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Ya fracasé, ¿y ahora qué hago?

El emprendedor no puede evitar enfrentarse al fracaso. Lo importante es recordar que los fallos son inevitables para adquirir una nueva habilidad.

El fracaso es parte inevitable de aprender.
El fracaso es parte inevitable de aprender. © Depositohotos.com

Aunque ya comenzamos a normalizar el fracaso como un paso necesario (e inevitable) del aprendizaje, todavía nos cuesta asimilarlo; es normal, a nadie nos gusta fallar en lo que hacemos y, menos aún, si es algo que nos apasiona y en lo que hemos enfocado nuestros recursos de todo tipo: desde los emocionales hasta los monetarios.

Cuando emprendemos, no es cuestión de “si fracasamos”, sino “cuándo”. Los fallos pueden ser desde controlables que no impacten la práctica hasta tener que tomar decisiones drásticas.

Lo importante es recordar que es parte de un ciclo de adquirir una habilidad y de nuestro crecimiento personal. Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo realiza (y falla).

¿Qué hacer ante el fracaso?

Reconoce la pérdida

Como cualquier proceso humano, necesitamos tiempo para asimilar qué pasó. Es importante dar espacio a las emociones para identificarlas y usarlas a nuestro favor: es parte de nuestro propio crecimiento tanto como personas y como emprendedores. No sobrepensar, autoculparse o buscar culpables es fundamental en esta etapa.

No lo arregles si no está roto

Cuando fracasamos, la primera tentación es partir de cero, sin reconocer lo realizado previamente, lo que es un desperdicio de recursos. Es necesario establecer, lo más objetivamente posible, qué sí funcionó para poderlo replicar, fortalecer y considerar si nos ayuda a solucionar un nuevo reto o tiene potencial para convertirse en un nuevo emprendimiento.

Aplica los aprendizajes ante el fracaso

Cuando somos niños y nos caemos, lo primero que nos dicen es: vuélvelo a hacer. Iniciar un nuevo proyecto es una oportunidad de poner en práctica las habilidades personales que desarrollamos y el conocimiento que adquirimos, que puede ir desde escoger contadores, desarrollar procesos, hacer un catálogo de servicios, fortalecer un plan de negocios.

Uno de los consejos más recurrentes para los emprendedores es dedicar tiempo a saber qué es lo que les impulsa, porque no puede ser sólo el dinero. Debe ser un motor que nos permite iniciar una aventura que no siempre sale bien, y es lo que nos sostiene ante los -inevitables- malos ciclos que enfrentan todos los negocios.

Lo importante es que ese motor que nos impulsó una primera vez, no se apaga. Evoluciona.
Y requiere de mucha valentía, tiempo y amor para reiniciarlo y dar el paso hacia una nueva aventura.

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