
Durante décadas, muchas marcas construyeron su identidad a partir de personajes, nombres o símbolos que hoy resultan problemáticos. Lo que en su momento se percibía como marketing efectivo, hoy se revisa bajo una nueva lente: la de la representación y el respeto cultural. En los últimos años —especialmente tras movimientos sociales globales como Black Lives Matter— varias compañías han decidido cambiar nombres, logotipos y mascotas para dejar atrás estereotipos raciales. El resultado es una transformación silenciosa pero profunda en la forma en que las marcas cuentan su historia.
Estos casos reflejan algo más profundo que un simple rebranding.
Evidencian un cambio cultural donde los consumidores exigen coherencia entre valores y comunicación, obligando a las empresas a replantear su narrativa.
Uno de los casos más representativos es el de Aunt Jemima, una marca de productos para desayuno que durante más de un siglo utilizó la imagen de una mujer afroamericana basada en el estereotipo de la “mammy”, asociado a la esclavitud en Estados Unidos.
En 2021, la empresa decidió eliminar tanto el nombre como la imagen, adoptando el nuevo nombre Pearl Milling Company, en un intento por alinearse con valores contemporáneos de igualdad.
Otro caso relevante es Uncle Ben’s, que durante décadas utilizó la imagen de un hombre afroamericano vestido formalmente, evocando roles de servicio.
En 2020, la marca fue renombrada como Ben’s Original, eliminando la imagen y modificando su identidad para evitar asociaciones raciales problemáticas.
La marca Cream of Wheat también enfrentó críticas por su mascota histórica, “Rastus”, un chef afroamericano que representaba estereotipos de servidumbre.
Aunque la empresa había actualizado su imagen varias veces, finalmente decidió retirar al personaje en respuesta a la presión social y cultural.
Aunque menos explícita, la marca Mrs. Butterworth’s también fue señalada por posibles asociaciones con estereotipos raciales debido a la forma de su botella.
La empresa anunció una revisión de su imagen para evaluar si su branding perpetuaba narrativas problemáticas. Sin embargo, no hubo mayor cambio ya que en anuncios, la voz de la Mrs. Butterworth ha tratado de evocar a una mujer blanca de aspecto maternal, y ha sido interpretada por actrices de voz blancas. A pesar de esto, algunas protestas señalaban que el color marrón oscuro del jarabe dentro de la botella daba la impresión de que el personaje era negro.
A fecha de abril de 2026, la forma de la botella de Mrs. Butterworth no había cambiado.
Muchos de estos cambios ocurrieron en 2020, tras el asesinato de George Floyd y las protestas globales contra el racismo.
Las empresas comenzaron a revisar su portafolio de marcas, reconociendo que algunas identidades visuales estaban ligadas a contextos históricos de discriminación.
El problema no radica solo en la imagen, sino en su origen.
En muchos casos, estos personajes surgieron en contextos de segregación o entretenimiento racista, como los espectáculos de minstrel, lo que añade una carga histórica difícil de ignorar hoy.
Cambiar un nombre o un logotipo no es una decisión menor.
Implica rediseñar la identidad, mantener reconocimiento de marca y, al mismo tiempo, responder a una sociedad más consciente. Este equilibrio se ha convertido en uno de los mayores retos del branding contemporáneo.
Estos casos reflejan algo más profundo que un simple rebranding.
Evidencian un cambio cultural donde los consumidores exigen coherencia entre valores y comunicación, obligando a las empresas a replantear su narrativa.





