
Cuando se habla de animales endémicos de la Ciudad de México, el ajolote suele robarse toda la atención. Sin embargo, la capital mexicana alberga una biodiversidad mucho más amplia y sorprendente: pequeños conejos volcánicos, aves únicas del altiplano, reptiles de alta montaña y mamíferos nocturnos sobreviven en una de las urbes más grandes del planeta.
Mientras la expansión urbana, el cambio climático y las especies invasoras amenazan estos ecosistemas, también emerge una nueva oportunidad económica vinculada al ecoturismo, la restauración ambiental, la educación científica y los negocios verdes. La biodiversidad chilanga dejó de ser solamente un asunto ecológico: hoy también es un tema de innovación, identidad y futuro urbano.
El teporingo o zacatuche (Romerolagus diazi) es quizá el animal endémico más emblemático de la CDMX después del ajolote. Este pequeño conejo habita exclusivamente en las zonas altas del Eje Neovolcánico, particularmente en áreas cercanas al Popocatépetl, Iztaccíhuatl y el Ajusco. Su tamaño reducido, orejas cortas y comportamiento discreto lo han convertido en una especie casi mítica para muchos capitalinos.
De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la especie está amenazada debido a la pérdida de hábitat, incendios forestales, urbanización y cambio climático. La UNAM estima que gran parte de su población depende de los zacatonales de alta montaña que rodean el Valle de México.
Otra especie poco conocida es el gorrión serrano (Xenospiza baileyi), una pequeña ave que vive únicamente en pastizales de montaña del centro de México, incluyendo zonas cercanas a la Ciudad de México. Su presencia es considerada un indicador de salud ambiental debido a que depende de ecosistemas muy específicos.
La expansión urbana y la reducción de pastizales naturales han puesto a la especie en riesgo.
Organizaciones de conservación y brigadas comunitarias han trabajado en la restauración de hábitats mediante reforestación y manejo de pastizales.
Aunque muchas personas piensan que la fauna silvestre desapareció de la capital, la realidad es distinta. En barrancas, reservas ecológicas y zonas boscosas aún sobreviven especies como el cacomixtle (Bassariscus astutus), considerado uno de los mamíferos más carismáticos del Valle de México.
Estos animales han aprendido a coexistir con el entorno urbano y se han convertido en símbolos involuntarios de resiliencia ecológica.
En años recientes, fotografías de cacomixtles en colonias como Coyoacán, Tlalpan o Santa Fe se han viralizado en redes sociales, despertando interés por la biodiversidad urbana.
La Thamnophis scaliger es un reptil poco conocido que históricamente habitó lagos y humedales del altiplano central. Esta serpiente no venenosa depende de ecosistemas acuáticos saludables para alimentarse de pequeños anfibios y peces.
La desecación histórica de los lagos del Valle de México y la contaminación urbana redujeron severamente sus poblaciones, convirtiéndola en uno de los ejemplos más claros del impacto humano sobre la biodiversidad capitalina.
Es un reptil endémico inofensivo y no venenoso, según Pronatura México. Habita principalmente en zonas lacustres y humedales de Xochimilco, Tlalpan y Milpa Alta
El Girardinichthys viviparus es un pequeño pez endémico que antiguamente abundaba en canales y cuerpos de agua del Valle de México. Hoy sobrevive en condiciones críticas debido a la contaminación, las especies invasoras y la pérdida de humedales.
Su importancia ecológica es enorme porque forma parte de la cadena alimenticia de ecosistemas acuáticos como Xochimilco. Diversos programas científicos buscan reproducirlo y conservarlo antes de que desaparezca definitivamente.
El es una salamandra asociada a los ecosistemas volcánicos del sur de la Ciudad de México, particularmente en áreas de roca basáltica del Pedregal de San Ángel.
Este pequeño anfibio depende de ambientes húmedos y estables para sobrevivir, por lo que el crecimiento urbano representa una amenaza constante. Su presencia demuestra que incluso dentro de una megaciudad todavía existen microecosistemas capaces de albergar especies altamente especializadas.
La Sceloporus grammicus es uno de los reptiles más comunes de zonas volcánicas y bosques templados del centro del país, incluyendo varias áreas naturales protegidas de la CDMX. Aunque puede parecer abundante, algunas de sus poblaciones locales enfrentan presión por la fragmentación del hábitat y el desarrollo urbano.
Estas lagartijas cumplen funciones importantes en el control de insectos y forman parte esencial de las cadenas ecológicas de montaña.
La es un roedor subterráneo adaptado a los suelos volcánicos del altiplano mexicano. Aunque pocas personas la ven, su trabajo bajo tierra ayuda a airear el suelo y dispersar nutrientes, funcionando como una especie clave para la salud de los ecosistemas.
La expansión inmobiliaria y la pérdida de áreas verdes han reducido muchas de sus poblaciones, especialmente en zonas periféricas de la capital.
La Crotalus triseriatus es una serpiente venenosa que habita bosques fríos y zonas volcánicas del Ajusco y regiones montañosas cercanas. Aunque suele generar temor, desempeña un papel fundamental en el control de roedores y equilibrio ecológico.
Expertos ambientales advierten que muchas serpientes son asesinadas por desinformación, pese a que los encuentros con humanos son poco frecuentes.
El es uno de los polinizadores más importantes de los agaves y plantas nocturnas del centro de México. Aunque no vive exclusivamente en la CDMX, utiliza corredores ecológicos del sur de la capital y ecosistemas montañosos cercanos.
Su labor es clave para especies vegetales asociadas a industrias culturales y económicas mexicanas como el mezcal y el tequila, lo que demuestra cómo biodiversidad y economía están profundamente conectadas.
Uno de los aspectos más fascinantes de la biodiversidad capitalina es que muchas especies sobreviven en fragmentos ecológicos aislados. Áreas como el Pedregal de San Ángel, los Dinamos, el Ajusco o Xochimilco funcionan como verdaderas “islas biológicas” dentro de una ciudad de más de 20 millones de habitantes.
La Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), administrada por la, resguarda especies de flora y fauna únicas derivadas de las erupciones del volcán Xitle hace aproximadamente 1,700 años.
Fuente:
Este tipo de reservas urbanas se han convertido en laboratorios vivos para investigadores, startups ambientales y proyectos de ciencia ciudadana apoyados por plataformas como Naturalista.
La biodiversidad dejó de ser un asunto exclusivo de ambientalistas. Hoy es parte de la conversación sobre resiliencia urbana, calidad de vida y economía verde. Según la Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX, la ciudad registra cientos de especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios, muchas de ellas nativas.
Además, la restauración ecológica ya genera oportunidades económicas para viveros de plantas nativas, servicios de paisajismo sustentable, educación ambiental y tecnología de monitoreo de fauna mediante inteligencia artificial y sensores remotos.
En ciudades globales como Singapur o Vancouver, la biodiversidad urbana ya forma parte de estrategias económicas y de branding territorial. La CDMX podría seguir una ruta similar aprovechando su riqueza biológica única.










