
Alfonso Bonfiglio y Ricardo Flores enfrentaron una realidad que muchos profesionales temen: quedarse sin empleo después de los 50 años. En el año 2000, en Argentina, ambos ejecutivos perdieron sus puestos directivos cuando la crisis económica golpeó con fuerza al país. Entonces decidieron emprender a los 55 años y sin dinero, utilizando como principal recurso su experiencia acumulada.
Alfonso había sido director de Tecsa, mientras que Ricardo ocupaba la gerencia de producción de Fademac, una empresa dedicada a la fabricación de pisos vinílicos. Ambos tenían trayectorias exitosas, posiciones privilegiadas y décadas de experiencia, pero de pronto descubrieron que regresar al mercado laboral sería mucho más complicado de lo que imaginaban.
“Fue un golpe muy duro y más cuando no tienes nada preparado”, recuerda Alfonso Bonfiglio. Después de años de liderazgo empresarial, pasó de dirigir una compañía a buscar una nueva oportunidad profesional. Ricardo, por su parte, pensaba jubilarse en la empresa donde había trabajado durante 34 años, pero la crisis cambió completamente sus planes.
En la crisis económica de argentina de 2001, miles de compañías cerraron, lo que generó un desempleo histórico. Durante meses, Alfonso y Ricardo intentaron reinsertarse en el mercado laboral, pero cada semana la realidad era más desafiante.
Ante la falta de alternativas, ambos empresarios tomaron una decisión determinante: crear su propia empresa. Así nació Anclaflex en 2001, precisamente cuando parecía el peor momento para iniciar un negocio. Sin embargo, para ellos emprender era una necesidad para generar ingresos.
El primer producto que fabricaron fue una masilla para placas de roca de yeso, un material utilizado en la construcción para unir y preparar superficies. Con recursos limitados y prácticamente desde cero, comenzaron a producir en un garaje de forma casera y después salieron personalmente a vender a obras y distribuidores.
La sociedad surgió de una conversación sencilla entre amigos. Alfonso y Ricardo coincidían en reuniones y un día se preguntaron: “¿Por qué no hacemos algo juntos?”. Con pocos ahorros disponibles, tuvieron que elegir cuidadosamente un producto que pudieran fabricar, vender y escalar con los conocimientos técnicos que ya tenían.
Después de 25 años de historia, hoy Anclaflex se ha consolidado como una empresa referente en fabricación y comercialización de revestimientos para la construcción.
Estos dos excolegas demostraron que la experiencia es el mejor capital semilla cuando el mercado laboral da la espalda por la edad. Hoy su empresa Anclaflex factura millones, emplea a decenas de personas y exporta productos de calidad manufacturados bajo normas internacionales.
Estas son algunas lecciones de negocio que dejan Alfonso Bonfiglio y Ricardo Flores para quienes buscan emprender, sin importar su edad o industria:
Los emprendedores mayores de 50 años poseen conocimientos, experiencia y habilidades desarrolladas durante años de trabajo. Ese talento representa una oportunidad para crear negocios con mayor madurez estratégica y comprensión del mercado.
Anclaflex construyó su reputación apostando por productos confiables. Para cualquier emprendedor, la calidad debe convertirse en una carta de presentación y en una promesa constante para los clientes.
La empresa combinó experiencia industrial con nuevas tecnologías y técnicas de producción. Innovar no significa abandonar lo aprendido, sino aprovechar el conocimiento acumulado para crear mejores soluciones.
Emprender implica enfrentar incertidumbre, cambios económicos y momentos difíciles. La capacidad de adaptarse, reducir riesgos y encontrar soluciones rápidas puede definir la permanencia de un negocio.
Frente a la presión de grandes distribuidores, los empresarios aprendieron la importancia de proteger la rentabilidad. Vender más no siempre significa crecer si el negocio pierde capacidad financiera.
El crecimiento sostenible requiere invertir en procesos, infraestructura y atención al cliente. Una empresa debe evolucionar para responder a nuevas demandas sin perder eficiencia.
Anclaflex apostó por métodos de energía renovable en su fábrica. Esta decisión demuestra que la sustentabilidad puede formar parte de una estrategia empresarial responsable y competitiva.
Los mercados cambian constantemente. Por ello, los emprendedores deben actualizar conocimientos, aprender nuevas herramientas y preparar a sus equipos para los desafíos futuros.
Además de fabricar productos, Anclaflex impulsa acciones de capacitación para enseñar técnicas de pintura y revestimiento a la comunidad. Compartir conocimiento también puede convertirse en una forma de fortalecer el entorno empresarial.
La historia de Anclaflex demuestra que las crisis pueden abrir caminos inesperados. Identificar necesidades del mercado y actuar con determinación permite transformar momentos difíciles en nuevos comienzos.
La historia de Alfonso Bonfiglio y Ricardo Flores demuestra que emprender a los 55 años con éxito es posible gracias a la experiencia acumulada durante décadas. El conocimiento puede convertirse en la base para crear una empresa, generar empleos y aportar soluciones al mercado.
“La gente dice que hay que prepararse para la crisis, pero siempre vivimos en adversidades. La verdad es que en todo momento se puede emprender. Emprender a los 55 años no significa comenzar desde cero, significa comenzar desde la experiencia”, señala Alfonso Bonfiglio.
La edad no define el límite de un emprendedor. La determinación es el verdadero motor para crear una empresa.
Encuentra más inspiración:



