Durante décadas, ir a Sanborns fue mucho más que salir a comer o comprar una revista: era parte de la vida cotidiana de varias generaciones de mexicanos. Entre vitrinas con dulces, libreros, café con leche y los clásicos molletes, muchas sucursales se convirtieron en auténticos puntos de encuentro en centros comerciales y avenidas emblemáticas.
Por eso, cuando una de sus sedes más reconocidas —el Sanborns de Galería Plaza de las Estrellas, en la Ciudad de México— bajó la cortina definitivamente, la noticia provocó nostalgia entre clientes habituales y encendió conversaciones sobre la transformación del retail tradicional en México.
La sucursal de Sanborns ubicada en Galería Plaza de las Estrellas, en la Ciudad de México, cerró definitivamente sus puertas, poniendo fin a una etapa para uno de los restaurantes-tienda más reconocidos del lugar. La noticia comenzó a circular en redes sociales cuando visitantes compartieron imágenes de la cortina metálica cerrada y un mensaje de despedida colocado por empleados del establecimiento agradeciendo a los clientes por los años compartidos.
El cierre generó reacciones de sorpresa y nostalgia entre quienes durante años acudieron a ese espacio para desayunar, comprar libros o simplemente pasar el tiempo. Para muchos visitantes, el Sanborns del centro comercial era un punto de reunión familiar o una parada obligada después del cine o las compras.
La historia de Sanborns se remonta a 1903, cuando los hermanos estadounidenses Walter y Frank Sanborn abrieron en la Ciudad de México una farmacia con fuente de sodas que ofrecía productos importados y alimentos poco comunes para la época. Con el tiempo, el concepto evolucionó hasta convertirse en una mezcla de restaurante, tienda departamental y librería.
A lo largo del siglo XX, la marca se consolidó como parte del paisaje urbano mexicano. Sus sucursales —muchas de ellas ubicadas en edificios históricos o centros comerciales emblemáticos— se convirtieron en espacios de convivencia y consumo cultural.
Desde 1985, la cadena forma parte de Grupo Carso, el conglomerado empresarial del empresario mexicano Carlos Slim Helú, bajo cuya administración la compañía vivió una expansión significativa en el país.
El cierre del Sanborns de Galerías no es un caso aislado. En los últimos años, la cadena ha realizado diversos ajustes en su red de sucursales, incluyendo el cierre de locales considerados históricos en distintas zonas de la capital.
De acuerdo con declaraciones del propio Carlos Slim, estos cierres no representan el fin de la marca, sino decisiones estratégicas vinculadas a factores como costos de renta, condiciones comerciales o cambios en la dinámica del consumo.
A pesar de estos ajustes, el empresario ha reiterado que el plan a largo plazo sigue contemplando nuevas aperturas y el fortalecimiento del negocio.
El cierre de tiendas emblemáticas también refleja transformaciones más amplias en el sector minorista.
En los últimos años, factores como el comercio electrónico, los cambios en los hábitos de compra y el impacto económico de la pandemia han obligado a muchas empresas de retail a revisar su estrategia de puntos de venta físicos.
En este contexto, las compañías han optado por cerrar sucursales menos rentables o con condiciones comerciales desfavorables, mientras concentran sus esfuerzos en ubicaciones con mayor tráfico o en formatos comerciales más modernos.
Más allá de las razones comerciales, el cierre del Sanborns de Galerías tiene un componente emocional para muchos clientes.
Durante años, estos establecimientos fueron escenarios de reuniones familiares, primeras citas, desayunos de trabajo y tardes de lectura entre vitrinas de revistas y libros.
Ese carácter híbrido —mitad restaurante, mitad tienda cultural— convirtió a Sanborns en una experiencia distintiva dentro del comercio mexicano.

