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07-10-2026, 3:56:33 PM

Autos eléctricos, chips y satélites: las tecnologías mexicanas que buscan salir del laboratorio

El Fondo de Investigación recibió 1,676 millones de pesos adicionales frente a 2025 y aumentó 48% el número de proyectos aprobados.

El Fondo de Investigación recibió 1,676 mdp adicionales frente a 2025.
El Fondo de Investigación recibió 1,676 mdp adicionales frente a 2025. © Imagen hecha con DALL-E

México aumentó 111% los recursos destinados al Fondo de Investigación para proyectos de ciencia y tecnología en 2026, lo que representa 1,676 millones de pesos adicionales frente al año anterior.

Pero detrás del incremento presupuestal hay una apuesta que puede resultar especialmente relevante para emprendedores y empresas: el Gobierno de México plantea que algunos desarrollos financiados y creados desde universidades y centros públicos de investigación lleguen posteriormente a una etapa de producción con participación del sector privado.

Eso coloca sobre la mesa una de las discusiones centrales de cualquier ecosistema de innovación: cómo convertir una investigación científica en tecnología comercializable, propiedad intelectual, productos, nuevas compañías y eventualmente industrias completas.

Entre los proyectos estratégicos actualmente impulsados aparecen áreas como electromovilidad, semiconductores, supercómputo, observación satelital, drones, dispositivos médicos, agricultura y aprovechamiento industrial del sargazo.

Más recursos y 48% más proyectos aprobados

La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) informó el 1 de octubre que el aumento de 1,676 millones de pesos representa un incremento de 111% respecto a los recursos del Fondo de Investigación en 2025.

No debe confundirse esa cifra con un incremento de 111% en todo el presupuesto federal dedicado a ciencia y tecnología: el porcentaje corresponde específicamente al fondo presentado por el gobierno para proyectos de investigación y desarrollo tecnológico.

Además, Secihti reportó que durante el periodo aumentó 48% el número de proyectos aprobados.

La dependencia coordina actualmente:

  • 3,142 proyectos de investigación vigentes;
  • 13 proyectos estratégicos;
  • 108 Laboratorios Nacionales;
  • 27 Centros Públicos de Investigación;
  • alrededor de 48,000 integrantes del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores;
  • más de 100,000 becas y apoyos para estudiantes;
  • 12 redes de colaboración científica e interdisciplinaria.

El reto, sin embargo, no termina con financiar la investigación.

Para que un desarrollo científico llegue al mercado necesita superar etapas como prototipado, propiedad intelectual, pruebas, certificaciones, manufactura, financiamiento, comercialización y escalamiento.

Ahí es donde la relación entre universidades, gobierno, emprendedores y empresas puede cobrar mayor importancia.

Olinia: más de 70 investigadores detrás de un vehículo eléctrico mexicano

Uno de los proyectos más visibles es Olinia, iniciativa para desarrollar vehículos eléctricos diseñados y fabricados en México.

En el proyecto colaboran más de 70 investigadores, académicos y estudiantes de instituciones como el Tecnológico Nacional de México, el Instituto Politécnico Nacional y otras universidades y centros de investigación.

El desarrollo sirve como ejemplo del modelo que el gobierno quiere impulsar: concentrar talento de distintas instituciones alrededor de un producto concreto y, posteriormente, explorar cómo llevarlo hacia producción.

Para emprendedores, la oportunidad potencial no se limita a fabricar un vehículo completo.

Una nueva industria de electromovilidad requiere baterías, sistemas electrónicos, software, cargadores, componentes, mantenimiento, materiales, logística, manufactura especializada y múltiples proveedores.

Es decir, alrededor de un solo proyecto científico puede aparecer una cadena completa de negocios.

Kutsari: México quiere participar en la industria de semiconductores

Otro proyecto estratégico es Kutsari, enfocado en el diseño y desarrollo de semiconductores.

El programa contempla Centros Nacionales de Diseño en Puebla, Sonora y Jalisco, con el objetivo de fortalecer capacidades nacionales en una industria fundamental para automóviles, teléfonos, centros de datos, electrodomésticos, telecomunicaciones y prácticamente cualquier dispositivo electrónico moderno.

México ya tiene una posición importante dentro de las cadenas globales de manufactura y exportación.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) ubica al país en el lugar 65 del Índice Mundial de Innovación 2026, tercero de América Latina y el Caribe, detrás de Chile y Brasil.

El reporte destaca precisamente a la capacidad manufacturera y exportadora como uno de los activos del ecosistema mexicano de innovación.

El desafío consiste en capturar una mayor proporción del valor que se genera antes de la fabricación: investigación, diseño, propiedad intelectual y tecnologías propias.

Supercomputadoras, satélites y dispositivos médicos

La cartera estratégica va más allá de autos eléctricos y chips.

Entre los proyectos presentados por Secihti están:

Coatlicue, una supercomputadora mexicana destinada a ampliar las capacidades de procesamiento para investigación científica y otros proyectos tecnológicos.

Ixtli, una constelación de satélites para observación terrestre.

Apixqui, un sistema de monitoreo meteorológico y oceánico y de alerta temprana ante huracanes.

Quetzal, dedicado al desarrollo de vehículos aéreos no tripulados.

También existen proyectos relacionados con maquinaria y semillas para maíz y frijol, así como dispositivos médicos para diálisis y hemodiálisis.

Cada una de estas áreas podría generar oportunidades alrededor de hardware, software, manufactura, servicios especializados y propiedad intelectual.

Pero para que eso ocurra será necesario construir mecanismos que permitan trasladar tecnología desde universidades y centros de investigación hacia empresas capaces de producirla.

Del laboratorio al mercado: ¿dónde entran las empresas?

La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que el esquema propuesto consiste en que los desarrollos sean realizados inicialmente por investigadores e instituciones públicas y que posteriormente puedan incorporarse empresas, particularmente en la etapa de producción.

Esto abre distintas posibilidades.

Una compañía podría participar como fabricante o proveedor, pero también pueden surgir esquemas de licenciamiento de tecnología, coinversión, creación de nuevas empresas de base científica o spin-offs surgidas directamente de universidades y centros de investigación.

El modelo no está completamente definido para todos los proyectos y cada tecnología requerirá mecanismos distintos de transferencia, propiedad intelectual y participación privada.

Por ello, uno de los indicadores relevantes será observar cuántas investigaciones consiguen cruzar el llamado “valle de la muerte” de la innovación: la distancia entre tener una tecnología funcional y conseguir convertirla en un producto comercialmente viable.

Las patentes mexicanas también están aumentando

El ecosistema de propiedad intelectual presenta algunas señales de crecimiento.

El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) reportó que durante 2025 concedió 988 patentes a titulares mexicanos, la mayor cifra registrada hasta ahora. Ciudad de México concentró 260, seguida de Jalisco con 188 y Nuevo León con 84.

Entre octubre de 2024 y marzo de 2026 se otorgaron 1,377 patentes a titulares nacionales, mientras que el rezago acumulado de solicitudes se redujo de 55,337 a 43,740 expedientes, según información del propio Instituto.

El IMPI también anunció la incorporación de 500 examinadores para acelerar el análisis de patentes y marcas, una acción vinculada al objetivo del Plan México de incrementar la inversión en investigación y disminuir los tiempos para proteger nuevas tecnologías.

Para una startup científica, esa protección puede ser determinante.

Una patente puede convertirse en un activo para licenciar tecnología, buscar capital, negociar con un fabricante o impedir que competidores exploten una invención durante el periodo de protección correspondiente.

El reto: convertir ciencia en empresas

Más dinero para investigación no garantiza automáticamente más compañías tecnológicas.

Entre un descubrimiento científico y una empresa rentable hacen falta capital, talento empresarial, propiedad intelectual, infraestructura, compradores y capacidad para fabricar a escala.

El Índice Mundial de Innovación 2026 refleja parte de ese desafío. México aparece en el lugar 65 global, pero existe una diferencia entre los recursos que alimentan el ecosistema y sus resultados: ocupa el puesto 81 en insumos de innovación y el 53 en resultados.

Esto sugiere que el país es capaz de generar resultados relativamente mayores respecto de algunos de los recursos disponibles, aunque mantiene áreas pendientes en infraestructura, sofisticación de mercado e instituciones.

El aumento al Fondo de Investigación puede fortalecer el primer eslabón de esa cadena.

El siguiente será demostrar que proyectos como Olinia, Kutsari, Coatlicue o los nuevos dispositivos médicos pueden salir del laboratorio, proteger su tecnología, atraer inversión, fabricar productos y construir mercados alrededor de ellos.

Ahí es precisamente donde científicos y emprendedores pueden comenzar a hablar el mismo idioma.

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autor Periodista web amante de los negocios y los cómics. Martha Violante es maestra por la Universidad Panamericana. Cuenta con una carrera de 17 años en estrategía editorial digital y creación de contenido sobre negocios, innovación y cultura digital en México. Ha entrevistado a figuras de la talla de Randi Zuckerberg, Daniele Lamarre, Zoe Saldana, entre otros. Ha trabajado en medios como Entrepreneur en Español e Inglés, Alto Nivel, Cine PREMIERE, México Desconocido, entre otros.