
La historia de Tama, una sencilla gata callejera que pasó de merodear cerca de la Estación Kishi en la prefectura japonesa de Wakayama a convertirse en jefa de estación honoraria, es una muestra de cómo una idea poco convencional puede transformar no solo el destino de una comunidad, sino también de una empresa ferroviaria. Más que una mascota, Tama se convirtió en símbolo de revitalización, turismo local y fenómeno cultural que trascendió fronteras y desafió las expectativas tradicionales del mundo empresarial.
Tama nació en 1999 cerca de la Estación Kishi, en Kinokawa, prefectura de Wakayama, Japón. Criada como una de varias gatas callejeras alimentadas por pasajeros y personal local, su presencia pronto se volvió familiar para quienes frecuentaban esa estación ferroviaria en la línea Kishigawa.
A inicios de los 2000, la línea enfrentaba una fuerte crisis: la disminución de pasajeros había llevado al cierre de varias estaciones y ponía en riesgo la operación de la Estación Kishi. Tras la reanudación de operaciones bajo la Wakayama Electric Railway en 2006, los gatos que vivían alrededor de la estación, incluido Tama, quedaron sin hogar debido a obras y nuevas regulaciones. Fue entonces cuando una persona cercana al lugar pidió al presidente de la compañía que al menos Tama se quedara en la estación.
En enero de 2007, Tama fue nombrada oficialmente “jefa de estación” (Station Master) de Kishi, con responsabilidades simbólicas de saludar pasajeros y representar a la estación. Su salario no fue monetario: en su lugar, recibió un año de alimento felino, un sombrero especialmente hecho a medida y una placa dorada con su título.
Lejos de ser una acción anecdótica, la decisión fue clave: tras la designación de Tama, la estación experimentó un aumento considerable de visitantes —se calcula que su impacto económico fue de aproximadamente 1.1 mil millones de yenes en su primer año como jefa.
El carisma de Tama no tardó en convertirse en un imán turístico. El mundo comenzó a interesarse por la historia de “la gata que salvó una estación de tren”: medios de comunicación internacionales cubrieron su nombramiento, la presencia de turistas creció y la estación desarrolló mercancía temática, cafés inspirados en Tama e incluso trenes decorados con su imagen, como el Tama Train.
Además de juegos con trenes y souvenirs, la estación fue remodelada en 2010 con una fachada que evoca rasgos felinos, consolidando su carácter único y atractivo.
No sólo fue nombrada jefa de estación, sino que Tama acumuló distintos títulos y reconocimientos. Entre ellos se cuentan promociones honorarias dentro de la empresa, como “Super Station Master”, “Executive Officer” y, finalmente, “Honorary President for Life” por su impulso al reconocimiento público y turístico del ferrocarril.
Su fama también traspasó el ámbito empresarial. Tama fue tema de documentales, libros ilustrados y programas internacionales. Incluso fue homenajeada con un doodle por parte de Google en 2017 en conmemoración de su cumpleaños.
El 22 de junio de 2015, Tama falleció a los 16 años debido a insuficiencia cardíaca. Su despedida fue multitudinaria; miles de admiradores acudieron a rendirle homenaje y la empresa la nombró “Honorary Eternal Stationmaster”.
Su espíritu permanece en el Tama Jinja, un pequeño santuario en los terrenos de la estación donde la felina es venerada como una diosa menor.
Desde entonces, la tradición continúa con nuevos felinos, como Nitama y recientemente Yontama. Ellos han asumido el papel de estación master, prolongando la historia de encanto y atracción turística iniciada por Tama en 2007.
La historia de Tama es un relato entrañable sobre un gato en una estación de tren. También es un claro ejemplo de cómo una estrategia aparentemente improvisada puede revitalizar un negocio, fortalecer la identidad local y crear un fenómeno cultural global.
Tama demostró que una buena historia puede convertirse en motor de crecimiento económico y comunidad.








