
Durante años, la presión estética sobre los hombres parecía menos visible que la que históricamente ha recaído sobre las mujeres. Eso está cambiando. En redes sociales crece el fenómeno del looksmaxxing, una corriente que promete “optimizar” el atractivo masculino mediante rutinas, suplementos, cirugías y consejos virales, pero que arrastra un trasfondo mucho menos inocente: parte de su lenguaje, sus jerarquías y su lógica nacieron en espacios vinculados a la cultura incel y a una visión reduccionista del valor humano basada en el físico.
El looksmaxxing puede definirse como la búsqueda sistemática de “maximizar” el atractivo físico. En su versión más suave incluye ejercicio, cuidado de la piel, corte de cabello, ropa o control de peso; en su versión más extrema, promueve rellenos, bótox, rinoplastias, mentoplastias e incluso prácticas peligrosas para modificar el rostro.
El problema no es cuidarse, sino la idea de que el valor social, sexual y hasta laboral de una persona puede reducirse a rasgos faciales “optimizables” como si fueran una fórmula técnica. Un reportaje de The Guardian documentó cómo esta corriente, popular entre hombres jóvenes, pasó de foros marginales a TikTok, donde ya circula como una estética aspiracional y un lenguaje propio.
Diversas investigaciones académicas ubican el auge del looksmaxxing en espacios de la manosfera, especialmente foros vinculados al universo incel y al lookism.
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Un estudio publicado en Body & Society explica que estas comunidades presentan el mejoramiento físico como una vía de “ascensión”: es decir, la posibilidad de subir en una supuesta jerarquía de atractivo para obtener reconocimiento, éxito romántico y estatus.
En ese marco, el cuerpo deja de verse como algo complejo y se trata como un proyecto de inversión, una mercancía que debe ser evaluada, corregida y reconfigurada. El mismo trabajo subraya que en estos espacios la cirugía estética suele verse como “la última esperanza” para quienes se consideran en desventaja dentro del mercado sexual.
Uno de los elementos más polémicos del fenómeno es la llamada escala PSL, una clasificación que pretende ordenar a los hombres por niveles de atractivo. Según una investigación, esta jerarquía coloca en la cima a los llamados “PSL gods”, luego a los “Chads” y en la parte baja a los “Sub5s”.
La apariencia se vuelve, así, una puntuación.
El problema es que esta lógica se presenta con apariencia de objetividad, aunque en realidad mezcla prejuicios, sesgos estéticos, determinismo biológico y una fuerte carga misógina, sin respaldo científico serio para convertir la atracción humana en una escala universal.
La tendencia suele maquillarse con prácticas relativamente comunes —dormir mejor, hacer ejercicio, usar protector solar—, pero a su alrededor circulan consejos mucho más dudosos. Uno de los más conocidos es el mewing, una técnica viral que promete cambiar la mandíbula o la estructura facial mediante la postura de la lengua.
La American Association of Orthodontists advirtió que este tipo de tendencias online no están científicamente probadas y desaconsejó apoyarse en ellas para alterar rasgos faciales.
@60minutes9 SNEAK PEEK: What is ‘Looksmaxxing’? SUNDAY on #60Mins ♬ original sound – 60 Minutes Australia
En paralelo, The Guardian reportó la popularización de prácticas extremas y dañosas, desde obsesiones con ángulos faciales hasta intentos de modificar la mandíbula con métodos caseros. La clave aquí es distinguir: una rutina de autocuidado no equivale a una ideología que convierte la cara en un problema técnico permanente.
El salto del looksmaxxing a la economía de creadores explica buena parte de su expansión. Un informe del Anti-Bullying Centre de Dublin City University advierte que la cultura influencer en TikTok ha dado visibilidad a “emprendedores ideológicos” capaces de empaquetar discursos de masculinidad tóxica como si fueran consejos de éxito, salud o disciplina.
Es el viejo negocio de vender una inseguridad y luego vender también la cura.
Ese mismo reporte es contundente: la monetización de la inseguridad masculina ayuda a normalizar ideologías antifeministas y anti-LGBTQ. En la práctica, esto puede traducirse en videos virales, membresías, consultas, códigos de descuento, suplementos, rutinas, cursos y recomendaciones estéticas presentadas como soluciones a una carencia íntima.
La preocupación no gira solo alrededor del contenido, sino también de la forma en que las plataformas lo recomiendan. El reporte de DCU sobre TikTok y YouTube Shorts estudió cuentas experimentales de adolescentes y jóvenes varones y analizó cómo los sistemas de recomendación podían empujar contenidos de la manosfera y de influencers masculinistas.
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En paralelo, parte de estas cuentas estaría usando el lenguaje de la “autoayuda” y del “self-improvement” para evadir controles, sustituyendo términos explícitos por etiquetas como Sub5s o looksmaxxing. Dicho de otro modo: el discurso no desaparece, se rebrandingiza para hacerse más digerible, más compartible y más rentable.
El looksmaxxing no debe leerse solo como una moda estética de internet.
Es, más bien, un síntoma de varias tensiones contemporáneas: la presión por convertir el cuerpo en proyecto, el poder de los algoritmos para amplificar inseguridades y la capacidad de ciertos creadores para monetizar el malestar masculino bajo la etiqueta de la superación personal.
