
Una escena cotidiana en un parque de Ecuador terminó convirtiéndose en un proyecto de innovación que llegó hasta Italia. Tres estudiantes universitarios desarrollaron Capibot, un peluche robótico con forma de capibara diseñado para explorar nuevas formas de interacción y acompañamiento de niños con trastorno del espectro autista (TEA).
El dispositivo combina componentes electrónicos, una pantalla y conectividad inalámbrica dentro de un muñeco suave que puede abrazarse. Su objetivo es servir como intermediario entre el niño y el profesional responsable de las actividades de acompañamiento.
La idea fue desarrollada por Mateo Fabara, Josué Espín e Israel Robayo, estudiantes de Ingeniería Mecatrónica de la Universidad UTE, en Ecuador, con el acompañamiento del profesor e investigador Wilson Pavón.
Lo que comenzó como un reto académico trascendió las aulas cuando Capibot fue seleccionado para presentarse en el IEEE Smart World Congress 2026, realizado en septiembre en la Universidad de Calabria, Italia.
Aunque todavía está en etapa experimental, el proyecto representa un ejemplo de cómo la ingeniería, la robótica asistiva y el Internet de las Cosas (IoT) pueden combinarse para explorar soluciones centradas en necesidades humanas.
La historia comenzó hace aproximadamente dos años, cuando Mateo Fabara paseaba a su perro por un parque.
Durante el recorrido, un niño con autismo se acercó espontáneamente al animal y mostró interés por interactuar con él. La reacción llamó la atención del estudiante porque, según el relato de la madre, el pequeño habitualmente tenía dificultades para iniciar interacciones con otras personas.
La experiencia despertó una pregunta: ¿sería posible desarrollar un objeto tecnológico amigable que ayudara a facilitar ese acercamiento?
Fabara compartió la idea con sus compañeros Josué Espín e Israel Robayo, quienes trabajaban en un proyecto académico relacionado con el desarrollo de tecnología asistiva para un grupo de la población con necesidades específicas.
Los jóvenes eligieron la figura de un capibara, animal conocido por su apariencia tranquila, para alojar un dispositivo electrónico que pudiera utilizarse durante actividades guiadas.
Así nació Capibot, una combinación de peluche y robótica que busca favorecer la participación del niño mediante estímulos presentados de manera controlada. La Universidad UTE y el medio ecuatoriano Primicias señalan que el costo aproximado de producción del prototipo es de 50 dólares.
La propuesta no intenta reproducir la interacción con un animal real ni asumir que todos los niños autistas responderán de la misma forma. Su utilidad dependerá de las necesidades individuales y de los resultados que obtenga durante su validación.
El proyecto dio un paso importante cuando fue presentado en el IEEE Smart World Congress 2026, realizado del 7 al 11 de septiembre en Rende, Italia.
El congreso reunió a investigadores y especialistas en tecnologías emergentes, Internet de las Cosas, inteligencia artificial y sistemas inteligentes.
Según los estudiantes, Capibot fue seleccionado entre más de 400 propuestas presentadas para participar en el encuentro.
Capibot integra un sistema electrónico dentro de un peluche que incorpora una pantalla para mostrar estímulos visuales. Según los investigadores, un profesional puede controlar el dispositivo mediante una computadora, tableta o teléfono móvil.
A través de una aplicación, el terapeuta selecciona determinados estímulos, mientras el sistema registra respuestas que pueden clasificarse como positivas, negativas o neutras.
La información se almacena para facilitar su revisión y el seguimiento de las actividades.
Entre sus componentes se encuentra un microcontrolador ESP32, utilizado para integrar funciones electrónicas y conectividad inalámbrica.
El sistema también incluye elementos de regulación eléctrica y carga.
Una característica importante de su diseño es que el módulo electrónico puede retirarse del cuerpo del peluche, lo que facilita su limpieza y permite intercambiar la cubierta exterior.
Por ahora, el prototipo utiliza estímulos visuales, aunque los estudiantes analizan incorporar sonidos y vibraciones en etapas posteriores.
Con información de EFE, Universidad UTE, Primicias y fuentes académicas.
