
Anoche nos quedamos pegados al sofá viendo The Pitt. La luz tenue del televisor se rompía con los destellos del caos: sirenas, heridas, voces que se quiebran, decisiones que pesan. Mientras las manos de los doctores se manchaban de sangre y los latidos se aceleraban en cada escena, algo sucedió: no solo nos conmovimos, también aprendimos. En los episodios 12 y 13 de la serie, ese tiroteo en PittFest no es solo catástrofe, es espejo de liderazgo, de humanidad al filo del abismo, de cómo se sostiene un equipo cuando todo se va al caído. Inspirados por ese fragor, estas lecciones podrían servirnos también para nuestros días.
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En los episodios 12 (“6:00 P.M.”) y 13 (“7:00 P.M.”) de The Pitt, la serie médica de HBO Max alcanza un punto crítico al enfrentar un tiroteo masivo ocurrido en el festival PittFest. Bajo presión extrema, los líderes principales —especialmente el Dr. Robby y el Dr. Abbott— deben organizar, improvisar y mantenerse firmes cuando el protocolo habitual ya no basta. Este par de capítulos ofrece más que drama y tragedia: muestra lecciones reales para cualquier líder que deba guiar a su equipo en medio de lo inesperado.
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En el episodio 12, ante la llegada masiva de heridos tras el tiroteo de PittFest, el Dr. Robby no pierde tiempo: transforma la sala de urgencias en un hospital de trauma improvisado, elimina o minimiza procedimientos que ralentizan (por ejemplo, registros electrónicos, radiografías, etc.), y prioriza la acción inmediata.
Él asigna roles claros, pide apoyo de todos —incluyendo de estudiantes de medicina— y exige sincronía en un caos medible. El enfoque está en salvar el mayor número posible de vidas, sin distracciones personales, aunque los fantasmas del pasado no lo abandonan.
El Dr. Jack Abbott entra en escena con toda su experiencia (militar y de campo) para guiar al equipo cuando el sistema se desmorona. En el episodio 12, él advierte que van a entrar en “medicina de zona de combate”, diciendo que no hay tiempo para ultrasonidos, laboratorio, etc., sino que deben actuar basados en lo más urgente: pulso, estado mental, fuerza de las arterias.
Además, Abbott dona su propia sangre mientras trabaja, lo que no sólo simboliza entrega sino que demuestra con hechos que en una crisis los líderes muchas veces tienen que arriesgarse también.
El episodio 13 expone lo que significa liderar sin descanso: Robby se enfrenta no solo al horror externo, sino al interno: la culpa de no poder salvar a todos, el dolor de perder vidas cercanas, la responsabilidad como figura paternal para Jake, su incapacidad para “soltar” cuando ya no hay nada que hacer.
Abbot, por su parte, debe intervenir para ayudar a Robby a ver la realidad (“no podemos salvarla aunque fuera nuestra única paciente; pondrías en riesgo a otros diez si nos estancamos ahí”). Esa intervención es claramente una muestra de liderazgo empatizante pero firme.
Los episodios 12 y 13 de The Pitt ofrecen más que una intensa historia médica con drama: son una clase sobre liderazgo real bajo presión. En tiempos VUCA (Volátiles, Inciertos, Complejos y Ambiguos), estos capítulos resaltan que quien lidera debe combinar rapidez de acción, adaptabilidad, claridad moral, empatía y capacidad para reconocer propias limitaciones.
El Dr. Robby ejemplifica el liderazgo que persiste aun cuando falla; el Dr. Abbott refuerza lo que hace posible que ese liderazgo siga en pie.
En un mundo en el que muchas crisis llegan sin aviso, estas lecciones no solo sirven para hospitales, sino para cualquier equipo que deba sobrevivir al caos.




