
Los muñecos Labubu, esos pequeños peluches coleccionables que cuelgan de bolsos de lujo y dominan TikTok, han pasado de ser un fenómeno viral a convertirse en un inesperado indicador de recesión. Economistas y analistas de consumo han comenzado a señalar que su popularidad podría reflejar un patrón típico de épocas de incertidumbre financiera: el aumento en la compra de pequeños “lujos accesibles”.
El personaje fue creado por el artista hongkonés Kasing Lung y comercializado globalmente por la firma china Pop Mart a través del formato de cajas sorpresa o blind boxes. Durante 2025 y 2026, el juguete se convirtió en un objeto de culto entre celebridades e influencers, lo que impulsó su demanda en ciudades como Nueva York, Dubái, Seúl… y el resto del mundo.
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Sin embargo, detrás de su apariencia adorable, algunos economistas ven un fenómeno bastante conocido en la teoría del consumo. Según reportes de medios como el New York Post, el furor por estas figuras ha generado una economía secundaria de reventa que mueve millones de dólares anualmente. Señalan que el frenesí por estos muñecos podría ser una señal de que los consumidores están cambiando sus hábitos de gasto ante un contexto económico más incierto.
Especialistas han comenzado a llamar a este patrón el ‘Efecto Labubu, comparándolo directamente con el histórico ‘Lipstick Index’ o ‘Efecto Labial’ de crisis anteriores. La idea central es que, ante la imposibilidad de adquirir bienes costosos, las personas buscan pequeñas recompensas de dopamina que resulten mucho más accesibles.
La lógica detrás de esta teoría no es nueva. En economía del consumo existe un concepto llamado ‘Lipstick index’ o índice del lápiz labial, popularizado a principios de los años 2000 por Leonard Lauder, entonces presidente de Estée Lauder. El término describe cómo, durante periodos de incertidumbre económica, los consumidores reducen gastos grandes pero mantienen compras pequeñas que les brindan satisfacción emocional.
De acuerdo con un análisis citado por NBC Washington, este tipo de comportamiento ocurre porque las personas siguen buscando recompensas simbólicas incluso cuando ajustan su presupuesto. En lugar de comprar un bolso de lujo o unas vacaciones costosas, optan por artículos más baratos que aún transmiten estatus o placer inmediato.
Ahí es donde entran los Labubus. Estos peluches coleccionables se han vuelto un accesorio de moda que muchos cuelgan de bolsos de diseñador. Suelen costar entre 20 y 40 dólares (unos $400 a $800 pesos mexicanos). No obstante, en el mercado secundario de reventa, las piezas raras alcanzan fácilmente los $400 dólares (casi $8,000 pesos).
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El economista David Lang, jefe del Departamento de Economía de la Universidad Estatal de Sacramento, explicó para The New York Post este tipo de compras encaja con el patrón de consumo típico previo a una desaceleración económica.
Lang sostiene que, en contextos de incertidumbre, las personas sustituyen compras grandes por “pequeños flex”, objetos accesibles que permiten mantener una sensación de lujo sin gastar demasiado.
La popularidad de los muñecos Labubu también coincide con un fenómeno cultural más amplio: el auge de los llamados ‘indicadores de recesión’ (recession indicators) en redes sociales. En plataformas como TikTok o X, usuarios jóvenes han comenzado a identificar señales aparentemente absurdas que, según ellos, anticipan una crisis económica.
Entre estos indicadores virales aparecen desde el regreso de modas antiguas hasta el aumento en ventas de cosméticos baratos. En ese contexto, los Labubus se convirtieron en uno de los ejemplos más citados. Reportes sobre tendencias económicas en redes, citados por The Economic Times, indican que muchos interpretan el furor por estos juguetes como una señal de ansiedad financiera colectiva disfrazada de consumo cultural.
Sin embargo, economistas advierten que este tipo de señales no deben tomarse como indicadores formales. Las recesiones se determinan mediante métricas macroeconómicas más complejas, como empleo, producción industrial o gasto del consumidor, criterios utilizados por instituciones como el National Bureau of Economic Research.
Pese a los altos costos de importación, los aranceles y otros factores, la venta de muñecos Labubu no parece detenerse, incluso con el poder adquisitivo estancado.
Tara Sinclair, directora del Departamento de Economía de la Universidad George Washington, explicó a NBC Washington que estos indicadores, aunque parezcan extraños, tienen una validez subyacente real. Afirma que si el mercado nota que las personas regalan más Labubus en lugar de ropa de lujo o electrónicos, es señal clara de que el gasto se ha recortado drásticamente.
Además, la escasez programada de ciertos modelos fomenta una cultura de inversión especulativa donde los usuarios esperan que sus piezas aumenten de valor con el tiempo.
En Latinoamérica, la fiebre por los Labubus ha impulsado la apertura de tiendas físicas donde el inventario de Labubus se agota en tiempo récord. En México, la apertura de tiendas oficiales ha provocado filas de espera de hasta 5 horas, reflejando una necesidad colectiva de gratificación instantánea frente a la inflación persistente.
Esta dinámica de mercado crea una burbuja de consumo que se alimenta de nostalgia y deseo de estatus en redes sociales. Estos factores indican que, mientras las tasas de interés sigan elevadas, estos pequeños monstruos de peluche serán un refugio financiero emocional para muchos.


