
Mientras millones de personas observan el glamour de la alfombra roja de los Oscar, hay otro momento más íntimo, casi secreto, que ocurre tras bambalinas: celebridades, aún con la emoción del evento, se detienen unos minutos frente a una cámara para ser retratadas en un ambiente controlado, lejos del ruido mediático.
Detrás de ese ritual está Mark Seliger, el fotógrafo que ha convertido sesiones de apenas tres minutos en algunos de los retratos más icónicos de Hollywood. Su trabajo no solo documenta a las estrellas, sino que captura la esencia de un instante irrepetible: el después de la ceremonia.
Mark Seliger es uno de los retratistas más influyentes de la cultura contemporánea. Su carrera despegó como fotógrafo principal de Rolling Stone, donde capturó a figuras como Kurt Cobain, Barack Obama y Leonardo DiCaprio en imágenes que se volvieron parte del imaginario colectivo.
Su estilo se caracteriza por una iluminación precisa, fondos sobrios y una narrativa visual que busca ir más allá del retrato convencional.
Cada año, durante la temporada de premios, Seliger instala un estudio temporal en una de las fiestas más exclusivas de Hollywood: la after party de Vanity Fair.
Ahí, las celebridades tienen apenas unos minutos —a veces menos de tres— para posar frente a su lente.
No hay largas sesiones ni múltiples cambios: todo ocurre con rapidez, intuición y una ejecución técnica impecable.
El resultado son retratos que contrastan con la saturación visual de la alfombra roja, ofreciendo una mirada más íntima y controlada.
La colaboración entre Seliger y Vanity Fair ha convertido estos retratos en una tradición anual.
La revista publica cada año una selección de estas imágenes, que incluyen a ganadores, nominados y celebridades invitadas. Este espacio se ha consolidado como uno de los puntos más codiciados del evento, donde la espontaneidad se mezcla con la estética editorial de alto nivel.
El reto principal de estas sesiones es el tiempo.
Seliger trabaja con esquemas de iluminación previamente configurados, lo que le permite concentrarse en la interacción con el sujeto. En cuestión de segundos, debe generar confianza, dirigir la pose y capturar una imagen que tenga profundidad narrativa.
Su experiencia le permite leer el estado emocional de cada celebridad —ya sea euforia, cansancio o nerviosismo— y traducirlo en una imagen poderosa.
A diferencia de las fotos de alfombra roja, estos retratos ocurren después del clímax del evento.
Esto significa que los sujetos llegan con una carga emocional distinta: algunos celebran, otros reflexionan, y muchos simplemente bajan la guardia.
Ese instante es lo que Seliger busca capturar: la humanidad detrás de la figura pública.
Su trabajo en los Oscar no solo documenta celebridades, sino que redefine la manera en que entendemos el retrato en la era contemporánea. En un evento dominado por el espectáculo, Seliger ofrece algo distinto: una mirada honesta, íntima y atemporal.




