
¿Estamos realmente a 85 segundos del fin del mundo? No, no es la trama de la próxima película de Hollywood dirigida por Nolan, aunque suene igual de dramático. Científicos han movido la manecilla del Reloj del Juicio Final, ese símbolo global que nos dice —como si fuera el conteo regresivo de la realidad— cuán cerca estamos de una catástrofe provocada por nosotros mismos. En 2026, el famoso Doomsday Clock quedó a 85 segundos de la medianoche, lo más cerca de la “hora cero” que ha estado desde su creación en 1947.
Para empezar, no hay un cronómetro real listo para detonar la Tierra (¡aún!). El Reloj del Juicio Final o Doomsday Clock es una metáfora creada por el Bulletin of the Atomic Scientists para representar cuán cerca está la humanidad de una “catástrofe global” causada por decisiones humanas. La “medianoche” simboliza un desastre total, y cuanto menos tiempo quede en el reloj, más alarmante es el diagnóstico.
Este reloj se ajusta cada año desde 1947, cuando se creó con base en el temor a la guerra nuclear tras la Segunda Guerra Mundial. Originalmente medía minutos, pero en los últimos años ha pasado a señalar segundos debido al aumento de peligros interconectados.
El 27 de enero de 2026, la junta de científicos adelantó el reloj a 85 segundos antes de la medianoche, acercándose más que nunca en su historia de casi 80 años. Antes de este ajuste, en 2025 la marca estaba en 89 segundos, también un récord en su momento.
Este cambio se debe a múltiples amenazas globales que se han intensificado simultáneamente: el aumento de tensiones entre potencias nucleares, el cambio climático sin control, el uso no regulado de inteligencia artificial y riesgos biológicos emergentes, entre otros factores.
La presidenta del Bulletin, Alexandra Bell, resumió la percepción de los científicos claramente: “Los riesgos catastróficos están en aumento y la cooperación global está en declive”, lo que, según ella, exige acciones urgentes de líderes y ciudadanos.
Aunque la sombra de las armas nucleares sigue siendo una de las razones principales para adelantar el reloj, no es la única. Los expertos han incorporado amenazas modernas:
Este cóctel de peligros hace que el reloj no solo mida un riesgo aislado, sino la convergencia de múltiples amenazas existenciales que podrían desencadenarse en cascada si no se enfrentan con decisión colectiva.
Es importante subrayar: el Doomsday Clock no predice una catástrofe inminente como si fuera una cuenta regresiva de una bomba. Más bien es una herramienta simbólica para alertar sobre tendencias peligrosas y fomentar la acción política y social.
El reloj pretende provocar debate y presión para que los gobiernos, empresas y ciudadanos tomen decisiones que reduzcan esos riesgos —desde tratados de armas hasta políticas climáticas y regulaciones tecnológicas— antes de que sea demasiado tarde.
Los científicos que ajustan este reloj cada año no proponen fatalismo, sino urgencia y responsabilidad. Argumentan que aún hay tiempo —aunque corto— para:
