
Juan Fusoni y Diego Antista vendieron GetGloby después de que Google descartara la idea que le dio origen. Ahora vuelven a emprender con LIVO y apuestan por convertir las transmisiones en vivo en un nuevo canal de venta para América Latina.
La próxima tienda insignia de una marca podría no tener puerta, escaparates ni probadores.
Podría durar una hora, caber dentro de un teléfono y tener a una persona frente a la cámara respondiendo en tiempo real preguntas tan sencillas como: “¿lo tienes en lila?”, “¿cómo talla?” o “¿puedes mostrarme cómo queda?”.
Eso es, en términos muy sencillos, live shopping.
Y mientras muchas grandes compañías todavía intentan entender cómo incorporarlo a sus estrategias de comercio electrónico, Juan Fusoni y Diego Antista aseguran que los pequeños vendedores ya hicieron lo que suelen hacer mejor: probar.
“Los emprendedores son los que se avivaron”, dice Antista en entrevista con Emprendedor.com. Los primeros en América Latina, explica, fueron comerciantes y mayoristas acostumbrados a vender desde ferias populares que descubrieron que un celular podía extender su puesto mucho más allá de las personas que caminaban frente a él.
México ofrece un terreno particularmente interesante. TikTok Shop llegó al país en febrero de 2025 como su primera operación latinoamericana y permitió integrar videos comprables, catálogos, programas de afiliados y transmisiones en vivo con compra dentro de la propia plataforma.
Un año y medio después, el experimento ya dejó de ser precisamente eso.
El comercio electrónico resolvió una cantidad enorme de fricciones: podemos comparar productos, pagar y recibirlos sin salir de casa.
También eliminó algo: al vendedor.
Una fotografía puede mostrar un vestido. Difícilmente puede responder cómo cae la tela, si transparenta, qué talla está usando la modelo o con qué zapatos combinarlo.
“Hay muchos productos que se pueden explicar muchísimo más a través de un vivo, con una persona mostrando el producto en tiempo real, que simplemente a través de una foto”, sostiene Fusoni.
Live shopping intenta juntar esas dos experiencias: el alcance digital y la interacción de una tienda física.
TikTok describe precisamente el formato como una experiencia donde vendedores y creadores muestran productos, responden preguntas y permiten comprar durante la transmisión. En México, la plataforma reportó que su volumen bruto promedio de ventas diarias creció 34 veces entre febrero y septiembre de 2025; el número de vendedores y creadores activos con ventas aumentó 23 veces. Son cifras de la propia compañía, pero muestran la velocidad con la que está intentando desarrollar el canal.
Hay una escena que se repite cada vez que aparece una plataforma nueva: las grandes empresas estudian; las pequeñas prueban.
No necesariamente porque sean más innovadoras, sino porque tienen menos niveles de aprobación y, muchas veces, más necesidad.
Un vendedor con un local pequeño puede ampliar su mercado sin abrir una segunda sucursal. Una emprendedora de belleza puede demostrar en vivo cómo utiliza su producto. Un negocio de ropa puede responder dudas sobre tallas antes de provocar una devolución.
La oportunidad tampoco depende exclusivamente del número de seguidores.
“Si el producto está bueno, la propuesta de valor es buena y le están hablando adecuadamente a ese público”, explica Fusoni, el algoritmo puede llevar la transmisión hacia personas interesadas aunque no conozcan previamente a la empresa.
Los números mexicanos empiezan a mostrar ese potencial. Durante Buen Fin 2025, TikTok Shop reportó casi 3,500 transmisiones de vendedores y un crecimiento de 3.2 veces en el GMV generado mediante sesiones en vivo frente al periodo previo a la campaña.
Eso no significa que cualquier negocio que abra TikTok mañana comenzará a vender.
Ahí aparece el siguiente problema.
Una transmisión con sonido malo, iluminación deficiente y un presentador que no conoce el producto puede perder al usuario antes de que aparezca la primera oferta.
“El error más común es creerse que es fácil. Creerse que es solamente prender la cámara y ya está”, dice Antista.
El live es el momento visible de una operación que comenzó mucho antes.
Hay que definir productos, cargar catálogo, generar expectativa, convocar creadores, preparar al anfitrión, escribir una escaleta, diseñar ofertas, producir la transmisión y gestionar preguntas.
Después viene el seguimiento.
Ese es el espacio que Fusoni y Antista quieren ocupar con LIVO Streaming. La compañía ofrece estrategia, producción, selección de hosts, transmisión y amplificación; su sitio presenta un proceso dividido entre prelanzamiento, ejecución, análisis y optimización.
En septiembre de 2026, la empresa afirma producir transmisiones recurrentes para marcas como Rimmel, Bermies, Hair Recovery y The Fine Company.
Para los fundadores, el objetivo es que el live deje de entenderse como “una activación bonita” y se convierta en un canal regular.
La historia de LIVO tiene un antecedente que explica parte de la apuesta.
Fusoni y Antista coincidieron en Google. Allí llevaron a una incubadora interna una idea para resolver un problema que encontraban en las campañas globales: traducir palabras no necesariamente significaba adaptar publicidad a otra cultura.
El proyecto llegó lejos en el proceso interno, pero Google decidió no desarrollarlo por prioridades estratégicas. Ellos sí.
La idea evolucionó hasta convertirse en GetGloby, una plataforma de inteligencia artificial para crear, transcrear y adaptar contenidos de marketing a distintos idiomas y mercados.
MotionPoint adquirió la empresa en abril de 2025 para incorporarla a su plataforma de marketing multilingüe.
Venderla no los llevó al retiro; los llevó a otra startup.
“Emprender es definitivamente lo que más me gustó”, dice Antista. Fusoni asegura que completar ese ciclo cambió su visión sobre aquello que realmente determina el éxito de una empresa.
“No es tanto que uno tiene éxito por un golpe de suerte o porque tuvo una idea maravillosa, sino más bien es el trabajo de todos los días a lo largo del tiempo”.
Existe otra razón por la que el live shopping interesa a pequeños negocios: ofrece herramientas para competir en algo diferente al descuento.
“Si van por precio, el camino es muy corto”, advierte Antista.
Un marketplace puede colocar cientos de productos prácticamente iguales frente al consumidor. El ganador por precio suele ser quien tiene mayor volumen, mejores costos y más capacidad para soportar márgenes pequeños.
En una transmisión aparecen otros factores: quién explica, qué tan bien conoce el producto, qué dudas responde y cuánta confianza genera.
El creador puede convertirse en una nueva versión del vendedor experto.
Eso también representa un riesgo. La confianza se pierde tan rápido como se construye. Las marcas tendrán que decidir qué pueden afirmar sus hosts, cómo transparentan relaciones comerciales, qué pasa con las devoluciones y cómo responden cuando una persona hace una pregunta incómoda en vivo.
No hay botón para editar eso después.
El live shopping no parece destinado a matar a la tienda física ni al marketplace, perro puede hacer algo más interesante: colocar otra tienda al lado. Una que abre durante una transmisión, escucha preguntas, utiliza creadores como vendedores y convierte la compra en contenido.
Las grandes marcas tienen presupuesto para entrar cuando el modelo esté probado. Las pequeñas tienen otra ventaja: pueden llegar antes.

