
Elon Musk reconoció algo que hace unos años habría parecido impensable: su apuesta de que todas las grandes armadoras del mundo correrían a comprar la tecnología de conducción autónoma de Tesla no se cumplió. Tras prometer acuerdos millonarios por la licencia de su sistema Full Self-Driving (FSD) y asegurar que las demás marcas “no tendrían opción” más que adoptarlo, hoy admite que nadie quiere firmar. Mientras tanto, el proyecto más ambicioso de la compañía enfrenta investigaciones de seguridad, reguladores escépticos y una adopción más lenta de lo esperado.
En días recientes, Elon Musk reconoció públicamente que su expectativa de que “todas” las armadoras quisieran licenciar el Full Self-Driving de Tesla no se cumplió. En un mensaje en X (antes Twitter), el directivo afirmó que ha intentado advertir a los fabricantes tradicionales y que incluso les ofreció licenciar el FSD, pero que “no lo quieren”.
Musk se quejó de que, cuando alguna automotriz se acerca, lo hace para hablar de programas pequeños, a varios años de distancia y con requisitos que él califica de “inviables” para Tesla. De acuerdo con medios especializados, ésta es la primera vez que el CEO admite abiertamente que, después de años de ofertas, no hay un solo acuerdo de licencia firmado para FSD.
La confesión supone un giro respecto a su discurso de años anteriores, cuando aseguraba que las demás marcas “no tendrían más remedio” que adoptar la tecnología de Tesla si querían sobrevivir a la era de la conducción autónoma.
La idea de un acuerdo billonario por licencias de FSD no surgió de la nada. Desde 2020, Musk venía hablando de “pláticas preliminares” con otros fabricantes para integrar el software de Tesla en autos de terceros.
En la llamada con inversionistas del primer trimestre de 2024, el directivo reveló que la empresa estaba en conversaciones con “un gran fabricante de automóviles” y aseguró que había “buenas probabilidades” de firmar un primer acuerdo de licencia antes de que terminara ese año.
Medios especializados especularon que podría tratarse de Ford, a partir de la relación pública entre Musk y el CEO Jim Farley; sin embargo, ninguna de las partes confirmó el nombre y el acuerdo nunca se anunció.
En paralelo, Musk llegó a señalar en redes sociales que los ingresos por licencias de FSD podrían, con el tiempo, superar las utilidades del negocio automotriz tradicional de Tesla, lo que convertía este esquema en una apuesta de varios miles de millones de dólares en el largo plazo.
Hoy, con cero contratos firmados, esos acuerdos prometidos se ven más como “licencias fantasma” que como la palanca de crecimiento que muchos inversionistas habían imaginado.
La tecnología de la que Musk habla es el Full Self-Driving (FSD), una suite avanzada de asistencia al conductor basada en cámaras, sensores y modelos de inteligencia artificial entrenados con millones de kilómetros de datos. Aunque el nombre sugiere autonomía total, reguladores estadounidenses siguen considerando a FSD como un sistema de nivel 2: el auto puede encargarse de muchas tareas, pero el conductor debe estar atento y listo para tomar el volante en cualquier momento.
En Estados Unidos, la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras (NHTSA) abrió investigaciones sobre casi tres millones de vehículos equipados con FSD tras reportes de autos que se pasaban semáforos en rojo, circulaban en sentido contrario y se involucraban en choques con vehículos estacionados o de emergencia.
Tesla también se ha enfrentado a demandas por accidentes vinculados a Autopilot y FSD; en uno de los casos más sonados, un jurado ordenó a la compañía pagar 242 millones de dólares por un choque mortal relacionado con su sistema de asistencia, fallo que la empresa ya dijo que apelará.
