
Un sorprendente caso originado en Canadá ha llamado la atención de expertos legales, educadores y padres de familia: un niño de nueve añospresentó una demanda contra un compañero de 11 tras una pelea por un dinosaurio de juguete en una guardería, en la que habría resultado con una grave lesión en un dedo. Lo inusual de la situación —niños como partes en un litigio civil— plantea preguntas sobre la responsabilidad, el alcance del sistema judicial y cómo se interpretan los accidentes infantiles en el marco de la ley.
El caso se remonta al 9 de agosto de 2022, cuando dos niños, Elijah Dominic Robinson (entonces de 9 años) y su compañero Xavier Fellin (11 años), estaban jugando en un programa de verano en una guardería en Grande Prairie, Alberta, Canadá.
Según documentos judiciales, la disputa surgió por un dinosaurio de juguete del tamaño aproximado de una botella de agua de 500 ml, que derivó en un forcejeo. En el proceso, el juguete habría sido usado para golpear el dedo anular de Elijah, provocando una lesión descrita por el juez como una “fractura grave por dislocación”.
Los demandantes alegaron que la lesión fue lo suficientemente seria como para requerir cirugía, ya que el dedo quedó casi “cortado a la altura del hueso”. Sin embargo, no se presentaron registros médicos ni evidencia documental que confirmara la gravedad de la lesión ante el tribunal.
El hecho de que un niño llevase a otro a los tribunales es, por decir lo menos, poco común. En Canadá, las personas menores de 18 años no pueden demandar por sí mismas. Siempre deben estar representadas por un adulto, lo que fue el caso en este proceso.
Elijah contó con representación legal a través de un adulto, y lo mismo ocurrió con Xavier.
El juez Brian Robert Hougestol, del Tribunal de Justicia de Alberta, describió el caso como “bastante raro”. Además, comentó que planteaba cuestiones complejas relacionadas con la capacidad legal de los menores, así como con el consentimiento y la asunción voluntaria de riesgos.
La inclusión en la demanda de los padres de Xavier como coacusados también fue un punto controvertido. El juez determinó que no habían actuado de manera negligente y que no podían ser responsabilizados por las acciones de su hijo en aquel momento.
La demanda fue rechazada por el tribunal, que consideró que lo ocurrido fue un accidente fortuito dentro de actividades típicas entre niños. Esto significaque no fue una agresión intencional o un acto con responsabilidad civil clara.
El juez argumentó que es previsible que los niños tengan disputas menores y que puedan ocurrir lesiones accidentales en juegos comunes.
Remarcó que no siempre puede imputarse responsabilidad civil por eventos de este tipo.
La ausencia de documentación médica convincente también debilitó la posición de la parte demandante. Con esto se sugirió que la memoria de Elijah sobre los hechos era limitada, pues ocurrió más de tres años antes del juicio. Además, no había sin evidencia visual preservada.
Más allá de la singularidad del litigio, este caso suscita un debate más amplio sobre cómo el sistema de justicia maneja conflictos entre menores. Esto especialmente cuando no hay intención maliciosa clara. Además, la decisión judicial refuerza la idea de que no todo accidente en la infancia se traduce en responsabilidad legal. En especial en entornos de juego común y sin pruebas suficientes.
Especialistas en derecho civil y educación infantil señalan que la gestión de conflictos, la supervisión adecuada y la interpretación de riesgos normales en la infancia son aspectos clave para evitar que incidentes cotidianos deriven en procesos judiciales sin fundamento sólido.
