
México es, per cápita, el país que más desperdicia alimentos en América Latina, de acuerdo con la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX). Cada año se pierden alrededor de 30 millones de toneladas de comida apta para consumo humano, un volumen que equivale a cerca de 40% de la producción nacional y que convive con una alta inseguridad alimentaria.
La alerta —basada en datos propios y de organismos internacionales— vuelve urgente acelerar políticas públicas, infraestructura de cadena fría y hábitos de consumo responsables.
BAMX señala que México es el país que más alimentos desperdicia per cápita en América Latina y cifra el problema en 30 millones de toneladas anuales de comida apta para consumo humano. Su red de 59 bancos recupera una fracción y la distribuye a 2.5 millones de personas, pero el volumen total perdido requiere medidas estructurales.
La organización subraya que el desperdicio se genera “en toda la cadena de suministro”, desde postcosecha y mercados hasta autoservicios, industria, hoteles y restaurantes; por ello, propone atacar simultáneamente logística, infraestructura de frío y formación de consumidores.
De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial citadas por BAMX, entre 37% y 40% de la producción de alimentos del país se pierde o desperdicia, con un costo económico mayor a 490 mil millones de pesos anuales. Ese desperdicio convive con millones de personas con hambre o inseguridad alimentaria, lo que agudiza el contraste social.
A nivel global, el Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 del PNUMA/UNEP calcula que el 19% de los alimentos disponibles para el consumidor termina desechado (hogares, restaurantes y comercio), lo que ofrece un contexto para dimensionar el rezago de México en la región.
La FAO destaca que la falta de pre-enfriamiento, refrigeración y transporte en frío eleva pérdidas en frutas, verduras y lácteos. Invertir en cadena fría a lo largo del país tendría impacto directo en la reducción de mermas.
En México, además del desperdicio en hogares, existe una porción significativa atribuible a los sectores industrial, comercial e institucional, lo que exige estándares y mejores prácticas desde origen.
Compras sin planeación, poca rotación (“primero en entrar, primero en salir”) y confusión con fechas de “consumo preferente” vs. “caducidad” propician que alimentos aún seguros se tiren. Profeco y campañas civiles recomiendan planificar menús, porcionar y aprovechar sobras.
Un análisis técnico documenta pérdidas relevantes en tortillas (2.8 Mt/año), pan (2.6 Mt/año) y leche (4.5 millones de litros/año), además de cárnicos. Estos rubros son masivos y, por tanto, “palancas” de reducción si se mejora manejo, almacenamiento y educación del consumidor.
El desperdicio de alimentos implica emisiones (8-10% de los GEI globales están vinculados a pérdidas y desperdicio), uso ineficiente de agua y suelo y mayores costos para el sistema alimentario. En México, BAMX recuerda que cada minuto podrían tirarse “camiones” de alimentos que, bien gestionados, atenderían a poblaciones vulnerables.
En paralelo, iniciativas privadas y sociales muestran avances: alianzas con fundaciones empresariales han ampliado bodegas refrigeradas y flotas para rescate de alimentos, aunque el cuello de botella logístico sigue siendo central.
