
Estamos siendo testigos de uno de los desplazamientos de capital más significativos de la historia moderna. En los próximos años, se estima que solo en Estados Unidos se transferirán cerca de 30 billones de dólares a las manos de las mujeres. A nivel global, aunque las cifras varían, la tendencia es visible: la mujer no solo participa más en la fuerza laboral —con una tasa de participación global del 57.3% en 2024—, sino que interviene activamente en las decisiones patrimoniales más complejas de sus hogares. ¿Tienen asesoría financiera necesaria?
A pesar de este dinamismo, la representación femenina en la asesoría financiera se mantiene en niveles moderados. A escala mundial, la representación de mujeres asesoras se sitúa apenas en el 15%, y en instituciones locales de México, aunque hay avances, las mujeres solo representan entre el 25% y el 30% del ecosistema de asesoría, lo cual refleja que existe un amplio espacio para integrar nuevas perspectivas que fortalezcan la atención a los inversionistas.
De hecho, la demanda de asesoría especializada ha crecido porque los inversionistas buscan hoy algo más que rendimientos: requieren acompañamiento a lo largo de las distintas etapas de su vida financiera. Les comparto un ejemplo: de acuerdo con un estudio de McKinsey, el 70% de las mujeres viudas cambian de asesor financiero en el primer año tras el fallecimiento de su cónyuge porque no sienten una conexión real con el profesional previo. Y es que las mujeres que invierten buscan asesores que comprendan sus objetivos de vida, como el retiro prolongado —considerando que suelen vivir más que los hombres— o el financiamiento de sus cuidados de salud.
En este contexto, la presencia de más mujeres en el sector de la asesoría contribuye a enriquecer la diversidad de perspectivas dentro de la industria. La combinación de experiencias, estilos de análisis y formas de acompañamiento permite construir portafolios equilibrados y estrategias de inversión mejor alineadas con las necesidades de distintos perfiles de clientes. Además, se ha observado que muchas mujeres reportan una menor confianza en su propia pericia financiera, lo que genera una oportunidad para que las asesoras actúen como facilitadoras de educación patrimonial, empoderando a las clientas para tomar decisiones informadas.
Para atender la demanda de un mercado cada vez más informado y diverso, es fundamental impulsar la formación y certificación de más especialistas. Más allá del género, el conocimiento técnico, la preparación continua y la experiencia son los pilares que permiten fortalecer la industria en nuestro país.
Además, el modelo de asesoría financiera ofrece una ventaja particularmente relevante para muchas mujeres.
Para quienes son madres, este esquema brinda la flexibilidad necesaria para conciliar su desarrollo profesional con la vida familiar, permitiéndoles construir una carrera sólida sin tener que sacrificar uno de estos dos ámbitos. A diferencia de estructuras laborales más tradicionales del sector financiero, en las que el crecimiento profesional suele estar ligado a horarios rígidos y metas comerciales previamente establecidas, la asesoría independiente permite una mayor autonomía en la gestión del tiempo y de la práctica profesional. Esta flexibilidad abre la puerta a que más mujeres puedan desarrollarse como asesoras financieras de alto nivel, aportando talento y nuevas perspectivas a la industria.
Adentrarse en la asesoría financiera representa hoy una oportunidad para contribuir a la profesionalización del sector.
Al integrar a más mujeres con capacidad de análisis y enfoque estratégico, no solo enriquecemos la perspectiva del mercado, sino que aseguramos que la estructura de la asesoría financiera en México evolucione al mismo ritmo que las necesidades de sus inversionistas.
