incorporar cifras más realistas para su planificación social y fiscal, o enfrentar un desbalance en políticas como pensiones y atención médica.
Hasta Elon Musk se pronunció sobre el asunto, señalando que Japón podría perder cerca de un millón de personas en este año, y sugirió que tecnologías como la IA podrían ayudar a contrarrestar los efectos negativos de esta crisis demográfica prolongada.
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La dramática caída de casi un millón de personas en Japón durante 2024 y la alarmante disminución de nacimientos representan una señal de crisis demográfica avanzada. Este fenómeno no solo redefine el futuro económico y social de Japón, sino que también advierte sobre los riesgos globales de una población envejecida. Gobernanza, innovación social y ajustes en políticas públicas son urgentes para enfrentar un reto que trasciende fronteras.
