
Hace unos años, la conversación sobre Recursos Humanos giraba alrededor de digitalizar la nómina o dejar atrás las hojas de cálculo. Hoy el debate es completamente distinto.
La inteligencia artificial está redefiniendo la manera en que las empresas reclutan, desarrollan y retienen talento. Sin embargo, Jaime Arrieta, cofundador y CEO de Buk, cree que el verdadero diferenciador ya no será la tecnología.
Serán las personas capaces de aprovecharla.
“Hoy la tecnología está disponible para todos. Lo que realmente genera ventaja competitiva es cómo la usas y cómo priorizas. Y eso sigue dependiendo de las personas”, explica durante la entrevista con Emprendedor.com.
La afirmación resume buena parte de la filosofía con la que Buk pasó, en menos de una década, de ser una startup chilena a convertirse en una de las plataformas de gestión de personas más importantes de América Latina. Actualmente opera en Chile, Perú, Colombia, México y Brasil, atiende a más de 10,000 empresas y administra información de más de dos millones de colaboradores.
De acuerdo con la información pública de la compañía, su plataforma integra procesos como reclutamiento, nómina, desempeño, capacitación, beneficios y comunicación interna en un solo sistema, incorporando además herramientas de inteligencia artificial para automatizar tareas repetitivas y facilitar la toma de decisiones.
Cuando se habla de IA suele aparecer la misma preocupación: qué empleos desaparecerán.
Arrieta prefiere hacer otra pregunta: ¿Qué actividades dejarán de consumir tiempo para que las personas puedan concentrarse en aquello que realmente aporta valor?
“Lo que estamos viendo es que la inteligencia artificial reemplaza principalmente el trabajo repetitivo. No reemplaza las relaciones humanas, la confianza, el contexto ni la toma de decisiones”, afirma.
El ejemplo que utiliza ocurre precisamente en el área de Recursos Humanos.
Mientras un reclutador podía dedicar horas a revisar cientos de currículums para un mismo puesto, hoy un sistema basado en IA puede filtrar candidatos, identificar afinidad con el perfil buscado e incluso contactar automáticamente a los postulantes para agendar entrevistas.
“El analista deja de perder tiempo escribiéndole a cientos de personas y puede concentrarse en conversar con quienes realmente tienen posibilidades de incorporarse a la empresa”, explica.
Ese fenómeno ya comienza a observarse fuera de Buk. Investigaciones recientes sobre adopción de inteligencia artificial generativa en Recursos Humanos de la Universidad Cornell muestran que las organizaciones están utilizando estos sistemas principalmente para automatizar búsquedas, resumir información y agilizar procesos administrativos, mientras que las decisiones sensibles siguen dependiendo del juicio humano y de la confianza que generan los equipos.
Si hay una lección que Jaime Arrieta repite durante la conversación es que expandirse a otro país no consiste en copiar una fórmula que ya funcionó.
Consiste, muchas veces, en aceptar que esa fórmula dejará de servir.
Buk nació en Chile, pero cuando comenzó su expansión hacia México descubrió que el reto no era únicamente adaptar el software.
También había que entender una legislación laboral distinta, una cultura organizacional diferente y expectativas completamente nuevas por parte de los clientes.
“Pensábamos que bastaba con traducir el producto y salir a vender. Nos dimos cuenta de que cada mercado tiene su propia forma de trabajar y tuvimos que reaprender muchas cosas”, recuerda.
Ese proceso obligó a la empresa a construir equipos locales, escuchar mucho más a los clientes y rediseñar partes importantes de la plataforma.
Para Arrieta, ese cambio de mentalidad terminó siendo una ventaja.
“Cuando uno entra creyendo que ya tiene todas las respuestas, normalmente se equivoca. Nosotros crecimos porque aprendimos a escuchar mucho más rápido”, explica.
La experiencia coincide con una de las principales conclusiones de los estudios sobre internacionalización de startups: las empresas que mejor se adaptan a nuevos mercados suelen ser aquellas que modifican su propuesta de valor a partir del aprendizaje local, en lugar de replicar de forma idéntica el modelo de su país de origen.
Hablar de innovación suele remitir a laboratorios, equipos especializados o grandes presupuestos.
Arrieta propone una idea distinta. Para él, una empresa innovadora no es la que tiene un área de innovación.
Es la que logra que cualquier colaborador pueda proponer mejoras.
“No creo mucho en tener un departamento encargado de innovar. La innovación tiene que ocurrir en toda la organización. Si depende de un solo equipo, ya llegaste tarde”, afirma.
Esa visión cobra especial relevancia en un momento en el que la inteligencia artificial está reduciendo la barrera de entrada para desarrollar nuevas herramientas.
Si la tecnología se vuelve cada vez más accesible, argumenta Arrieta, entonces la verdadera diferencia estará en la velocidad con la que una organización aprende, experimenta y corrige.
“Las herramientas estarán disponibles para todos. Lo difícil será construir equipos capaces de cuestionar constantemente cómo hacer mejor las cosas”, señala.
Diversas investigaciones apuntan en la misma dirección. Estudios recientes sobre el impacto de los agentes de IA muestran que, conforme estas tecnologías asumen tareas rutinarias, las habilidades con mayor valor económico pasan a ser la colaboración, el juicio, la creatividad y la capacidad de coordinar equipos humanos alrededor de nuevas formas de trabajo.
En esa lógica, el liderazgo también cambia.
Durante muchos años se esperaba que un director general fuera la persona con mayor conocimiento técnico de la organización.
Arrieta considera que ese modelo comienza a quedarse atrás.
“El líder ya no necesita saberlo todo. Necesita hacer las preguntas correctas, rodearse de gente mejor que él y crear un entorno donde esas personas puedan crecer”, explica.
Por eso insiste en que la inteligencia artificial no vuelve menos importantes a las personas. Las vuelve más relevantes.
Porque, cuando cualquier herramienta puede producir una respuesta en segundos, la diferencia estará en quién es capaz de interpretar el contexto, conectar ideas y decidir qué camino seguir.
Esa capacidad, sostiene, no depende de un algoritmo. Depende de las personas.
Uno de los cambios que más preocupa a Arrieta tiene que ver con quienes apenas comienzan su vida profesional.
Durante décadas, los puestos de entrada permitían desarrollar experiencia realizando tareas repetitivas que, con el tiempo, abrían la puerta a responsabilidades mayores.
La inteligencia artificial está modificando ese camino.
“Muchos trabajos junior consistían justamente en hacer resúmenes, revisar documentos o realizar tareas cognitivas sencillas. Hoy la IA puede hacerlo muy bien”, explica.
Eso no significa que los jóvenes tengan menos oportunidades.
Significa que deberán construirlas de otra forma.
Arrieta considera que quienes aprendan a implementar, supervisar y mejorar estas herramientas tendrán una ventaja frente a perfiles con mayor experiencia que aún no dominan este nuevo entorno tecnológico.
Más que competir contra la inteligencia artificial, propone aprender a trabajar con ella.
Porque, insiste, la experiencia técnica pierde valor cuando cualquier sistema puede resolverla en segundos.
La experiencia para formular las preguntas correctas, interpretar el contexto y tomar decisiones difíciles sigue siendo profundamente humana.
Cuando Jaime Arrieta comenzó Buk, no pensaba construir una empresa con presencia regional ni liderar a miles de colaboradores.
Su expectativa era mucho más modesta.
“Yo imaginaba una empresa pequeña, de unas diez personas, haciendo un buen producto y disfrutando el trabajo. Nunca pensé que terminaríamos construyendo una organización de este tamaño”, recuerda.
Con el tiempo entendió que emprender implica convivir con una paradoja permanente: mientras más crece una empresa, más importante resulta aprender a soltar. Delegar.
Aceptar que otras personas tomarán decisiones distintas.
Y construir una organización capaz de evolucionar incluso sin depender del fundador.
Para Arrieta, esa transición ha sido una de las lecciones más difíciles de aprender.
La conversación sobre inteligencia artificial suele centrarse en modelos, algoritmos y productividad.
Arrieta insiste en cambiar el enfoque.
Si todas las empresas tendrán acceso a herramientas similares, entonces la ventaja competitiva dejará de estar en la tecnología y pasará a quienes sepan construir mejores equipos.
“No creo que el futuro pertenezca a quien tenga más inteligencia artificial. Va a pertenecer a quien logre que las personas trabajen mejor junto con ella”, sostiene.
La idea coincide con el rumbo que está tomando la industria de Recursos Humanos.
Buk, por ejemplo, ha evolucionado de un software enfocado en nómina hacia una plataforma integral de gestión de personas que incorpora reclutamiento, desempeño, beneficios, capacitación y herramientas de IA para automatizar procesos y facilitar decisiones.
Al mismo tiempo, organismos internacionales y especialistas en gestión del talento coinciden en que las habilidades con mayor demanda durante los próximos años serán aquellas difíciles de automatizar: pensamiento crítico, liderazgo, colaboración, comunicación y aprendizaje continuo.
Para Arrieta, esa realidad obliga a replantear la forma en que las organizaciones desarrollan a su gente.
“No basta con contratar personas talentosas. Hay que crear espacios donde puedan aprender constantemente, equivocarse y adaptarse mucho más rápido que el mercado”, explica.
Cuando se le pregunta qué consejo le daría al Jaime Arrieta que comenzaba su carrera, la respuesta no gira alrededor del financiamiento, las ventas o la expansión internacional.
Habla del tiempo y de disfrutarlo.
“Me diría que disfrutara mucho más el proceso. Cuando uno emprende siempre está pensando en el siguiente objetivo y se olvida de celebrar todo lo que ya logró”, responde.
La reflexión resulta llamativa porque proviene de alguien que ha vivido el crecimiento acelerado de una startup tecnológica.
En lugar de definir el éxito únicamente por métricas de negocio, Arrieta insiste en que construir una empresa también implica construir una cultura donde las personas quieran quedarse, aprender y crecer.
Quizá esa sea la mayor enseñanza que deja la historia de Buk.
En una época marcada por la inteligencia artificial, la automatización y la transformación digital, es fácil pensar que el futuro pertenece a quienes desarrollen la mejor tecnología.
Jaime Arrieta propone una lectura distinta. Asegura que la tecnología seguirá cambiando a gran velocidad y las herramientas serán cada vez más accesibles. Pero las organizaciones que marcarán la diferencia serán aquellas capaces de desarrollar personas curiosas, adaptables y con criterio para tomar decisiones cuando ninguna inteligencia artificial tenga la respuesta correcta.
Porque, al final, el software puede automatizar procesos. La innovación, la confianza y el liderazgo siguen siendo profundamente humanos.

