
Durante el certamen futbolístico más emblemático —el Mundial 2026— existe un impacto económico enorme… pero no siempre es tan claro como parece. Organizar un evento de esta magnitud implica inversiones gigantescas, pero también abre la puerta a oportunidades que pueden impulsar distintos sectores de la economía. ¿Qué podría significar su llegada a México como sede en 2026 y cuál es su dimensión económica?
La importancia de un Mundial en la economía de los países anfitriones tiene que ver con su capacidad para generar actividad económica masiva en un corto periodo.
La llegada de fanáticos nacionales e internacionales reactiva el turismo, la hotelería, los restaurantes, el comercio, el transporte, el entretenimiento y los servicios asociados. Además, preparar un Mundial suele implicar inversiones en infraestructura —estadios, transporte, aeropuertos, hoteles, redes de servicios— lo que puede impulsar la construcción, generar empleos y dejar un legado físico de largo plazo.
En cuanto a cuánto crece el PIB de un país anfitrión, el efecto varía mucho. Por ejemplo, en el caso de Qatar 2022 (tal como reporta un estudio del Fondo Monetario Internacional, FMI), las contribuciones inmediatas al PIB provinieron del gasto de visitantes y de los derechos de transmisión, estimadas entre 0.7 % y 1.0 % del PIB de ese año.
En otros casos, como en Rusia 2018, se reportó que la organización generó ingresos para la economía rusa que superaron los 14 mil millones de dólares en total, aunque la evaluación del impacto en el crecimiento del PIB debe matizarse entre factores temporales y estructurales.
El gasto promedio que tiene que hacer el anfitrión suele tener costos astronómicos.
Un ejemplo extremo: Qatar 2022 sería “el Mundial más caro de la historia”, con estimaciones de hasta 220,000 millones de dólares, según ciertos análisis.
En ediciones anteriores, los costos fueron menores: para el Mundial 2006 en Alemania se estimaron unos 6,200 millones de dólares. Gran parte del gasto se destina a infraestructura deportiva y de transporte.
Los factores económicos que impulsan el beneficio de un Mundial incluyen:
Según proyecciones recientes, se espera que México reciba más de cinco millones de turistas adicionales durante el torneo, lo que podría generar una derrama económica de aproximadamente 3,000 millones de dólares. De esa cifra, una parte importante correspondería al sector turístico (hoteles, restaurantes, servicios, transporte), lo que representaría beneficios a corto plazo.
Sobre cuánto podría crecer la economía mexicana con el Mundial, no hay cifras definitivas (depende mucho de la inversión, del gasto real, de la ocupación hotelera y del comportamiento post-evento). Pero tomando como referencia los efectos en otros países —como Qatar, con un impulso cercano a 1 % del PIB durante el evento— podría esperarse un empujón similar en el corto plazo, aunque el efecto estructural dependerá de las políticas de legado, del uso de infraestructura, del mantenimiento y del aprovechamiento del turismo e inversión posterior.
Finalmente —y esencial para reflexionar— lo que se espera para México después de que termine el Mundial dependerá en gran medida de las decisiones que se tomen:
Si la infraestructura construida o renovada se integra en un plan de desarrollo urbano sostenible; aunque este Mundial no es 100% de México, en temas proporcionales o porcentuales es lo mismo: cuánto invertiste vs. cuánto te dejó; si el turismo se consolida o se repite en futuras temporadas; y si se garantiza que las inversiones beneficien a la gente más allá del periodo del torneo.
Si no, existe el riesgo de un “bache” post-evento: deuda pública, gastos de mantenimiento, infraestructuras subutilizadas y un retorno económico inferior al esperado.
Aunque este evento puede ser un poderoso motor de activación económica temporal —gracias al turismo, consumo, empleo e infraestructura— su rentabilidad real para los países anfitriones no está garantizada, ya que los costos son enormes, los beneficios pueden ser efímeros y mucho depende de la gestión y del legado.
Para un país como México, la expectativa es grande (millones de visitantes, derrama económica importante), pero el éxito a largo plazo requerirá planificación, visión de desarrollo urbano y social, y un enfoque realista del retorno sobre inversión.

