
Imaginemos a un empleado que repone artículos de limpieza en los estantes de un supermercado en Bustamante o a un despachador de gasolina en Mérida.
Si necesitan pedir un día de vacaciones, consultar su recibo de nómina o hacer una consulta a Recursos Humanos, algo que para un trabajador de oficina puede resolverse en pocos minutos, para ellos puede convertirse en un calvario de varias horas.
Quizá tengan que esperar a que su supervisor esté disponible, trasladarse hasta una oficina administrativa ubicada a varios kilómetros de su lugar de trabajo o aprovechar su tiempo libre, incluso cuando ya están en casa, para resolver un trámite laboral.
Son situaciones que podrían parecer propias de otra década para quienes trabajan frente a una computadora, pero que todavía forman parte de la realidad cotidiana de una gran cantidad de trabajadores que no cuentan con una PC en su actividad laboral.
Ese contexto cobra otra relevancia con la reforma que reducirá de forma gradual la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales.
Para las empresas, el mensaje de fondo es claro: sostener la operación con menos horas exige ser mucho más eficientes.
Y una parte importante de esa eficiencia se juega en procesos que hoy siguen dependiendo del papel, de la presencia física y de la comunicación informal.
El bienestar laboral también enfrenta desafíos concretos en México.
Un estudio de OCC realizado en 2025, con la participación de más de 2,500 colaboradores, encontró que 38% de los trabajadores consultados se sentía expuesto a riesgos psicosociales como estrés, ansiedad o burnout.
Al mismo tiempo, 62% señaló que contar con jornadas que permitan equilibrar la vida laboral y personal es uno de los principales elementos de un empleo saludable.
Desde hace años, la llamada ley “anti-estrés” (NOM-035-STPS-2018) plantea a las organizaciones el desafío de identificar y prevenir los factores de riesgo psicosocial en el trabajo.
Pero también invita a reflexionar sobre algo más amplio: ¿cómo podemos hablar de bienestar laboral si todavía existen trabajadores que encuentran barreras para resolver las cuestiones más básicas de su vida dentro de una organización, como solicitar una cita médica?
El bienestar no empieza únicamente con programas de salud mental o encuestas de clima.
También tiene que ver con la posibilidad de acceder a información, expresar una necesidad, sentirse parte e identificado con los valores de la empresa, resolver un trámite, ser felicitado por el cumpleaños o comunicarse con otros empleados sin que eso implique un esfuerzo desmedido.
Según el último informe State of the Global Workplace de Gallup, solo 29% de los empleados en México se encuentra comprometido con su trabajo.
Otra dimensión que cobra cada vez más peso es el compliance laboral.
Las empresas necesitan poder demostrar que sus trabajadores fueron informados, que accedieron a sus beneficios, que pudieron hacer una consulta o un reporte y que la organización dio seguimiento.
Por eso, el compliance no debería aparecer recién cuando llega una inspección.
La propia reforma lo deja claro: a partir de 2027, las empresas deberán llevar un registro electrónico de la jornada de cada trabajador, y no hacerlo puede implicar multas de entre 29,000 y casi 590,000 pesos.
Ya no alcanza con tener una política escrita en un manual.
Debería formar parte de la gestión de todos los días: de cómo la empresa se comunica con sus trabajadores, cómo los supervisa y cómo empatiza con ellos.
Así, escucharlos, detectar situaciones de riesgo y documentar lo que se hizo se vuelve un mismo proceso.

