
El consumo de vino en México está cambiando y la industria busca que la bebida deje de sentirse como un producto reservado para quienes conocen de cepas, maridajes y etiquetas. Aunque el país todavía tiene un consumo per cápita bajo frente a otros mercados, la categoría está incorporando nuevos estilos para acercarse a consumidores con gustos y hábitos distintos.
La ENCODAT 2025 registró que 18.4% de las personas de 12 a 65 años que consumen alcohol reportaron beber vino de mesa, frente a 16.8% en la medición de 2016. Al mismo tiempo, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) reporta que el consumo mundial de vino cayó 2.7% en 2025, una señal de que la industria enfrenta un cambio global en los hábitos.
Ante el panorama, muchas marcas están respondiendo con vinos dulces, blancos, rosados y alternativas innovadoras enfocadas en la Generación Z, como versiones de menor graduación alcohólica y nuevas formas de servir la bebida.
Durante años, acercarse al vino implicaba aprender sobre variedades, regiones y formas correctas de servirlo. Esa barrera empieza a cambiar con productos pensados para consumidores que buscan una experiencia más sencilla y menos apegada al ritual tradicional.
En entrevista con Emprendedor.com, María Fernanda Loyo, directora de Mercadotecnia de Concha y Toro México, y Lynn Balaresque, Global Marketing Manager de Casillero del Diablo Mundo, explicaron que la categoría está ampliando su oferta para responder a nuevos paladares.
“Si bien esta es su línea reserva tradicional, sí tenemos una nueva línea que tiene vinos más dulces que se hacen más fáciles de tomar”, explicó Loyo. La marca también ha desarrollado opciones con menor graduación alcohólica y menos calorías, dirigidas a consumidores que buscan alternativas alineadas con tendencias de bienestar.
Stefano Celle, Senior Brand Manager de Casillero para Latam, resumió el cambio desde la estrategia de la industria: “no es esperar a que el consumidor descubra el vino”, sino adaptar la propuesta para hacerlo más accesible.
Entre las nuevas formas de consumo mencionaron servir algunos vinos fríos, con hielo, fruta o incluso utilizarlos en coctelería. Aunque claro, los millennials ya teníamos esto en el radar y desde hace décadas entrenamos nuestro ‘gusto de sommelier‘ con clericot, sangría y ‘calimochos’.
La transformación también se observa en los estilos que funcionan como puerta de entrada. De acuerdo con los ejecutivos, México consume vino tinto, rosado y blanco, aunque el primero domina las ventas para Casillero del Diablo.
De las botellas vendidas, el 70% son tintos, frente a 10% de blanco y 8% de rosado. La compañía señala además que ha observado crecimiento en los vinos blancos tanto en México como a nivel global.
La variedad importa, porque no todos los consumidores llegan al vino desde el mismo lugar. Para quienes todavía no desarrollan afinidad por la bebida, Loyo considera que los vinos blancos y rosados pueden resultar más sencillos para comenzar.
La marca también identifica una oportunidad en los consumidores jóvenes que buscan sabores más accesibles. Su propuesta Sweet, por ejemplo, está diseñada para paladares que comienzan a explorar el vino y puede servirse fría, con hielo, fruta o en coctelería.
La tendencia ocurre mientras el vino mexicano gana participación. El Consejo Mexicano Vitivinícola reporta que el consumo per cápita ronda actualmente 1.3 litros anuales y que México cuenta con 17 estados productores y más de 9,000 hectáreas de uva industrial.
El cambio no ocurre únicamente en el producto. También está cambiando el perfil de quienes compran y consumen vino. María Fernanda Loyo señaló que en México la categoría históricamente estaba más concentrada en hombres, pero que en los últimos años ha observado una incorporación importante de mujeres.
Hace unos años, las mujeres que compraban el vino no lo estaban comprando para ellas. Iban con instrucciones claras, era solo la compradora, pero no era consumidor. Y ahora eso ha cambiado muchísimo”, explicó Balaresque.
La expansión del público también ocurre en un momento de transformación global para la categoría. La OIV señala que el consumo mundial de vino continúa enfrentando una tendencia descendente, relacionada con presiones económicas y cambios en los patrones de consumo. En 2025 se estimó un consumo global de 208 millones de hectolitros, 2.7% menos que en 2024.
Para las marcas, esto significa competir no solamente por una mayor frecuencia de consumo, sino por mantenerse relevantes frente a consumidores que buscan nuevas experiencias. En México, donde el vino todavía tiene un mercado de expansión, la estrategia pasa por reducir barreras, ampliar los estilos disponibles y acercar la bebida a momentos de consumo menos tradicionales.
La copa sigue siendo la misma, pero las reglas alrededor de ella están cambiando.
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