
En el United Center de Chicago, la historia del baloncesto no solo se escribe con triples, bloqueos o MVPs, sino también con aguja, hilo y tela. Detrás del icónico banner que celebra la retirada del número 1 de Derrick Rose, hay una mujer cuya habilidad ha trascendido generaciones: María Estela Rinconeño Parra, una sastre mexicana cuya labor silenciosa ha tejido décadas de memoria visual para los Chicago Bulls. Este artículo te cuenta cómo su destreza y dedicación la convirtieron en una figura clave entre las leyendas que hoy cuelgan en los techos de la famosa franquicia de la NBA.
Desde 1989, María Estela Rinconeño Parra ha sido la persona responsable de cortar, coser y preparar los banners que cuelgan en lo más alto del United Center, el estadio emblemático de los Chicago Bulls. No es una figura que salte a la cancha, ni celebra con un triple al último segundo, pero su trabajo se convierte en un símbolo permanente de historia y celebración deportiva.
En el reciente homenaje a Derrick Rose, donde la franquicia retiró su número 1 en una ceremonia llena de emoción, fue precisamente uno de estos estandartes —confeccionado por María Estela— el que se elevó hasta las alturas junto a otros nombres legendarios como Michael Jordan o Scottie Pippen.
El proceso de crear un banner no es simplemente “cortar y coser”; es un acto de precisión, paciencia y respeto. Cada pieza debe ser exacta en forma, duradera en materiales y perfecta en color, porque una vez izada, no vuelve a bajar durante décadas. Estos lienzos textiles no son meros adornos: son registros visuales permanentes de triunfos, números retirados y títulos históricos.
María Estela ha convertido esta tarea en una labor casi ceremonial. Su dedicación la ha mantenido en el corazón del equipo durante más de treinta años, acompañando épocas de gloria, transiciones y revoluciones en la NBA.
Lo que hace esta historia aún más especial es que María Estela nació en México y, tras emigrar a Estados Unidos, su trabajo comenzó a ser parte esencial de la identidad visual de un equipo que es una marca global. Cada banner no solo representa una victoria en la cancha, sino también el talento artesanal de una inmigrante que ha dejado huella en la cultura deportiva de Chicago.
Aunque la mayoría de los fanáticos solo presta atención a los números gigantes colgados en el techo, pocos saben quién está detrás de la confección de esos símbolos, y menos cuán detalle por detalle se construye esa memoria colectiva.
Recientemente, durante el homenaje a Derrick Rose, el nombre de María Estela apareció brevemente en las pantallas del estadio y los aficionados respondieron con aplausos y vítores, reconociendo por un momento el trabajo que durante años había estado “detrás de escena”.
Más allá del gesto puntual, este reconocimiento simboliza un cambio en cómo vemos a quienes construyen, sostienen y memorializan el deporte: no solo atletas y entrenadores, sino también artesanos, creativos y trabajadores invisibles que dan forma a la historia tangible de una franquicia.
Cada vez que los Bulls ganan un campeonato, celebran un título divisional o retiran un número, el trabajo de María Estela queda impregnado en las fibras de esos banners. Su legado ahora cuelga literalmente junto a las leyendas que ayudó a inmortalizar, recordando al mundo que la historia del deporte no se hace solo con jugadas espectaculares, sino también con dedicación silenciosa y artesanía meticulosa.
María Estela Rinconeño Parra ejemplifica cómo el talento, la perseverancia y el cuidado en los detalles pueden transformar un trabajo aparentemente humilde en un legado histórico. Su historia, ligada a una de las franquicias más emblemáticas de la NBA, nos recuerda que los héroes del deporte no siempre están en el centro de la cancha, sino también en los tecidos que narran sus grandes momentos.
