
En un mundo donde aceptar términos y condiciones se ha vuelto un reflejo automático, Nathalia Landeta detectó una paradoja incómoda: las empresas necesitan datos para operar, pero los usuarios han perdido casi por completo el control sobre ellos.
“En el mundo digital, tus datos son la llave de tu casa”, me dijo durante la entrevista. Y esa idea —simple, pero contundente— es el punto de partida de Certena, una startup que busca convertir la privacidad en un modelo de negocio y, al mismo tiempo, en una nueva relación de poder entre empresas y usuarios.
La historia de Certena no comienza con una idea disruptiva, sino con una brecha evidente.
“Las empresas quieren cumplir con la regulación, pero no logran hacerlo de forma eficiente”, explica Landeta.
Ese desfase entre lo que exige la ley y lo que permite la operación tecnológica es hoy uno de los principales retos del entorno digital. De acuerdo con Pew Research Center, el 81% de las personas siente que tiene poco o ningún control sobre sus datos personales.
En ese contexto, Certena se posiciona como un “buró de privacidad”: una plataforma que conecta empresas y usuarios a través de la gestión del consentimiento.
El modelo es claro: las empresas pagan por utilizar la plataforma y gestionar el consentimiento de sus usuarios, mientras que el acceso para las personas es gratuito.
Pero más allá del modelo B2B, la propuesta es conceptual. “La data no es de las empresas. Es del cliente”, sostiene Landeta.
Certena permite que el usuario vea quién tiene su información, para qué la usa y, sobre todo, que pueda revocar ese acceso cuando lo desee.
Este cambio no es menor. Según estudios de Datacrédito Experian, el 62% de los usuarios teme que sus datos se utilicen para fines distintos a los autorizados.
La urgencia del problema no es teórica. En América Latina, las sanciones por mal manejo de datos han crecido de forma sostenida. En Colombia, por ejemplo, las multas pueden alcanzar millones de dólares y generar daños reputacionales significativos .
Además, el auge de modelos como el open banking y la inteligencia artificial ha incrementado el volumen y la sensibilidad de la información que circula.
“Estamos entrando en una etapa donde la privacidad deja de ser un tema técnico para convertirse en parte de la experiencia digital”, explica Landeta.
El nacimiento de Certena también tiene una historia personal. Antes de emprender, Landeta pasó más de dos décadas liderando proyectos de transformación digital en el sector financiero en América Latina.
Desde el año 2000, participó en el desarrollo de canales digitales cuando aún no eran la norma.
“Antes, los bancos se medían por sucursales; hoy es impensable no tener banca digital”, recuerda.
Ese recorrido le permitió detectar un nuevo vacío: mientras la digitalización avanzó, la gestión de datos no evolucionó al mismo ritmo.
Curiosamente, el mayor desafío no es tecnológico. “La tecnología ya existe. Lo más difícil es educar a las personas”, reconoce.
En América Latina, el comportamiento del usuario sigue siendo permisivo con sus datos. Participar en rifas, registrarse en plataformas o usar logins automáticos sin leer condiciones es la norma.
“Muchas veces entregamos información sin entender a quién ni para qué”, advierte Landeta.
Aquí es donde Certena busca jugar un doble rol: herramienta para empresas y agente de concientización para usuarios.
La apuesta de Certena no es solo resolver un problema, sino construir un ecosistema.
A medida que más empresas se integren, más valor tendrá para el usuario. Y, a su vez, ese volumen de usuarios puede convertirse en una puerta de entrada para startups que buscan clientes validados.
Es una lógica de red donde la privacidad deja de ser fricción y se convierte en habilitador de negocio.
La propuesta de Certena es, en el fondo, una redefinición del poder en la economía digital. No se trata de dejar de compartir datos, sino de hacerlo con claridad, control y propósito.
Para Nathalia Landeta, el éxito no se mide solo en crecimiento o ingresos, sino en algo más profundo: “Que las personas entiendan que su data es su activo y puedan tomar decisiones sobre ella”.
En una región donde la digitalización avanza más rápido que la educación sobre privacidad, esa visión no solo es relevante. Es urgente.

