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27-10-2026, 7:00:00 PM

¿Estás pagando más impuestos de los necesarios? Esta startup dice que muchos mexicanos sí

Stiven Rodríguez descubrió que cumplir con el SAT podía convertirse en software. Tras reenfocar Heru, ahora apuesta por freelancers, profesionistas y pequeños negocios que quieren declarar sin convertirse en contadores.

Stiven Rodríguez Sánchez es cofundador y actual CEO de Heru, plataforma mexicana de automatización fiscal.
Stiven Rodríguez Sánchez es cofundador y actual CEO de Heru, plataforma mexicana de automatización fiscal. © Cortesía

Un médico sabe atender pacientes.

Una diseñadora sabe construir una identidad visual.

Un conductor sabe moverse por la ciudad.

Ninguno necesariamente sabe calcular ISR, revisar deducciones, elegir el régimen fiscal correcto o recordar qué debe presentar ante el SAT cada día 17.

Sin embargo, convertirse en trabajador independiente en México puede implicar justamente eso: además de aprender a conseguir clientes, cobrar y administrar el negocio, hay que adquirir una especie de segundo empleo como contador aficionado.

Para Stiven Rodríguez Sánchez, cofundador y actual CEO de Heru, ahí existe el verdadero problema.

“No es que la gente no quiera pagar impuestos, es que no sabe cómo y le da miedo equivocarse”, explica en entrevista escrita con Emprendedor.com.

La startup convirtió esa ansiedad en producto.

Heru conecta información fiscal del usuario, analiza facturas, prepara declaraciones, permite generar CFDI y combina automatización con soporte humano cuando el caso sale de lo rutinario. Su sitio reporta actualmente más de 50,000 contribuyentes utilizando la plataforma.

El modelo parte de una idea que podría aplicarse mucho más allá del SAT: cuando algo es obligatorio, frecuente, complejo y aburrido, reducir la fricción puede convertirse en un negocio.

El impuesto puede ser complejo; el producto no debería serlo

Rodríguez describe el atractivo empresarial del problema casi como una paradoja.

Los impuestos son poco sexys. Precisamente por eso hay oportunidad.

“Cuando algo es aburrido, complicado y obligatorio, casi nadie lo quiere construir, pero todo el mundo lo necesita, cada mes y por años”, afirma.

Buena parte de la infraestructura que permite automatizar ese trabajo ya existe.

El SAT digitalizó facturas, declaraciones, buzón tributario y distintos servicios; las plataformas pueden utilizar esos datos para clasificar comprobantes y preparar obligaciones.

Heru intenta convertir todo ese entramado en tres pasos: conectar, revisar y aprobar.

La empresa ofrece planes para freelancers, profesionistas, personas en RESICO, pequeños negocios y trabajadores de plataformas. Su web muestra actualmente precios desde 249 pesos mensuales en algunos productos, con descuentos para pagos anuales.

No significa que el software elimine la responsabilidad fiscal.

De hecho, ahí aparece una de las líneas más importantes de toda la conversación.

La IA puede preparar tu declaración; el SAT seguirá preguntándote a ti

La inteligencia artificial puede clasificar facturas, encontrar posibles deducciones y comparar información rápidamente.

Pero una respuesta convincente de una máquina no transforma automáticamente una interpretación fiscal en correcta.

“Si el sistema clasifica mal un gasto, el que responde ante el SAT es el contribuyente, no ChatGPT”, advierte Rodríguez.

Heru plantea por eso un esquema híbrido: automatización para los procesos repetitivos, revisión humana para casos complejos y autorización del usuario antes de presentar información.

Esa precaución también aparece en sus términos de servicio.

La compañía señala que su software procesa la información proporcionada por el usuario y advierte que la exactitud del resultado depende también de que los datos entregados sean correctos. Es un matiz particularmente importante a medida que más productos financieros, legales y contables incorporan IA.

La startup comenzó atendiendo a trabajadores de plataformas y ahora concentra parte de su crecimiento en profesionistas independientes y pequeños negocios | Imagen: Cortesía
La startup comenzó atendiendo a trabajadores de plataformas y ahora concentra parte de su crecimiento en profesionistas independientes y pequeños negocios | Imagen: Cortesía

Automatizar una decisión no transfiere automáticamente la responsabilidad a la máquina.

La fricción puede explicar mejor el incumplimiento que la mala fe

Heru afirma haber encontrado una diferencia importante cuando reduce el número de pasos necesarios para declarar.

Rodríguez sostiene que, entre determinados contribuyentes analizados por la compañía, el cumplimiento de obligaciones puede pasar de alrededor de 25% a 97% cuando existe automatización, recordatorios y presentación simplificada.

La explicación del fundador es menos moral que operativa.

  • Una declaración se olvida.
  • Después se acumulan dos.
  • Luego cuatro.

En algún momento abrir el portal del SAT se parece más a descubrir qué hay detrás de una puerta que llevas meses evitando.

“Lo que cambia no es la persona, lo que cambió es la fricción al momento de querer cumplir”, dice.

La startup afirma además que uno de cada cuatro usuarios de RESICO analizados tenía al menos una declaración mensual de 2025 pendiente.

Elegir mal tu régimen fiscal también cuesta dinero

Otro problema ocurre antes incluso de presentar la declaración.

¿Estás en el régimen correcto?

Rodríguez asegura que un análisis de facturas reales realizado por Heru encontró que seis de cada 10 personas en Actividad Empresarial cuyos ingresos están debajo del límite actual de RESICO pagarían menos dentro del régimen simplificado.

En 2026, una persona física puede tributar en RESICO si realiza determinadas actividades empresariales o profesionales y sus ingresos del ejercicio anterior no superan 3.5 millones de pesos, entre otros requisitos.

Y aquí aparece un cambio importante que todavía está en proceso legislativo.

La Cámara de Diputados aprobó en octubre una reforma para elevar ese límite a 5 millones de pesos a partir de 2027, además de permitir bajo ciertas condiciones el regreso de contribuyentes que hayan salido por incumplimiento. Hasta el 26 de octubre, el dictamen había avanzado en comisiones del Senado, pero todavía requería aprobación del pleno y publicación en el Diario Oficial para convertirse en ley.

Formalizarse debería vender crecimiento, no miedo

¿Qué es más difícil: convencer a alguien de pagar impuestos o convencerlo de que formalizarse puede ayudarle a construir un negocio?

Rodríguez elige lo segundo.

“La mayoría ya sabe que tiene que pagar”, dice. “Lo que no ve es qué gana”.

La formalidad permite emitir facturas y comprobar ingresos; dependiendo del negocio y de las condiciones de cada institución, también puede facilitar relaciones comerciales con empresas que exigen CFDI o documentación fiscal.

El problema es de narrativa. Durante décadas la conversación comienza por la amenaza: multas, recargos, requerimientos.

Heru intenta vender otra promesa: cumplir para dejar de pensar en cumplir.

La idea explica también por qué la empresa ha construido relaciones con plataformas de trabajo digital.

Su sitio identifica alianzas con Uber, DiDi y Rappi para atender las necesidades fiscales de conductores y repartidores. Uber incluso enlaza a Heru desde su propia página de ayuda fiscal para socios.

Es una estrategia de distribución interesante: llegar al usuario dentro del ecosistema que generó su obligación fiscal.

Heru también tuvo que dejar de intentar resolverlo todo

La historia empresarial de la startup no fue una línea recta.

Heru nació de los exejecutivos de Uber Stiven Rodríguez y Mateo Jaramillo. En 2020 levantó US$1.7 millones para construir servicios para trabajadores independientes y posteriormente obtuvo una ronda semilla de US$6 millones liderada por Gradient Ventures, el fondo de Google enfocado en inteligencia artificial.

Heru combina software, inteligencia artificial y apoyo de especialistas para preparar declaraciones y facturación | Imagen: Cortesía
Heru combina software, inteligencia artificial y apoyo de especialistas para preparar declaraciones y facturación | Imagen: Cortesía

Pero años después apareció una lección incómoda: hacer muchas cosas no necesariamente significa construir una mejor empresa.

Rodríguez asumió la dirección general en 2024, en medio de una transición con su cofundador, y comenzó a reducir productos, costos y prioridades.

“Liderar es decidir qué no se hace y explicarlo bien al equipo”, dice.

La compañía llegó a una situación en la que tuvo que escoger entre seguir dispersando recursos o concentrarse en automatización fiscal.

Rodríguez resume otra de las lecciones con una frase que muchos fundadores podrían pegar sobre su escritorio:

“Crecer rápido en la dirección equivocada es peor que crecer despacio en la correcta”.

El giro parece haber producido resultados.

Una entrevista previa reportó que Heru había alcanzado 10 meses consecutivos de rentabilidad hasta mayo de 2026, antes de decidir volver a invertir agresivamente en crecimiento. Según Rodríguez, la empresa ha atendido a más de 55,000 personas y procesado más de 600,000 declaraciones.

Son cifras proporcionadas por el propio directivo, no estados financieros auditados públicamente.

Pero muestran algo importante: la disciplina no significó renunciar a crecer.

Significó elegir cuándo volver a pisar el acelerador.

El siguiente mercado de Heru quizá ya no sea el repartidor

La startup nació muy ligada a la economía de plataformas.

Ese mercado sigue siendo enorme.

Pero Rodríguez identifica ahora su mayor oportunidad en profesionistas independientes y pequeños negocios: médicos, abogados, arquitectos, consultores, despachos y consultorios.

La empresa asegura que hoy su prioridad continúa siendo México y que su penetración permanece por debajo de 1% de su mercado potencial. También evalúa eventualmente países como Chile y Brasil, aunque por ahora no opera comercialmente fuera de México.

La regla que utiliza Rodríguez para decidir si abrir otro frente parece particularmente sana:

¿Podemos resolverlo con el mismo producto o tendríamos que construir otra empresa dentro de la empresa?

Si la respuesta es la segunda, espera.

Para una startup financiada con venture capital, decir que no quizá sea una de las habilidades más difíciles de aprender.

El producto final no son impuestos

Heru puede describirse como software fiscal. También puede presentarse como fintech, taxtech o automatización contable.

Rodríguez utiliza otra definición.

“El producto es la tranquilidad”.

Tiene sentido.

Nadie se despierta un sábado emocionado porque hoy podrá presentar IVA. El usuario no necesariamente quiere convertirse en experto fiscal. Quiere atender pacientes, entregar diseños, manejar, vender o crecer su negocio sin descubrir seis meses después que olvidó una obligación.

Ese es posiblemente el aprendizaje más útil detrás de Heru:

Hay negocios que nacen construyendo algo que la gente desea. Otros pueden construirse eliminando algo que la gente detesta.

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autor Periodista web amante de los negocios y los cómics. Martha Violante es maestra por la Universidad Panamericana. Cuenta con una carrera de 17 años en estrategía editorial digital y creación de contenido sobre negocios, innovación y cultura digital en México. Ha entrevistado a figuras de la talla de Randi Zuckerberg, Daniele Lamarre, Zoe Saldana, entre otros. Ha trabajado en medios como Entrepreneur en Español e Inglés, Alto Nivel, Cine PREMIERE, México Desconocido, entre otros.