
La inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una idea lejana para convertirse en una herramienta tangible que está transformando industrias, dinámicas laborales y procesos en nuestra vida diaria. Sin embargo, una de las habilidades más subestimadas, y al mismo tiempo más determinantes, es la capacidad de formular buenos prompts. Es clave prestar atención a ese aspecto, ya que no solo mejora la precisión de los resultados, sino que también contribuye significativamente a un uso más seguro de estas tecnologías.
Los prompts, esas instrucciones que damos a los modelos de lenguaje para que generen respuestas, pueden parecer simples a primera vista. Pero detrás de cada solicitud hay un diseño conversacional que, bien estructurado, puede guiar a la GenAI para ofrecernos resultados claros y alineados con nuestros objetivos. Mal diseñados, en cambio, pueden producir ambigüedad, imprecisión o incluso contenido no deseado.
Por ejemplo, si pronto harás un viaje y tu prompt es “Planea un viaje divertido”, recibirás ideas generales, sin considerar un lugar, tiempo o presupuesto. En cambio, si en tu prompt das información más detallada y precisa, como la duración que tendrá tu viaje, qué lugares visitarás, algunas de sus características como el clima, el dinero que tienes presupuestado y el tipo de actividades que te gustaría hacer, podrás recibir como respuesta un itinerario específico que te sugiera planes, destinos accesibles usando distintos medios de transporte y opciones de hospedaje dentro de tu rango de precio.
Estas solicitudes requiere contexto y una clara comprensión de los límites y capacidades del modelo. En otras palabras, no se trata solo de pedir, sino de saber cómo pedir para obtener respuestas útiles y precisas.
Para esto, algunos consejos que sugiero son:
Precisamente, la seguridad no es un factor secundario en esta ecuación. Cuando un modelo de lenguaje no recibe indicaciones adecuadas, puede generar respuestas que refuercen sesgos, divulguen información sensible o simplemente den lugar a interpretaciones erróneas. Al diseñar prompts más conscientes, que anticipen riesgos, limiten ambigüedades e incorporen validaciones, también estamos creando barreras contra usos indebidos.
En el caso de los entornos empresariales, donde la IA se usa para automatizar procesos, crear contenido, asistir a clientes o analizar datos, esto es especialmente crítico. Por eso, es fundamental formar a los equipos en prompt engineering, como parte del nuevo set de habilidades digitales que toda organización debe desarrollar.
Desde mi perspectiva, quienes lideramos la transformación digital no solo debemos impulsar el aprovechamiento de estas herramientas, sino también promover un uso más consciente de ellas. En ese sentido, seguir fomentando la habilidad de diseñar prompts con intención, responsabilidad y precisión es uno de los caminos más efectivos para lograr un uso de la GenAI verdaderamente estratégico y confiable para todos.

