
Imagina que tú hiciste una obra, un diseño o una creación, y no te lo reconocen. Peor aún, dicen que tú no lo creaste. Te copian sin darte el crédito ni pago alguno. Seguro que sientes un gran enojo. Aquí te presentamos marcas acusadas de apropiación cultural en la moda.
Antes, pongámonos en el lugar de ese diseñador que ve su trabajo en escaparates y tiendas, y la gente admira, elogia, pero nunca pronuncian su nombre y ni siquiera recibe un “gracias”. Es como si le hubieran atravesado una punzada en el pecho. Cada creación lleva el sudor de su frente, la sabiduría de sus ancestros y el corazón de su pueblo.
El caso de Adidas, que presentó el modelo ‘Oaxaca Slip on’, solo es el más reciente de una larga cadena. El diseñador Willy Chavarría creó para la firma un calzado ‘inspirado’ en los huaraches tradicionales de la comunidad zapoteca de Villa Hidalgo Yalalag. El hacerlo sin autorización ni reconocimiento a los artesanos originales les valió una oledad de críticas dentro y fuera de las redes sociales. Y no es solo un caso aislado de apropiación cultural por parte de corporaciones gigantescas.
El uso de elementos culturales con fines comerciales sin consentimiento, constituye una violación a los derechos de los pueblos y comunidades indígenas. De hecho, es trasgredir la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas.
Aquí presentamos los casos de empresas que han convertido elementos culturales en productos de consumo masivo sin ofrecer ninguna compensación ni reconocimiento a los creadores originales:
Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2021 cuando la Secretaría de Cultura de México denunció a Zara por un vestido que replicaba un huipil tradicional creado por el pueblo mixteco de San Juan Colorado, Oaxaca. La elaboración de una de estas prendas puede tardar hasta un mes, un trabajo artesanal y ancestral que la empresa comercializó como un producto de moda pasajera.
Además, en 2018, Zara fue señalada por haber copiado los bordados de flores de la comunidad de Aguacatenango, Chiapas. Las artesanas de esta región invierten más de 50 horas en tejer una sola prenda, vendiéndola en un precio menor que la multinacional. Estos incidentes ilustran un patrón de despojo de la creatividad y el patrimonio cultural.
En 2022, la primera dama de México, Beatriz Gutiérrez Müller, y la Secretaría de Cultura denunciaron públicamente a Ralph Lauren por plagiar diseños de sarapes de las comunidades de Contla, Tlaxcala, y Saltillo, Coahuila.
La marca vendía un cárdigan con los mismos patrones y colores de los sarapes tradicionales. A diferencia de otras empresas que han reaccionado de forma más evasiva, Ralph Lauren emitió una disculpa pública y reconoció el error, afirmando que habían retirado el producto de la venta. Este caso es visto como un avance, ya que la marca aceptó su falta y se abrió al diálogo.
En 2017, la casa de lujo Dior lanzó una colección de abrigos de piel que se vendían por más de 30 mil dólares. La exorbitante cantidad de casi 600 mil pesos. Pronto se descubrió que los diseños eran casi idénticos a los de un abrigo tradicional llamado cojocel de la región de Bihor, Rumania.
La marca fue fuertemente criticada, ya que el diseño original es parte de la herencia cultural de una comunidad y el dinero de su venta no benefició en nada a los creadores rumanos.
En 2019, la casa de moda Carolina Herrera, bajo la dirección creativa de Wes Gordon, lanzó la colección “Resort 2020”, la cual incluía prendas con bordados que se asemejaban a los de la comunidad otomí de Tenango de Doria, Hidalgo. La Secretaría de Cultura de México denunció públicamente a la marca por “apropiación cultural indebida” al utilizar elementos de la cosmovisión y el trabajo artesanal de los pueblos originarios sin su consentimiento.
En 2022, la Secretaría de Cultura de México denunció a Shein por utilizar un diseño de la cultura maya en una de sus blusas. La indignación se centró en la “privatización” de un diseño comunitario de Yucatán sin ningún tipo de reconocimiento ni beneficio económico para sus creadores originales. Shein retiró el producto de su sitio web después de la denuncia.
En 2015, la diseñadora francesa Isabel Marant fue acusada de copiar los diseños tradicionales del pueblo mixe de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, para su colección. El huipil, una prenda ceremonial y de uso diario con un alto valor simbólico, fue replicado y vendido a precios muy elevados. Después de la polémica, la diseñadora afirmó que solo se había “inspirado”, lo que provocó una ola de indignación y abrió el debate sobre la delgada línea entre la inspiración y la apropiación cultural indebida.
La marca fue acusada de copiar los diseños de los pantalones cortos bordados “Marka”, que eran casi idénticos a los bordados tradicionales del pueblo mixe de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca. El gobierno mexicano señaló que los diseños simbólicos de montañas, agua y veredas fueron apropiados sin permiso ni retribución a la comunidad, que los considera una manifestación de su identidad.
La marca Patowl fue señalada por comercializar camisetas que eran una “copia fiel” de la indumentaria del pueblo zapoteco de San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca. Estos diseños, que se elaboran a mano con la técnica conocida como “Hazme si puedes”, fueron replicados de manera industrial, despojándolos de su valor artesanal y cultural.
Temu ha sido demandada por Shein por copiar diseños y violar derechos de autor. Sin embargo, no hay denuncias públicas contra Temu por apropiación cultural en la moda como ha ocurrido con las otras marcas. Sin embargo, su modelo de negocio ultrarrápido y de bajo costo la hace susceptible a este tipo de prácticas.
Todos estos casos demuestran que la apropiación cultural en la moda no es un problema aislado, sino un patrón sistémico que afecta a los creadores de los pueblos y comunidades indígenas. Por lo que las denuncias están impulsando a comunidades, gobiernos y consumidores a tomar medidas para proteger el patrimonio cultural.
Una de las mejores medidas es la co-creación y el comercio justo. Cada vez más diseñadores y marcas optan por trabajar directamente con las comunidades. Esto implica una colaboración equitativa donde las comunidades participan en el proceso creativo, reciben una compensación justa y se les da el crédito y la visibilidad que merecen.
Otra excelente medida es el diálogo y educación, fomentando foros y encuentros donde se discute el tema entre diseñadores, artesanos, académicos y autoridades. El objetivo es educar a los creadores sobre la importancia de respetar las culturas y a los consumidores sobre lo que compran, promoviendo un consumo más consciente y responsable.
Descubre más:









