
Una nueva y preocupante modalidad de fraude se expande silenciosamente en las ciudades: las estafas con etiquetas de paquetería. Los delincuentes ya no buscan solo aparatos electrónicos o metales en la basura. Su nuevo objetivo son las etiquetas en las bolsas y cajas de paquetería desechadas, un tesoro de información personal. Esta práctica, conocida como ‘dumpster diving’ o ‘trashing’, marca el inicio de sofisticados fraudes.
Los estafadores recolectan etiquetas de empresas como Amazon, Mercado Libre o Shein de los contenedores. Esos pequeños pedazos de papel contienen datos completos: nombre, dirección exacta, número de teléfono y a veces hasta referencias de localización.
Con esta información en mano, el siguiente paso es un contacto fraudulento pero creíble. La víctima recibe una llamada o mensaje afirmando ser de la paquetería.
“Buenas tardes, venimos de Amazon. Hubo un problema con su entrega”. Esta frase, citando datos reales, genera una confianza inmediata en la persona, explican desde Infobae.
La Policía Cibernética ha documentado casos donde la información se obtiene directamente de la basura. Por su parte, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) ha alertado sobre el aumento de fraudes con estos métodos.
Explican que la posesión de datos verídicos por parte del estafador brinda legitimidad al ataque y desactiva las alertas de la víctima. Además, la urgencia por resolver un supuesto problema con un pedido real también hace que “bajen la guardia’.
Si la víctima no cae en la primera llamada, los defraudadores pueden escalar el ataque. El siguiente paso es enviar un paquete no solicitado a la dirección que obtuvieron de la etiqueta.
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Al abrirlo, la persona encuentra un artículo sin valor acompañado de un código QR. Escanear ese código es el error crítico, ya que instala malware en el dispositivo móvil. Este software malicioso puede robar contraseñas, correos e incluso acceder a fotografías.
El peligro final de las estafas con etiquetas es el robo de identidad completa. Con tu nombre, dirección y teléfono, los criminales pueden solicitar reemplazo de tarjetas, abrir cuentas en línea o pedir préstamos.
¿Cómo podemos protegernos de esta amenaza que comienza en el bote de basura? La respuesta está en la destrucción meticulosa de toda etiqueta. No basta con romperla por la mitad: debe hacerse completamente ilegible.
Los expertos ofrecen consejos prácticos y directos para minimizar los riesgos:
La clave de esta estafa es la combinación de un descuido cotidiano con técnicas psicológicas precisas. Al tirar una etiqueta intacta, regalamos las llaves de nuestra identidad digital.
La protección comienza con un gesto simple: tratar cada etiqueta como un documento confidencial. Compartir esta información es fundamental para crear una barrera comunitaria contra este fraude, convirtiendo la conciencia en la mejor defensa.
