
¿Un equipo de investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) rumbo a un continente congelado en nombre de la ciencia? Sí, y no es un capítulo de Star Trek. Investigadores del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) – Unidad Sinaloa del IPN se preparan para participar en una expedición científica en la Antártida dentro de un consorcio internacional que busca entender mejor cómo las Olas de Calor Marinas afectan el clima y los ecosistemas, incluyendo su impacto en regiones lejanas como el Golfo de California.
Su misión combinará clima, oceanografía y colaboración global, todo desde uno de los lugares más extremos del planeta.
Este año, cuatro investigadores del CIIDIR Sinaloa del IPN —Diana Cecilia Escobedo Urías, Andrea Patricia Manrique Cantillo, Enrique de Jesús Morales Acuña y Renato Leal Moreno— se suman a una expedición internacional en la península Antártica, en el marco de la Doceava Expedición Antártica de Colombia. La finalidad es estudiar el impacto de las Olas de Calor Marinas (OCM) sobre los procesos climáticos y oceanográficos en esa región y su relación con fenómenos que afectan el noroeste de México, como sequías y estrés térmico.
Las olas de calor marinas, que son aumentos sostenidos de temperatura en grandes cuerpos de agua, están bajo la lupa de climatólogos y oceanógrafos por su papel en la redistribución de energía y su influencia en patrones climáticos extremos. El equipo politécnico empleará datos satelitales, mediciones “in situ” y modelos de reanálisis para evaluar cómo estos eventos marinos pueden alterar ecosistemas y recursos hídricos.
La misión no es un esfuerzo aislado: se trata de un trabajo compartido con más de 20 proyectos científicos de universidades y centros de investigación de diversos países, entre ellos instituciones de Chile, Estados Unidos, Malasia, la Universidad de Idaho y otras de América Latina. La presencia del IPN representa a México en este esfuerzo conjunto por entender y enfrentar los efectos del cambio climático desde uno de los escenarios más desafiantes del planeta.
Para llegar a su destino, el equipo politécnico y sus colegas internacionales abordarán el rompehielos ucraniano Noosfera. Esta embarcación está equipada con laboratorios especializados, sistemas de navegación avanzados y capacidad para decenas de científicos y tripulantes. Esta nave ha sido clave en investigaciones previas en condiciones polares extremas y será la plataforma desde la cual se realizarán observaciones y recolección de datos durante aproximadamente un mes.
Uno de los momentos más retadores de la travesía será el cruce del Paso de Drake. Se trata del cuerpo de agua que separa la punta sur de Sudamérica de la Antártida. Esta región es conocida por sus corrientes oceánicas intensas, vientos huracanados y olas que pueden superar los 20 metros de altura. Es decir, este tramo es uno de los más peligrosos del mundo para la navegación.
Para enfrentar este ambiente adverso, los investigadores han tenido que cumplir con un estricto protocolo médico y psicológico. Esto garantiza que estén en las mejores condiciones para llevar a cabo su trabajo en uno de los entornos más extremos del planeta.
El proyecto específico del IPN se titula Caracterización de la estructura vertical de las Olas de Calor Marinas y su impacto en los procesos físico-químicos en dos regiones de la Península Antártica. La meta es comprender mejor cómo estos fenómenos oceánicos influyen en la distribución de calor y en las condiciones del océano en zonas remotas. Esto ayudará a entender las implicaciones para sistemas climáticos interconectados, incluida la costa del Pacífico mexicano.
Los resultados de esta investigación serán fundamentales para mejorar las predicciones climáticas. Es decir, ayudarán a diseñar estrategias de adaptación y fortalecer el conocimiento científico sobre fenómenos que ya están teniendo efectos sobre el agua dulce disponible.
Más allá de la aventura y los desafíos logísticos, la participación del IPN en esta misión antártica tiene un profundo valor académico y científico. Permite intercambiar conocimiento con equipos internacionales, integrar datos de frontera y posicionar a México dentro de la comunidad científica global.
Además, esta experiencia no solo representa una prueba científica, sino también una oportunidad de crecimiento profesional en ambientes extremos.

