
En un contexto urbano donde los alquileres suben, la soledad aumenta y las formas tradicionales de vivienda parecen incapaces de responder a las nuevas realidades laborales y sociales, emerge con fuerza el coliving: un modelo de convivencia que fusiona privacidad y comunidad, y que está revolucionando la vivienda al estilo de las antiguas vecindades con enfoque contemporáneo. Este fenómeno no solo ofrece una alternativa asequible de alojamiento en ciudades globales, sino que reactiva, en clave moderna, la experiencia colectiva de habitar.
El coliving —del inglés co-living o “vivir juntos”— es un modelo de vivienda colaborativa donde los residentes tienen habitaciones privadas pero comparten extensas áreas comunes diseñadas para fomentar la interacción social, como cocinas, salas de estar, zonas de coworking y áreas de ocio. A diferencia de la vivienda tradicional, donde la convivencia con vecinos es incidental, el coliving pone la comunidad como eje del diseño de la vida habitacional.
Este concepto renueva la idea de vecindad: no se trata solo de compartir espacio físico, sino experiencias, servicios y actividades que generan vínculos entre personas de diversos orígenes y etapas de vida.
Varias tendencias convergen para explicar por qué el coliving ha crecido exponencialmente en mercados urbanos. En primer lugar, el aumento sostenido de los costos de vivienda hace que modelos tradicionales de alquiler sean inaccesibles para muchos jóvenes y profesionales.
Además, la flexibilidad del trabajo remoto y las carreras globales demandan soluciones habitacionales que no impliquen contratos de largo plazo.
Según estimaciones del mercado, el sector global de coliving podría duplicar su tamaño para 2030, reflejo de una demanda creciente por soluciones asequibles y con servicios incluidos.
Aunque inicialmente asociado a millennials, estudiantes y nómadas digitales, el perfil de quienes eligen coliving se ha expandido. Hoy incluye profesionales jóvenes, freelancers, expatriados, e incluso segmentos como familias pequeñas o adultos mayores en variantes especializadas. Esto refleja cambios sociales donde flexibilidad, comunidad y conexiones significativas pesan tanto como el precio de la vivienda.
Los espacios de coliving suelen ofrecer servicios integrados: limpieza, mantenimiento, internet de alta velocidad, y actividades comunitarias o eventos sociales que fomentan la interacción entre residentes. Además, los contratos flexibles permiten estancias desde unas semanas hasta meses, un aliciente para profesionales que cambian de ciudad o ciclo de vida.
Así, el coliving combina privacidad individual con experiencias de comunidad intencional, un contraste con la típica vivienda urbana donde vecinos ni siquiera se conocen.
A pesar de sus virtudes, el coliving no está exento de controversias. En ciudades europeas como París, críticos señalan que la transformación de viviendas familiares en coliving puede generar gentrificación, expulsión de residentes tradicionales y aumentos de renta disfrazados de servicios incluidos.
También existen debates sobre si este modelo está mercantilizando la convivencia, alejándolo de sus raíces colaborativas para centrarse en rentabilidad inmobiliaria y modelos de negocio.
El coliving se presenta como una evolución moderna del concepto de vecindad, adaptado a las necesidades de una sociedad urbana, móvil y conectada. Con su mezcla de espacios privados, servicios integrados y comunidad intencional, ofrece soluciones relevantes ante los retos del mercado de vivienda, la soledad urbana y la flexibilidad laboral.
Sin embargo, también enfrenta desafíos en términos de regulación y equidad social.
Su crecimiento continuará redefiniendo la manera de vivir en comunidad, sin perder de vista el delicado equilibrio entre confort, costo y convivencia.
