
Hay derrotas que se olvidan con el tiempo y otras que terminan convirtiéndose en parte de la identidad de una afición. Para millones de mexicanos, el “No Era Penal” de Brasil 2014 pertenece a la segunda categoría.
Durante años, aquella caída de Arjen Robben en el área, el silbatazo del árbitro y el penal convertido por Klaas-Jan Huntelaar quedaron grabados como uno de los episodios más dolorosos en la historia reciente del Tri. Pero el fútbol tiene una extraña capacidad para ofrecer segundas oportunidades. Y apenas unos meses después de aquella herida, México encontró una forma de responder: en la casa de Holanda, con Carlos Vela de regreso y con una victoria que, aunque no cambió la historia, sí ayudó a aliviarla.
El 29 de junio de 2014 parecía ser el día en que México finalmente rompería la maldición del quinto partido.
La Selección dirigida por Miguel Herrera había superado la fase de grupos del Mundial de Brasil tras vencer a Camerún, empatar con el anfitrión Brasil y derrotar con autoridad a Croacia. El equipo jugaba bien, Guillermo Ochoa vivía uno de los mejores torneos de su carrera y la ilusión nacional estaba en su punto más alto.
Entonces llegó Holanda.
México tomó ventaja gracias a un gol espectacular de Giovani dos Santos al inicio del segundo tiempo. Durante más de una hora, el sueño parecía posible.
Pero el futbol suele ser cruel con quienes no aprovechan sus oportunidades.
A falta de pocos minutos para el final, Wesley Sneijder empató el encuentro. Y cuando todo apuntaba a los tiempos extra, apareció la jugada que cambiaría para siempre la conversación alrededor de aquel Mundial.
Arjen Robben cayó dentro del área tras una acción defensiva de Rafael Márquez. El árbitro portugués Pedro Proença señaló penal y Huntelaar convirtió el 2-1 definitivo.
México quedó eliminado.
La polémica explotó inmediatamente.
Las redes sociales se llenaron de memes, reclamos y análisis arbitrales. El hashtag “No Era Penal” se convirtió en una de las expresiones más reconocibles de la cultura futbolística mexicana. Incluso años después seguía apareciendo en camisetas, pancartas y conversaciones alrededor de la Selección.
La controversia creció cuando Robben reconoció públicamente que había simulado una caída durante el primer tiempo, aunque insistió en que la jugada del penal sí había sido legítima.
Más recientemente, la discusión volvió a encenderse cuando el exseleccionado neerlandés Wesley Sneijder declaró que, en su opinión, aquella acción no debió marcarse como penal.
Lo que pocos imaginaban era que la oportunidad de responder llegaría apenas unos meses después.
El 12 de noviembre de 2014, México visitó a Holanda en un partido amistoso disputado en Ámsterdam. Sobre el papel era un encuentro de preparación. Para los aficionados mexicanos, era mucho más que eso.
La narrativa estaba servida: el rival era el mismo que había eliminado al Tri en Brasil y el recuerdo seguía fresco.
Pero había un ingrediente adicional.
Aquella noche también marcó el regreso de Carlos Vela a la Selección Mexicana.
Después de años rechazando convocatorias, incluyendo el Mundial de Brasil 2014, el atacante de la Real Sociedad volvía a vestir la camiseta nacional.
Y decidió hacerlo a lo grande.
Apenas al minuto ocho Vela abrió el marcador con un disparo desde fuera del área. Más adelante firmaría un doblete que terminaría siendo determinante para la victoria mexicana.
Holanda reaccionó y logró empatar parcialmente gracias a Sneijder, pero México mantuvo la calma.
Un pase de Jesús Corona permitió a Vela marcar nuevamente y poco después Javier Hernández amplió la ventaja para colocar el marcador 3-1. Aunque Daley Blind descontó en la recta final, el conjunto mexicano resistió la presión neerlandesa y selló una victoria por 3-2.
La prensa internacional interpretó el resultado como una especie de revancha simbólica. ESPN destacó el impacto del regreso de Vela y el crecimiento de una nueva generación del Tri.
Ningún amistoso puede cambiar una eliminación mundialista. Pero sí puede modificar el relato emocional que deja una derrota.
La victoria sobre Holanda en Ámsterdam no borró el penal de Robben, ni entregó a México el quinto partido que tanto anhelaba.
Sin embargo, sí logró algo igual de importante para millones de aficionados: demostrar que el fútbol siempre ofrece una nueva oportunidad para responder.
Quizá por eso aquella noche sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva. Porque más allá del marcador, representó una pequeña reivindicación. El día en que México miró a Holanda a los ojos, regresó a su estadio y le recordó que las heridas del fútbol nunca desaparecen del todo… pero algunas sí pueden cicatrizar.

